Días de silencio, dolor y reivindicación

Hace veinte años Málaga se volcó en su condena al secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco

Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

La memoria colectiva de España viaja en estos días a aquellas jornadas fatídicas de julio de 1997 en las que ETA, dolida por la liberación de José Antonio Ortega Lara tras 532 de inhumano secuestro, raptó y asesinó con dos tiros en la nuca –tras un ultimátum de 48 horas que mantuvo en tensa espera a todo el país– al joven concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco. Un episodio que unió a la sociedad española contra el terrorismo y marcó un antes y un después en la lucha contra ETA. Málaga se sumó a aquella ola de solidaridad con la familia y los amigos de Blanco mostrando su condena al terrorismo en movilizaciones hasta entonces nunca vistas, concentraciones y vigilias en todos los rincones de la provincia. Todo ello bajo un clima de silencio clamoroso contra la barbarie terrorista –la ciudad se paró durante diez minutos el mediodía del lunes 14 de julio en repulsa por el asesinato–, unidad por encima de las ideologías, dolor, rabia y la reivindicación de un país en paz.

Grandes movilizaciones, concentraciones, vigilias y la unidad marcaron aquellas jornadas en la provincia

En aquellos días de lemas como ‘Basta ya’ o ‘No son vascos, son terroristas’, de lazos azules en la solapa como símbolo de la libertad y de manos pintadas de blanco, bajo la banda sonora de ‘Libertad sin ira’ –aquella popular canción que el grupo Jarcha popularizó en la Transición–, el gran protagonista fue el pueblo español que se echó a la calle y cambió radicalmente su percepción sobre el terrorismo de ETA. Quienes ocupaban puestos de responsabilidad política e institucional en Málaga hace ahora veinte años recuerdan, con dolor, pero también con emoción, aquellos tristes acontecimientos, especialmente aquel 12 de julio en que ETA consumó su asesinato. Todos coincidieron en su valoración en que fue el punto de inflexión de la posterior derrota de la banda terrorista.

Las autoridades muestran su rechazo al acto terrorista en la noche del sábado 12 de julio y los ciudadanos piden la libertad en la plaza de la Constitución, horas antes de cumplirse el plazo (arriba); altar a las puertas del Ayuntamiento (derecha); minutos de silencio en calle Larios la mañana del 14 de julio (izquierda) / Archivo

Celia Villalobos era la alcaldesa de Málaga en aquellos días y además conoció personalmente a Miguel Ángel Blanco ya que en la campaña de las elecciones municipales estuvo en Ermua apoyando a sus compañeros del PP vasco. «Era un gran chico, un cielo de muchacho», afirmó ayer en declaraciones a este periódico.

La dirigente del PP recordó que las escaleras del Ayuntamiento se convirtieron en aquellas jornadas en un altar de homenaje permanente a Blanco y que los políticos se sintieron «muy acompañados» por la ciudadanía en unos momentos de sentimientos encontrados ya que: «Fueron muy duros, pero a la vez muy gratificantes al ver la reacción de la ciudadanía y la unidad de los partidos. Me siento muy orgullosa de haber sido la alcaldesa de Málaga en aquellos momentos por la reacción tan digna que tuvo la ciudad».

Lazo azul en la Junta. / Archivo

La plaza de la Constitución se convirtió en un punto neurálgico con vigilias de jóvenes y lugar de concentraciones, primero para pedir la libertad del joven edil, y, después, para condenar el vil asesinato. «El gran protagonista de aquellos días fue el pueblo español y Málaga estuvo a la altura, como en otros momentos a lo largo de la historia, en la defensa de la libertad. Porque lo que estaba en juego en aquellos momentos era la vida de un joven y los valores de nuestra democracia ya que el Estado de Derecho no podía claudicar ante las demandas de los terroristas (de acercamiento de los presos a cárceles vascas)», remarcó Luciano Alonso, en aquellos días delegado de laJunta.

La sede del PP, entonces en la calle Salvago, se convirtió en el punto de reunión de los dirigentes y cargos públicos populares y de su rama juvenil, Nuevas Generaciones. Allí estuvo en aquellos días, siguiendo las noticias que llegaban a través de los medios de comunicación y los teléfonos, Javier Arenas, ministro de Trabajo, acompañado de los entonces máximos dirigentes del partido en la provincia.

