¿Por qué hace tanto frío en las casas en Málaga?

¿Por qué hace tanto frío en las casas en Málaga?
Sur

La humedad y la menor exigencia del requisito de aislamiento en viviendas están detrás de esta sensación

Ana Pérez-Bryan
ANA PÉREZ-BRYAN

Existen pocos temas de conversación que se presten tanto al tópico como el tiempo, y el calor y el frío, en todas sus manifestaciones. Quizás por eso sea éste uno de los asuntos estrella en los breves intercambios de palabras entre vecinos y (des)conocidos que comparten viaje en ascensor. Sin embargo, y más allá de estos territorios comunes que a veces quedan más en el plano de la cortesía que en el de la realidad, la llegada de las bajas temperaturas a Málaga deja una certeza en la que casi todos los que viven en la capital o en la zona costera coinciden en estos días: aquí, en las casas, hace mucho frío. La pregunta que se plantea entonces es la siguiente: ¿cómo es posible que una ciudad con un clima tan benigno como el de esta parte de la costa cuente sin embargo con un parque de viviendas donde –casi sin excepción– las bajas temperaturas desploman esa imprescindible sensación de confort de hogar?

Trucos para calentar la casa sin poner la calefacción

Encender la calefacción o el radiador representa el 46% del consumo de energético de los hogares en los meses de invierno, por eso es importante tener claros una serie de consejos para mantener la temperatura de la casa sin necesidad de que dispare mucho el gasto.

A la hora de ventilar la vivienda, intente comenzar por las habitaciones que tengan más sol. Además el tiempo medio en el que una casa media se ventila es de 15 o 20 minutos: tenerla más de la cuenta abierta hace que se pierda calor. Por otra parte, es importante que no se dificulte la entrada de sol a través de la ventana (ni persianas ni cortinas) a primera hora de la mañana; por el contrario, cuando el sol de ponga es conveniente todo lo contrario. Ojo, además, con las plantas o árboles cercanos a sus ventanas, porque la vegetación tiende a captar el calor para hacer la fotosíntesis.

Otro remedio casero y barato para evitar la fuga de energía cálida de la casa consiste en sellar las posibles fisuras de puertas y ventanas con cinta adhesiva aislante. No olvide tampoco utilizar alfombras, que ayudan a conservar el calor; y recuerde que a la hora de escoger el suelo la opción más eficaz contra el frío es el parqué (o la moqueta) frente al mármol o terrazo.

La respuesta existe y se justifica en varios frentes, más allá de la obviedad de que en invierno hace frío y que Málaga no escapa al rigor de los meses más gélidos del año, y que en el caso de la provincia suelen coincidir con los meses de diciembre y enero (entre 12 y 13 grados de media). Además, la sensación térmica que lleva a sentir más frío del que en realidad hace tiene mucho que ver con la humedad relativa, que es más elevada en la costa que en el interior y que hace que esa impresión de ‘calar en los huesos’ sea más acusada en los municipios del litoral.

La llegada del invierno y de las bajas temperaturas ponen en evidencia estas carencias, sobre todo en las poblaciones del litoral de la provincia

La segunda explicación la aporta el presidente del Colegio de Arquitectos de Málaga, Francisco Sarabia, quien de partida confirma «como usuario pero también como profesional» que las casas de una parte importante de la provincia no están lo suficientemente preparadas cuando los termómetros marcan bajas temperaturas. «Las condiciones de aislamiento de las edificaciones que se levantan en zonas con un clima cálido son mucho menos exigentes que las de otras que sí sufren con más rigor los efectos del invierno», sostiene Sarabia, quien se refiere en este sentido al Código Técnico de la Edificación para explicar por qué una casa en Burgos no se construye de la misma manera que, por ejemplo, en Málaga.

Radiadores de aceite, una opción muy común
Radiadores de aceite, una opción muy común / Sur

La legislación que pone sobre la mesa el presidente de los arquitectos malagueños fue modificada en el año 2006, de modo que en la actualidad «las condiciones mínimas de aislamiento de un edificio se rigen por zonas climáticas, y sin embargo antes de ese cambio las normas eran genéricas para toda España». Es decir, que no es extraño que las viviendas construidas hace algo más de una década no cuenten con las condiciones obligatorias que hoy sí se exigen: «En la actualidad sí estamos obligados a incorporar aislamientos en las fachadas de las viviendas que se construyen en Málaga, siempre teniendo en cuenta el clima de aquí», especifica Sarabia. O lo que es lo mismo: la norma que manejan los profesionales a la hora de diseñar una casa tiene que ajustarse a los máximos de consumo –tanto en verano como en invierno– para que no sea necesario mucho gasto de energía en la obtención de esa temperatura de confort.

