«Las empresas son más racionales que las personas, por eso compran coches eléctricos»

Arturo Pérez de Lucía. /Salvador Salas
Arturo Pérez de Lucía. / Salvador Salas
Ideas y Razones

Arturo Pérez de Lucía Lidera la asociación que fomenta ese coche del futuro -autónomo y conectado, además de eléctrico-, que cambiará nuestra relación con esta máquina

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Es un habitual en los foros relacionados con la movilidad. Se califica de «evangelizador» de las bondades del vehículo eléctrico y de las nuevas fórmulas de transporte donde el coche privado cederá espacio a otros esquemas para moverse.

-Hasta que se desarrolló el motor de explosión y el petróleo a gran escala la industria del automóvil miró al coche eléctrico...

-El primer coche, en efecto, fue el coche eléctrico pero el motor de explosión y la explotación industrial del petróleo lo cambió todo. Hoy el coche eléctrico es movilidad sostenible y eficiencia energética relacionada con almacenamiento de energía. Es un camino que no se puede desandar.

«En el futuro, lo que venderán los concesionarios serán servicios de movilidad»

-¿Es usted la cara visible del 'lobby' del vehículo eléctrico?

-La Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso del Vehículo Eléctrico, AEDIVE, no es un 'lobby' porque yo no defiende los intereses de un único núcleo empresarial o a fabricantes de un determinado producto. En nuestra asociación participan diversos ámbitos. Agrupamos una cadena de valor y nos gusta presentarnos como una asociación integradora que trabaja por el impulso de la movilidad eléctrica, no en favor de un grupo concreto empresarial, sino de un concepto.

-¿Le ha sorprendido el anuncio de Volvo de dejar de hacer coches sólo con motores térmicos en 2019?

-Es el fruto de una reflexión que hará todo el sector en mayor o menor medida. Vamos a un mundo electrificado y la industria y la administración tienen que dar esos pasos.

-Supongo que no le satisfarán las cifras de ventas de vehículos eléctricos en España...

-Podrían ser mucho mayores. Ahora tendremos un parque de eléctricos de 23.000 unidades. En 2016, excluidas las bicicletas y contando todo tipo de eléctricos e híbridos enchufables -coches, motos, furgonetas, autobuses- la cifra de ventas nos daría menos de seis mil. ¿Qué pasa? El problema es que el objetivo del Plan VEA -Vehículos Alternativos- del Gobierno prevé 150.000 vehículos, para 2020 y eso significa que tendríamos que estar matriculando anualmente ya unos 35.000. Realmente con el plan Movea y con las cantidades que maneja es muy difícil llegar a esos objetivos. El Movea es un plan poco ambicioso en lo económico y muy complejo en su tramitación. Este año, además se ha aprobado muy tarde, de forma que quien no hubiera reservado coche en el concesionario se quedará fuera. Si se hubiera aprobado a principios de año... De todas formas será el último Movea. En otoño empezará un plan del Gobierno de 50 millones para impulsar la movilidad eléctrica, y ese empieza a ser un camino en positivo con ayudas coherentes y ambicioso en lo económico. En términos cualitativos hay un cambio importante en España. Crecemos el doble que el año anterior, aunque sea con cifras absolutas modestas y en el primer semestre hemos crecido un 30 por ciento, sin ayudas. Eso da idea de cómo se está interpretando el interés por la movilidad eléctrica. No todos los países van a la misma velocidad, porque va ligado a las políticas locales.

-¿Cambiaría mucho que en la alta política se usaran coches oficiales eléctricos?

-Sin duda, pero sobre todo que en las compras de vehículos oficiales se optara por ellos. Hay que dar ejemplo. Se va trabajando en comunidades autónomas y en ayuntamientos. La falta de información es el principal problema hacia la movilidad eléctrica. Tecnológicamente se está avanzando mucho, y llegará un momento no lejano en que los precios no serán el problema ni tampoco a necesidad de subvención.

«El gran valor de Tesla es que ha hecho que la industria espabile y acelere su transformación»

-¿La compra de coche sigue siendo en gran parte irracional?

-El ciudadano siempre hará una compra irracional del coche. No comprará el que necesita, sino el que le guste. Usted verá todoterrenos para llevar a los niños al colegio, pero las empresas son más racionales en la compra y por eso se implementa el coche eléctrico en las flotas. Los números salen porque hay vehículos con 300 kilómetros de autonomía. Con una infraestructura mínima de recarga no tienes ningún problema. No conozco, salvo profesionales como los del taxi, nadie que haga en ciudad más de 250 kilómetros al día.

-¿Qué valor le concede a Tesla en el cambio que se avecina?

