Empresarios, Ayuntamiento y Puerto respaldan la torre y piden el trámite rápido

De izquierda a derecha, González de Lara, De la Torre, Plata, Seguí y Lamela. / Álvaro Cabrera

González de Lara advierte de que «los tiempos tienen un límite» y «la maraña administrativa agota la paciencia de los inversores»

IGNACIO LILLOMálaga

Ante un auditorio lleno, formado por líderes empresariales, directivos, políticos, arquitectos, sindicalistas e investigadores, la Confederación de Empresarios escenificó ayer en el Instituto de Estudios Portuarios la alianza con el Ayuntamiento y con el Puerto para impulsar la torre del dique de Levante. El presidente de la patronal malagueña y andaluza (CEM y CEA), Javier González de Lara, exigió a la administración (en este momento procesal le corresponde a la Junta) una tramitación rápida y advirtió de que la «maraña administrativa agota la paciencia de los inversores». «Estamos acosados por la Administración, los tiempos tienen un límite, si no se avanza buscarán otros sitios más amables. En este país aburrimos a los inversores», criticó.

«Los tiempos tienen un límite; si no se avanza, los inversores buscarán otros sitios más amables» Javier González de Lara Presidente de CEA y CEM

«Quienes piden la tramitación ordinaria sólo buscan echarle dos años más al proyecto» Paulino Plata Presidente del Puerto

«El proyecto tiene seguridad jurídica y los trámites no deben durar más de lo debido» Francisco de la Torre Alcalde de Málaga

González de Lara hizo una cerrada defensa del hotel de lujo que promueve el grupo catarí Al Bidda, bajo diseño del arquitecto José Seguí: «Para seguir en la vanguardia turística, Málaga debe apostar por proyectos singulares», y añadió que este equipamiento «de alta calidad» es clave para reforzar el destino. Al tiempo, defendió, como ya hizo la CEM en su alegación al trámite ambiental, que el procedimiento abreviado es tan garantista como el extendido. «Tenemos que aprovechar las inversiones públicas y privadas, no podemos perder oportunidades».

El presidente de la Autoridad Portuaria, Paulino Plata, defendió que el alojamiento previsto refuerza la posición de la ciudad en el mercado del turismo de cruceros; y vinculó esta actuación con otra, la de la transformación de la dársena del Marqués de Guadiaro (muelles 1 y 2) en un puerto deportivo para megayates. Es, a su juicio, una apuesta por captar un turismo «de cinco estrellas».

Obras en tres años

En cuanto a la tramitación del proyecto, coincidió en que el proceso «debería ser sencillo» ya que de lo que se trata ahora es de la modificación de unos 1.400 metros que tiene la calificación de portuario turístico y hay que pasarlo a portuario-ciudadano-turístico. Para ello, recalcó que la administración a la que representa demanda la tramitación simplificada, y criticó que quienes piden la ordinaria sólo buscan «echarle dos años más al proyecto». «Espero que no se consuma más tiempo del que realmente se necesite, que ya es largo y dilatado para culminar con todo el procedimiento urbanístico y administrativo, para que la obra pueda iniciarse en el horizonte de tres años; nadie puede esperar infinitamente».

La CEM ha presentado un informe jurídico que defiende la tramitación urbanística abreviada

En la misma línea, el alcalde, Francisco de la Torre, defendió que el hotel es «estratégico», y supondría una oportunidad para captar viajeros de alto nivel. «La ciudad será extraordinariamente maravillosa vista desde el hotel hacia la Bahía», defendió el regidor, para quien el proyecto «tiene seguridad jurídica y los trámites no deben durar más de lo debido». Al respecto, recordó que la idea no es nueva y, de hecho, en 2011 ya iba en el programa electoral con el que el PP ganó las elecciones. Sobre las críticas por el impacto paisajístico, aseguró que este será reducido, por la distancia, y, en todo caso, menor que otras actuaciones portuarias, como la construcción del muelle 9 (para contenedores y mercancías).

Lamela:«La torre Agbar también tuvo polémica y hoy es un símbolo de Barcelona»

El ponente invitado en las jornadas fue el reconocido arquitecto Carlos Lamela, responsable de varios rascacielos en todo el mundo y coautor de la terminal T-4 de Barajas, quien –sin querer entrar al detalle del proyecto en concreto– sí defendió que edificios como el que se promueve en Málaga son «los nuevos faros» de las ciudades, que necesitan de este tipo de elementos como «hitos y referencias».

Al ser preguntado sobre las críticas que ha suscitado, recordó que en Barcelona también hubo polémica con la torre Agbar, que «hoy es un símbolo»; y lo mismo ocurrió con la Ópera de Sidney, hasta el punto de que llegaron a expulsar de la ciudad al arquitecto (Jorn Utzon), para después nombrarlo hijo predilecto. «Las críticas vienen del desconocimiento», e ironizó con que «el estudio de impacto ambiental de la Alcazaba de Málaga hoy sería negativo».

Lamela también advirtió acerca de los procesos participativos en este tipo de casos, en los que, a su juicio, es mejor «colegiar a los que saben, con debates profesionales y sectorizados».

Sobre los movimientos en contra, José Seguí, autor de la propuesta arquitectónica, puso de relieve la existencia de «ciertos grupos que controlan la ciudad a nivel intelectual, que defienden sus parcelas y que se revuelven contra estos proyectos porque pierden el control y la referencia». También el presidente de la Autoridad Portuaria se refirió a «las mismas personas y colectivos que están en todas las plataformas». En cambio, a su juicio, hay «una mayoría silenciosa» a favor de este y otros proyectos, aunque «es más fácil escuchar el ruido de fondo que generan algunos colectivos y personas».

Por otro lado, Plata indicó que algunos informes «hay que ponderarlos y verlos en la dimensión que tienen», y citó que en el Colegio de Arquitectos, sobre unos 1.200 colegiados, «se ha basado en 63 que han expresado su opinión por escrito y en una reunión que organizaron a la que fueron ocho personas». «Esto hay que ponerlo en el informe para ver el peso real, en función de las consultas y del respaldo que tiene».

La anécdota de la jornada la puso el alcalde, Francisco de la Torre. Durante el turno de preguntas, aprovechando la presencia en el coloquio del prestigioso arquitecto Carlos Lamela, el regidor puso de relieve la petición que le han trasladado varias empresas de que haya más edificios de oficinas en la ciudad. Por ello, le pidió un presupuesto para un inmueble de «alta calidad» destinado a estos usos. El urbanista no eludió la respuesta y calculó que el coste podría rondar entre los 1.200 y los 1.500 euros por metro cuadrado construido. José Seguí elevó la cuantía hasta unos 1.600 euros/m2.

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