Una entrega plena, sin ataduras

El evangelio de hoy es de san Mateo. Un evangelio que comienza con unas palabras que podemos entender como duras. Sin embargo, Jesucristo lo que nos quiere decir con esto es que renunciemos a las cosas terrenales porque, qué mejor ejemplo de apego a este mundo que los lazos afectivos y familiares, ejemplo que utiliza el evangelista para que entendamos dicha renuncia. Pero este no es su objetivo, pues nos pide una entrega plena sin ataduras de ningún tipo, donde perdamos hasta la propia vida, una entrega que nos hace renunciar a este mundo que nos tiene tan atados y tan sometidos. Y esta renuncia no es algo abstracto y que se dé solo en nuestro interior, sino una renuncia externa, que se pueda reflejar en nuestra forma de vida, siendo capaces de priorizar y de discernir qué es más importante para nosotros.

Todo cristiano tiene una cruz, un sufrimiento que lo acerca a Dios y a Jesucristo. Ese sufrimiento tan grande, que muchas veces no entendemos por qué aparece en nuestra vida, es el que nos pide Jesucristo que cojamos para poder seguirle. Sin esta cruz no seríamos capaces de mirar a Jesucristo, ni de seguirlo, ni tan siquiera de acordarnos que existe. Finalmente, habla del significado de recibirlo a Él, de recibir a todo aquel que venga en su nombre, esto es, la recompensa de la vida eterna. Idea sobre la que gira todo el Evangelio, este regalo tan grande que quiere hacer Jesucristo a todo hombre.

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