«Me encontré de bruces con Cristo en el pobre»

Cristina Sánchez está destinada en el Colegio San Vicente de Paúl de Jaén. :: sur

Cristina Sánchez Lamarca Hija de la Caridad «Mi experiencia en una comunidad de Marruecos me marcó enormemente, después de eso cuesta seguir la vida cotidiana», recuerda la joven en el 400.º aniversario del Carisma Vicenciano

ENCARNI LLAMAS FORTES MÁLAGA

El Obispo de Málaga, Jesús Catalá, presidió ayer en la Catedral la Eucaristía por los cuatrocientos años del nacimiento del Carisma Vicenciano. La Familia Vicenciana está presente en la Diócesis de Málaga en diversas comunidades de Hijas de la Caridad y Padres Paúles, y en grupos de la Asociación Internacional de Caridad (Voluntarias de la Caridad), Asociación Medalla Milagrosa y Juventudes Marianas Vicencianas (JMV). Cristina Sánchez Lamarca es una joven de 27 años, natural de Málaga, del barrio del Perchel. Estudió en el Colegio San Manuel, de las Hijas de la Caridad. Hace cuatro años comenzó el Postulantado y, desde hace tres es Hija de la Caridad, destinada al Colegio San Vicente de Paúl de Jaén.

-¿Cómo surgió su vocación?

-Yo creo que aunque no soy muy consciente, ciertamente todo comenzó en la familia y en el colegio. En mi casa siempre he tenido el gran ejemplo de mi yaya, de saber llevar su cruz junto a la Cruz de Cristo y con una gran alegría. Y ese siempre ha sido un gran testimonio de Fe y de confianza total en Dios para mí. Aunque el momento en el que se me cayeron todos los esquemas fue en la Semana Santa de 2008, donde tuve una experiencia misionera con la Parroquia del Carmen de Málaga. En dicha experiencia me impactó la Comunidad de Ben Karrich (Marruecos) de las Hijas de la Caridad, de la alegría y el cariño que allí se percibía.

-Una experiencia que marcase su vida...

-Más tarde, en octubre de ese mismo año durante unos ejercicios espirituales, viví una experiencia muy significativa en mi vida, donde tuve la certeza del gran amor que Dios me tenía, y cómo ese gran regalo no podía guardármelo solo para mí. Fue a partir de este momento cuando comencé a prestar diversos servicios como compartir unos días del verano con niños de centros de menores, ir a una residencia de ancianos, dar catequesis... Aunque al mismo tiempo era imprescindible para mí contrastar todo lo que iba viviendo y sintiendo con una hermana que me acompañaba. Es precioso tener a alguien a quien poder abrirte por completo y con quien compartir este precioso camino. Yo tuve la suerte de encontrar a esta persona, y cada día doy gracias a Dios por haberla puesto en mi camino.

-Marruecos supuso un antes y un después en su vida.

-Sin duda alguna, una experiencia que me marcó enormemente fue en el verano de 2011, en el cual presté servicio en una Comunidad de Hijas de la Caridad en Temara, Marruecos. El poder compartir la oración, la mesa, el servicio, las alegrías y también los sufrimientos de los pobres... Allí, un día en el que me dio un pequeño 'bajón' fui con una hermana de visitas a un barrio de chabolas, y fue allí donde me encontré de bruces con Cristo en el pobre, es difícil poner palabras a ese momento, pero cuando lo vives, sabes perfectamente que ha sido así. Después de esta experiencia cuesta volver a la Universidad y seguir la vida cotidiana, pero desde ese momento deseaba encontrarme con Él en cualquier rostro.

-¿Ha sentido miedo?

-Cuando llega el momento de dar el paso, de reconocerlo, aparece el miedo, sin embargo lo que sientes al final vence después de haberlo llevado durante años a la oración, a veces sin apenas ser consciente, y es entonces cuando me atreví a dar el paso, a decir: «Quiero ser Hija de la Caridad, quiero servir a Dios en el pobre», y en esa tarea sigo, intentando decirle a Dios cada mañana: «Aquí estoy».

-¿Qué significa para usted celebrar el 400 aniversario del Carisma Vicenciano?

-Para mí es una gran alegría, es sin duda alguna un tiempo de dar gracias por tantas personas que durante tantas y tantas generaciones han cultivado este don para que así pueda llegar hoy a nosotros. Y sin duda, es un gran estímulo para continuar esa llama que se encendió en el corazón de San Vicente de Paúl. Y poder así poner lo que está en mi mano para hacer que siga viva hoy, y que continuemos tiendo como centro de nuestras vidas a Cristo, haciéndolo vida en nuestro servicio al Pobre. Además, tendré la suerte de participar junto a miles de Vicencianos más de las distintas ramas de nuestro Carisma de todo el mundo, en un Simposio con Su Santidad, ¡qué mejor manera para dar gracias y pedir que sigamos sirviendo a «nuestros amos y maestros»! Como San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac nos enseñaron hace 400 años.

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