-Tesla no deja de ser un nuevo modelo de negocio, pero su gran valor es que está ayudando a que la industria se ponga las pilas, nunca mejor dicho, y acelere su transformación hacia el vehículo eléctrico. Hay que darle la importancia que tiene. Cuando salga el Model 3, el próximo año, ya habrá modelos de otros fabricantes porque no aporta una innovación que rompa barreras. Yo definiría a su fundador, Elon Musk, más como un empresario con visión de futuro que busca una revolución en el mercado del vehículo eléctrico. No es un fabricante tradicional, pero ha hecho cambiar al resto de fabricantes. Verdaderamente Tesla suena muchísimo porque no trabaja sólo en vehículos, también busca la eficiencia energética, que son dos parámetros muy necesarios que van a definir el escenario del futuro tanto en la movilidad como en la gestión de la demanda de la energía. Es un gurú que evidentemente ha sabido posicionarse.

-¿Lo conoce?

-No. En cada país tiene un grupo de personas que trabajan para sus proyectos. Es muy difícil conocerlo en persona, pero impregna esa filosofía muy americana de trabajar. Eso es importante, porque muchas empresas se fijan en cómo lo hace: desarrollo de una infraestructura para dar servicio a sus clientes, almacenamiento de energía, además de construir vehículos.

-¿Piensa que España juega bien la carta cara a su fábrica europea?

-No sólo es Tesla. De aquí a 2020 habrá habrá 70 modelos de coches eléctricos que tendrán que fabricarse en algún sitio. Es un reto tecnológico e industrial importantísimo. Hay mucho en juego en competitividad y empleo. Creo que España tiene una gran capacidad para convertir su gran potencia fabril en automoción y enfocarla hacia los nuevos productos. Es una oportunidad para seguir siendo también un país líder en fabricación de vehículos, de bienes de equipo vinculados a al recarga y promover un mayor desarrollo de la movilidad eléctrica para que seamos un país atractivo para que los fabricantes sigan aquí.

-¿Es el de la automoción un sector donde claramente la industria 4.0 destruirá empleos pero creará otros?

-Sin duda. Esto ha pasado con todas las revoluciones tecnológicas, que ahora serán más rápidas. Lo que va no lo llamaría destrucción de empleo sino que va haber es reconversión, no destrucción de empleo. No se va a producir una progresión inmediata, de un mes para otro sino un recorrido de adaptación de las empresas y profesionales. Eso va a pasar en todo en fabricantes, concesionarios, talleres, la postventa tendrá que evolucionar muchísimo. El gran reto es que lo sepan ver y evolucionar.

«Con lo que está por venir, coche autónomo y conectado, no se puede pensar sólo en el vehículo»

-¿Una industria con más de cien años tiene más elementos retardatarios que a favor del gran cambio?

-Toda tecnología disruptiva cuenta con dos cosas: usuarios tempranos a los que les encantan los cambios, y detractores, porque un cambio supone mover esa zona de confort en la que los usuarios del coche llevamos más de un siglo. Ahora está habiendo un cambio industrial y social. El coche eléctrico va a cambiar las ciudades. Ya no nos podremos mover por ellas con la facilitad que hasta ahora. El ciudadano no puede ser el último mono, y va a recuperar el protagonismo. Se extenderán los modelos de negocio de 'car sharing', modelo compartido, el pago por uso y las medidas coercitivas contra el coche el coche de combustión o simplemente aparcado.

-Parece claro que el coche dejará de ser un producto y será más un servicio. Para los milenials, sin embargo, un coche de 40.000 euros es ciencia ficción.

-Nosotros tratamos de hacer proselitismo, de evangelizar. Mis mensajes van a los milenials, que son los que van a liderar el cambio en el futuro inmediato, esos que están pegados al móvil y todo lo que no se haga con interconexión no le ven sentido. Nadie pensaba que podías pagar con un móvil. En el futuro, lo que venderán los concesionarios son servicios de movilidad. No necesitarás tener un coche en propiedad, pero si podrás solicitar a un fabricante uno para moverte por entornos urbanos y otro quizás cuando tengas que hacer un viaje. Vamos a experimentar cambios importantísimos. Tener un vehículo que pesa toneladas y media para moverte unos metros o que habrá es transporte público, intermodalidad y entre ellas estará el vehículo, lo podrás comprar y también solución de movilidad.

-Fuera de Tesla, da la sensación de que buena parte de la industria se mueve con lentitud...

-Hasta ahora se concebía la automoción sólo pensando en el vehículo, pero lo que está por venir -el vehículo autónomo y conectado- requiere infraestructuras inteligentes, y ya no se puede pensar sólo en el coche, sino que es necesaria una visión global que incluya también la infraestructuras y los servicios de valor que permitan una conducción segura.

