Un escolta para tres alcaldes

Miliki, entre De la Torre y el escolta Antonio Cea.
Miliki, entre De la Torre y el escolta Antonio Cea. / Salvador Salas
La Casona del Parque

A Aparicio le hacía contravigilancia, Villalobos fue su primera ‘jefa’ y con De la Torre se quitó la corbata en verano. Es el escolta Miliki, que se jubila de policía local

Pilar R. Quirós
PILAR R. QUIRÓSMálaga

La primera vez que le vi subiendo las escaleras de dos en dos como el alcalde Francisco de la Torre (todo se pega) y descubrí que era su escolta, pensé que con esa cara de guasón podría haber encajado a la perfección en ‘Los hombres de Paco’, la serie española de policías nacionales. Además, su jefe se llamaba igual, así que era blanco y en botella. Siempre dio el perfil. Últimamente estila barba y bigote canos y camisas de lino veraniegas, pero su sonrisa sigue siendo la misma. Su forma de contar las cosas, también. Es el rey de las anécdotas. Muchas protagonizadas por él en primera persona, porque José Antonio Martín es de esas personas que antes de que llegue a encontrarse con su interlocutor ya se barrunta que tiene una historieta cachonda que contar. Los que leen estas líneas y le frecuentan saben que por José Antonio no le conoce ni Blas. Su verdadero nombre de ‘guerrilla’ es Miliki porque saludaba como Emilio Aragón, agitando la mano al aire. De hecho, una vez fue su madre a preguntar por él a la Casona y nadie le daba santo y seña. Extrañada, lo reintentó con un «bueno, Miliki». «Pues hubiera usted empezado por ahí señora», le espetó jocoso el policía local.

Con 11 años menos que su jefe, el alcalde, Miliki se jubila. 63 frente a 74. Lo cierto es que en la foto no parece que entre ambos diste una década.

Esta jornada es su última como escolta de la primera autoridad de la ciudad, así que como suele hacer cuando el primer edil está en su despacho, Miliki charla con sus compañeros en el retén de la Policía Local de la entrada. Como saben que se va, hace gente. Corría el año 81 cuando este agente decidió que lo suyo era patrullar la ciudad y empezó en el cuerpo de motoristas. «Tú imagínatelo, yo en mi Ducatti, pa’arriba, pa’abajo». Años aquellos,la mejor década de la música pop. Los que le escuchan se sonríen, si su apodo es Miliki, su apellido podría ser ‘Pa’arriba, pa’abajo’, el mismo que usa con desparpajo cual hiperactivo en todas sus conversaciones, como apunta una de sus compañeras.

Estuvo nueve años, desde el 89 al 98, en la Brigada K de paisano, tiempo en el que le hacía la contravigilancia al otrora alcalde fallecido Pedro Aparicio en los grandes eventos. Y llegó el día en que los dos escoltas de Aparicio, Juanma y Corpas, amargados con el terral del verano, decidieron preguntarle al socialista si podían ir en mangas cortas. Aparicio, muy sobrio en el vestir, les contestaba:«¿Yo cómo voy?». También eran otros tiempos.

Celia Villalobos fue su primera jefa titular a tiempo completo. En esos años ya consiguieron que la alcaldesa les dejara desmangarse en el estío. Pero mantuvieron la corbata. «Ustedes os ponéis como más cómodos vayáis». Y con De la Torre se la quitaron. Del jefe, como él le llama, destaca sus ya conocidas y agotadoras jornadas que acaban con el más pintado. De ahí que los turnos se hicieran de trabajo disponible 24 horas. Una semana entera de servicio, otra fuera. Pero él (De la Torre) sigue una tras otra, es imbatible, dice entre carcajadas. «Sé que me van a llamar pelota, pero me da igual; ojalá todas las empresas tuvieran jefes tan buenos como el alcalde». Ahora, en vez de seguir al regidor irá detrás de una pelotita blanca. Lo suyo, más allá de la vigilancia, siempre fue el golf. Se prejubila motu proprio y se despide gozoso: «Ya lo sabéis, lo mío no es el aburrimiento».

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