«Nos cuesta entender que molesten unos niños haciendo deporte»

Juan Jesús Martín, entrenador, se dirige a los chicos del equipo cadete de Adesa. / Foto: Ñito Salas | Vídeo: Pedro J. Quero

Primeras bajas y dificultades para participar en las competiciones al cerrarse el Lex Flavia para los equipos del club Adesa

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

Cuesta trabajo entender que unos niños haciendo deporte puedan molestar. Lo dice una madre que vive en la plaza Lex Flavia, cerca del colegio que ha clausurado sus instalaciones a los entrenamientos del club Adesa Málaga. Rocío tuvo que instalar el año pasado cristales climalit y aire acondicionado en el salón: vive en un primer piso y los ruidos de todo tipo le obligaron a tomar medidas. Pero en el colegio no hay botellón, ni ladran perros a deshoras: entrenan equipos de baloncesto base, y a unas horas asumibles.

El colegio Lex Flavia, ante las amenazas de nuevas denuncias vecinales –ya tiene una sanción de 12.000 euros–, tomó la semana pasada la decisión de suspender los entrenamientos en sus instalaciones. Los equipos que utilizaban estas pistas, acondicionadas por el Ayuntamiento de Málaga hace unos años con una inversión de casi 1,7 millones de euros para instalar una cubierta, se han trasladado tanto a las pistas del colegio matriz como a las de Ciudad Jardín.

Lejos de su barrio

Ayer fue el primer día en el que entrenaron en estas pistas exteriores de Ciudad Jardín. El Ayuntamiento les ha cedido dos horas durante tres días a la semana. Pero los efectos del cambio de ubicación ya se están dejando sentir: «Hay chicos que se han dado de baja, porque no pueden venir hasta aquí», señaló ayer tarde Juan Jesús Martín, entrenador. Rubén Rus, Daniel González y Samuel Benítez, cadetes de segundo año, llegaban ya cansados al entrenamiento. «Venimos andando desde nuestras casas, cerca de la calle Larios», indicaron. «No todos los días podremos hacerlo, nuestros padres no pueden traernos y cuando tengamos exámenes no podremos salir de casa a las 7 de la tarde, entrenar de 8 a 10 y regresar para llegar a las 11 de la noche». A sus 15 años no entienden lo que ha pasado, y mucho menos que la denuncia de un particular afecte a tantas personas. «Empezamos la temporada con mucha ilusión, nos veíamos con posibilidades, pero con todo lo que está pasando muchos hemos perdido la ilusión», decía uno de los jóvenes.

Su entrenador apunta otro problema: las pistas en las que entrenan no están homologadas por la federación para las competiciones. De esta manera, los tres primeros partidos de la liga «los jugaremos fuera de casa, para que tengamos tiempo de tomar las medidas que nos indiquen desde la federación», dijo.

Otra de las madres que llevó ayer a su hijo al entrenamiento, Inmaculada Álvarez, indicó que no entiende las quejas por ruidos porque los chicos «no molestan tanto como se dice», Además, apuntó que junto a las pistas del colegio hay un campo de fútbol, «pero parece que el fútbol no molesta a nadie». Emilio, otro de los padres que acudieron ayer tarde a Ciudad Jardín, apuntó que se impide a los jóvenes hacer deporte, cuando a estas edades «el hecho de que estén practicando una actividad física supone que no hagan otras cosas más desaconsejables».

Para la mayoría, esta nueva ubicación es «un rollo tremendo», por lo alejado de sus domicilios y porque «teníamos unos horarios ya ajustados con nuestras actividades extraescolares, y ahora todo se ha trastocado», lamentaban minutos antes de comenzar su entrenamiento.

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