Diversidad nórdica para agitar la élite de la empresa andaluza

Diversidad nórdica para agitar la élite de la empresa andaluza
Sur
Vidas con Huella

Brita Hektoen, ejecutiva y profesora de escuelas de negocios, dirige la cátedra Mujer, Empresa y Sociedad del Instituto San Telmo, su empeño para llevar a la alta dirección visibilidad para la mujer y valores femeninos

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

La paga de aquel invierno repartiendo el periódico local en bicicleta a las cuatro de la madrugada por las calles de Lillehammer –25.000 habitantes– le permitió su primer viaje. Tenía 13 años, pero ya se movía por mundos lejanos sin levantar la cabeza de los libros. «En la biblioteca pública me ponían a aconsejar lecturas al resto de los niños», recuerda esa otra gran pasión que sigue viva –fiel sobre todo a la novela histórica. «Me pude ir a Estados Unidos con un tío mío. Fueron seis semanas, y supe que volvería», cuenta su debut premonitorio de trotamundos que años después le llevaría a hacer bachiller en un pueblo de Michigan. La emancipación intermitente gracias a trabajos esporádicos no es una oportunidad extraña para los noruegos, pero muy difícil en España, un primer peldaño diferencial norte-sur que ha palpado con sus hijos, unos veinteañeros internacionalizados que acaban de saltar del espacio de confort de Sevilla a la universidad noruega para hacer la carrera en su patria materna. «En la vida eres lo que has hecho, y no puedes ponerte medallas que no sean tuyas», proclama su condición de mujer que siempre quiso ser independiente y con una visión del éxito personal alejada de apellidos, alcurnias y méritos de antepasados, ese otro ‘gap’ entre las élites meridionales y la fría estadística nórdica del avance social con el que tiene que pelear dentro y fuera de su trabajo. Aunque lleva más de media vida dedicada al mundo de la formación para ejecutivos, primero en tareas de gestión y desde hace diez años «enseñando y aprendiendo» de sus alumnos, no tuvo una vocación primera. «Nunca pensé de joven que me dedicaría a la enseñanza. He hecho el camino andando. Me veía en trabajos de gestión de personas, dentro de organizaciones sin ánimo de lucro, dedicada a la cooperación internacional, aunque sí sabía que me gustaría trabajar dejando un legado más allá de cuentas de resultados». Al terminar la carrera, con 24 años, probó suerte en el negocio del turismo, año y medio dedicado al diseño y promoción de paquetes de estancias para viajes de incentivos en Alemania, junto a otras dos compañeras. «Era un trabajo entretenido, pero el turismo me pareció un sector poco profesionalizado en mi país», zanja una etapa tras la que pondría rumbo a un máster en dirección de empresas para completar su formación en Dirección de Empresas. Pasó dos años en el IESE Business School de Barcelona, no sin antes recorrerse con mochila varios países asiáticos durante ocho meses.

Colombia

Ya en el ecuador del máster, un paréntesis de tres meses que dedicó a trabajar para un proyecto de fomento sobre emprendimiento en Cali, Colombia. Años 90. «Las FARC, los cárteles de la droga, no pensé en el peligro», suspira aliviada. En Barcelona conoció en el segundo año al que sería su marido, ingeniero naval nacido en el Puerto de Santa María. La relación pesó más que una una oferta de trabajo en la ONU en Ginebra. Brita y Agustín también pudieron entonces patearse mejor Cataluña gracias a los oficios de Oriol Pujol, hoy pendiente de juicio, y entonces «majo e inquieto» compañero de máster. «Siempre nos decía que Cataluña no podía desaprovechar el paso de cientos de alumnos extranjeros sin pensar en que un día podrían retornar», recuerda la visión empresarial de quien entonces les organizaba rutas en autobús a los compañeros.

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«No quise ir a ninguna empresa tradicional, lo tenía claro. No quería que fuera vender más detergente ni conseguir que la cuota de mercado de tal zumo fuera mayor. Yo quería algo distinto sin despreciar ese trabajo, donde mucha gente encuentra satisfacción», justifica su ingreso como ejecutiva del IESE Barcelona después de un rodaje de seis años en EADA, «una escuela de negocios muy catalana donde aportaba diversidad. Era el único extranjero». Aterrizó allí después de trabajar como directora de protocolo de los Juegos Paralímpicos de 1992 al frente de un equipo de cien personas. Brita Hektoen dio el salto a San Telmo en 2002, a Sevilla, con el gusanillo de la docencia como asignatura pendiente, después de su larga experiencia como directiva. «En 2011, después de cinco años formándose como profesora en comportamiento humano en la organización con preparación de casos y contenidos teóricos, se matriculo en el Programa Doctoral de la Universidad de Sevilla. Su tesis trató sobre el impacto de la presencia de la mujer directiva en los resultados de las empresas.

En 2006 llegaron las primeras clases, y el pasado año, en abril, la cátedra ‘Mujer, Empresa y Sociedad, un final y comienzo de etapa respaldado por 27 empresas del que espera mucho juego. La cátedra fue una criatura largamente reflexionada: «San Telmo, siendo una escuela de negocios de referencia en Andalucía y por la que han pasado 10.000 directivos, la inmensa mayoría hombres, no puede estar al margen de los grandes debates sociales, y uno de ellos es el papel de la mujer», comprime la exposición de motivos que planteó en su día a los órganos de gestión de la Fundación San Telmo. Asegura que las empresas «piden un foro de debate y análisis sobre el papel de la mujer en la empresa real y hacer línea de investigación y de difusión. La cátedra no es una asociación de mujeres que se reúnen solo entre ellas; es un espacio de debate de hombres y mujeres que busca una visión lo más amplia posible, que quiere llevar sus reflexiones a toda la sociedad».

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