‘Casas frescas’

También así se explica, por ejemplo, que en la Costa del Sol el peso de los requisitos no caigan del lado del frío, sino del calor, es decir, que las edificaciones en el sur de España están obligadas a tener más en cuenta los criterios de ‘casas frescas’ en verano frente a los de ‘casas cálidas’ en invierno. Y así también que en las viviendas de la Costa del Sol no se utilice la calefacción central al igual que ocurre en otras zonas de España e incluso de Andalucía (caso de Granada o Jaén) «porque no se optimizaría el uso de una instalación tan compleja y costosa como ésa». En cambio, y siguiendo ese criterio de edificabilidad en función de la zona geográfica, las viviendas en Málaga sí cuentan con otros requisitos que el propio Sarabia pone sobre la mesa: «Aquí, los aislamientos son buenos para que no se pierda la energía ni de frío ni de calor, y los diseños tienden a abrir ventanas a orientación sur para que entre el sol en invierno y además se suelen incorporar voladizos para proteger del calor en verano. La orientación norte suele tener poco ventanal porque por ahí se pierde mucha energía».

En este escenario, y una vez descartada la calefacción central por su elevado coste y escasa rentabilidad en un clima como de la costa, las opciones que quedan a los malagueños y residentes están en el mercado de las bombas de aire frío-calor, una opción que se impone de manera mayoritaria en los hogares malagueños y que consiste en una máquina basada en un ciclo de generación reversible con dos partes fundamentales: el foco caliente y el foco frío. Ese recurso, sumado al de los aparatos eléctricos como las estufas, braseros o radiadores de aceite, representan la herramienta más utilizada a la hora de combatir las bajas temperaturas en las viviendas.

La opción del gas

Además, el mercado de la calefacción en España cuenta desde hace años (sobre todo desde la liberalización del mercado en 2008) con la posibilidad de incorporar a la vivienda el calor a través del gas, considerado como la fuente de energía más limpia, menos contaminante y más confortable: para su instalación es necesaria una caldera de gas conectada a un sistema de tubos por los que circula el agua caliente y que posteriormente irradia el calor a través de los radiadores.

Esta última opción, sin embargo, está sujeta a que la red de distribución de gas natural llegue a la zona que habitamos, un recurso que hoy por hoy sigue sin ser mayoritario. En el caso de la provincia de Málaga, y según los datos aportados por Gas Natural Andalucía, filial distribuidora de Gas Natural Fenosa, la red de distribución llega a 14 municipios –la mayor penetración está en la capital, Marbella y Rincón de la Victoria– y cubre 1.270 kilómetros, dando servicio a más de 280.000 malagueños. Con respecto a la demanda de este recurso para calentar el hogar, las mismas fuentes de la compañía confirman «un incremento del 20% con respecto al mismo periodo del año pasado en petición de instalaciones para calefacción de uso doméstico».

Sea como fuere, la sensación de frío en las casas de Málaga no es una queja exclusiva de los malagueños; también –y especialmente– de los residentes extranjeros o de otros lugares de España que son más fríos pero que están mejor adaptados a nivel doméstico. Es el caso de Svetlana Bagdasarova, una ciudadana rusa que se instaló hace seis años en Estepona con sus cuatro hijos huyendo del gélido Moscú y que paradójicamente encontró en la Costa del Sol un frío de hogar en invierno que no esperaba: «La casa en estos meses está helada; el problema es que es muy grande y calentarla me cuesta más de 1.000 euros al mes. ¡Es una barbaridad!», lamenta.

En una situación similar se vio Inés Vidal cuando se instaló en Málaga hace más de veinte años. Natural de León –una provincia tradicionalmente fría– y acostumbrada al confort de la calefacción en el hogar, recuerda como si fuera ayer una de las sensaciones que más le llamaron la atención al llegar por primera vez a la que hoy es su casa: «Hacía más frío dentro que fuera de la casa. Me compré un calefactor y cuando me trasladaba de habitación se me empañaban hasta los cristales de las gafas por el cambio de temperatura».

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