CUSTODIAS VIVAS

MANUEL JIMÉNEZ

Pan bajado del cielo. Nuestra realidad y nuestra esperanza. El pan aglutina lo básico para la persona en este mundo y el cielo es la promesa de gloria que se espera vivir algún día plenamente.

Hoy, ambos términos se funden en una custodia que marcha por las calles de nuestras ciudades para hacernos descubrir que, en nuestra realidad, ya hay un pedacito de cielo. Hoy recordamos el camino que el Señor nos ha hecho recorrer a cada uno en nuestra vida cristiana. Hoy tiene lugar la procesión de procesiones: Jesucristo, en la Eucaristía, es el pan bajado del cielo. En un mundo que no solo le da la espalda a Dios sino que, además critica, ridiculiza y ataca nuestras creencias, es necesario que demos un testimonio valiente. Dios envía su mensaje a la tierra: él nos ama a todos como a hijos. Por eso, proclamamos abiertamente nuestra fe en un día como hoy, pero el resto del año, nos convertimos en custodias vivas que llevan el pan bajado del cielo a los demás. Y lo hacemos con trabajo entregado, con desvelos por la gente, con preocupación por la sociedad, construyendo un mundo y un futuro mejores para todos. Dejemos a un lado los temores y los complejos: siendo muchos, formamos un mismo cuerpo y ayudamos a Dios en la construcción de su Reino. Hoy lo manifestamos públicamente con la procesión del Corpus. Mañana lo seguiremos haciendo con el trabajo denodado por la evangelización.

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