«Recuerdo especialmente el silencio en que se sumió Málaga. Había mucha gente en las calles, pero la ciudad estaba en silencio, fundamentalmente aquel sábado en que se cumplía el plazo del ultimátum. El asesinato de Miguel Ángel Blanco fue un mazazo muy gordo para todos nosotros», rememoró Manuel Atencia, entonces presidente del PP de Málaga, quien añadió que vivieron aquellas jornadas «con mucha intensidad».

«Fueron momentos muy duros y a la vez gratificantes al ver la reacción de la ciudadanía»

«Recuerdo especialmente el silencio en que se sumió Málaga; había mucha gente en la calle pero en silencio»

«Hubo un clima de unión como no se vivía desde los inicios de la democracia en España» Ildefonso Dell’Olmo Secret. provincial del PA en 1997

Su número dos era Joaquín Ramírez, quien veinte años después evocó «las sensaciones tan raras y el mal sabor de boca» que dejaron aquellos días y la novedad que supuso las grandes concentraciones y movilizaciones. «En ellas la gente nos espoleaba y nos animaba a no dejarnos doblegar. Fue algo impresionante», dijo.

«Aquel asesinato que a todos nos conmovió fue, sin lugar a dudas, el principio del fin de ETA» Luis Vázquez Alfarache Pte. de la Diputación en 1997

«La gente estaba espantada porque no creía que se podía llegar a tal nivel de violencia y de horror» Juan Fraile Secret. general del PSOE en 1997

Luis Vázquez Alfarache era entonces presidente de la Diputación y hoy, dos décadas después, aún siente «una gran emoción y se me ponen los vellos de punta» cuando rememora aquellos momentos «tan tristes». La conclusión positiva que saca es que aquel asesinato «que a todos nos conmovió fue, sin lugar a dudas el principio del fin de ETA».

«El gran protagonista fue el pueblo español y Málaga estuvo a la altura en la defensa de la libertad» Luciano Alonso Delegado de la Junta en 1997

«Ese asesinato provocó una concienciación ciudadana porque todo el mundo se sintió víctima» Rafael Rodríguez Coordinador de IU en 1997

«En las concentraciones la gente nos espoleaba y nos animaba a no dejarnos doblegar» Joaquín Ramírez Secret. general del PP en 1997

Una idea en la que incidió este martes Rafael Rodríguez, coordinador provincial de IU en 1997:«Aquel asesinato fue un punto y aparte en lo que significó la percepción que la ciudadanía tenía sobre ETA. Ese asesinato provocó una concienciación ciudadana mayor sobre el terrorismo etarra porque todo el mundo se sintió víctima. De ahí respuestas como las de la ciudadanía de Málaga, que no fueron respuestas protocolarias sino una respuesta contundente surgida desde la calle ante la percepción de que cualquiera podía ser una víctima de esta barbarie».

«La gente estaba espantada porque no creía que se podía llegar a tal nivel de violencia y de horror», subrayó Juan Fraile, entonces secretario general del PSOE de Málaga, a quien el asesinato de Blanco le cogió en Adra junto a José Asenjo durante la celebración de un congreso de los socialistas almerienses y allí se unieron a las muestras de repulsa. Como también lo hizo Ildefonso Dell’Olmo, entonces líder del PA en Málaga, quien puso el acento en la unidad política y ciudadana de aquellos días: «Hubo un clima de unidad como no se vivía desde los inicios de la democracia en España».

Aquel espíritu, llamado de Ermua, vino para quedarse en la sociedad española. Y Málaga lo enarboló cuando sufrió la barbarie del terrorismo con el atentado frustrado con coche bomba en septiembre de 1997 contra el entonces alcalde del PP de Rincón de la Victoria, José María Gómez, y el concejal Francisco Robles y tres años después, en julio, con el atentado frustrado contra el dirigente socialista José Asenjo y el asesinato del edil popular José María Martín Carpena, del que este sábado se cumplen 17 años.

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