-¿El desarrollo del vehículo eléctrico será clave en el despegue de las energías renovables, sin los vaivenes de regulación que arrastra España?

-Claro. Toda tecnología de cambio tiene una curva de crecimiento que pasa por un tiempo en que usuarios y las administraciones deben entenderlo y comprenderlo. Ha pasado con los móviles. Tardaron 15 años pero cuando se crearon las condiciones, de repente, todos teníamos uno y hasta dos, aparatos con los que no sólo hablas, sino que tienes servicios de conexión y donde ocasionalmente hablas por teléfono. Algo así pasará con la automoción. Por eso vamos hacia el coche eléctrico. No es algo de futuro. Es una realidad. Cada vez se implementa más en flotas, pero es que el coche conectado ya es una realidad, y el coche autónomo empieza a despegar con grados de autonomía interesantes. Eso pasa sin que nos demos cuenta. El cambio vendrá tan de golpe que estará normalizado y no falta mucho.

-¿El coche conectado será la gran herramienta de datos sobre nosotros?

-La automoción tiene abiertos varios retos. Cuando aún no ha terminado de implantar la movilidad eléctrica, ahora estamos en la infraestructura de recarga, pero llegará también la carga inalámbrica. Hay que entender que el coche conectado y autónomo te permitirá más seguridad y comodidad. Tendrás en el coche lo que ahora tienes fuera. El coche autónomo es un paso más y el usuario empezará a ser quien no lo maneje, y se podrá desligar de las decisiones del vehículo.

-Google hace tiempo que echó a andar sus coches autónomos. ¿Asistiremos al coche Apple, al coche Android...?

-Seguro. Esta industria con fabricantes tradicionales tiene cien años, pero evoluciona con empresas ajenas, como Tesla, que de de repente se convierten en líderes del concepto y de la visión. A la gente les gustan los desarrollos, evolucionar. Tesla ha avanzado más que los fabricantes tradicionales, con vehículos que empezaron siendo caros pero que ya bajan de 40.000 euros. Estás democratizando ese vehículo y aumentando el interés.

-¿Se puede hacer un paralelismo entre el desarrollo del móvil y el del coche eléctrico?

-Seguirá habiendo gamas, pero la tecnología es la clave. En 2009 el factor crítico era la batería, que es más del 50 por ciento del precio. Ese año podía costar mil euros el kilovatio, y hoy está en 200 euros. Va decreciendo el coste. Igual pasó con el móvil. Todas las tecnologías disruptivas necesitan el impulso de las ayudas y de la información para ver cómo les pueden beneficiar. Hacen falta ordenanzas que incentiven el aparcamiento, ventajas fiscales...

-¿Qué país tiene un plan claro en movilidad eléctrica?

-Nos falta en España un plan orquestado como por ejemplo lo tiene Francia, un plan de desarrollo de la movilidad eléctrica, y es un país que también tiene una industria tradicional de automoción, con lo cual es un espejo en el que mirarnos. Mucha gente nos compara con Noruega, pero nosotros somos un país que depende de las fábricas convencionales, con mucho empleo detrás y por eso las velocidades no pueden ser las mismas.

-Con la monserga del petróleo se acaba en 40 años llevamos otros cuarenta. ¿Qué están haciendo los países productores en relación al coche eléctrico?

-Los países árabes están trabajando para implantar la movilidad eléctrica. Se lo están tomando en serio. Ningún país se puede considerar ajeno al cambio. El petróleo vinculado al transporte va a ser cada vez más algo más problemático. Hay un verdadero problema de ciudades respirable. Me da igual que siga cien años más, el cambio viene de otros parámetros, también en el del coste de mantenimiento, mucho menor en el coche eléctrico.

El vehículo eléctrico como vía para que España siga como líder en automoción

La dirección de revistas especializadas en logística, energía, construcción sostenible y transporte ha marcado la ruta profesional de este periodista que nació en Estados Unidos de padres españoles y pasó allí su niñez. Desde hace seis años es el gerente del clúster español de la movilidad eléctrica, el profesional que pone cara y argumentos a las bondades del coche eléctrico. Allí donde se hable de su futuro no suele faltar su mensaje de usuario cualificado, en su caso de un coche eléctrico puro, para desmontar lugares comunes como el de la limitada autonomía –«Hago al mes unos 1.500 kilómetros al mes y nunca me he visto tirado», asegura–, y al que le preocupa la idea de que España, como segundo fabricante europeo de coches, no se planteé una relación más ambiciosa con la nueva movilidad. De ese cambio de escenario, que requiere de planes para extender la infraestructura pública y privada de recarga, depende en su opinión que el país no pierda su liderazgo en la nueva industria de automoción que emergerá en los próximos años.

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