La cubierta de la Catedral de Málaga se resquebraja

El arquitecto de la Catedral, Juan Manuel Sánchez La Chica /Fernando González
El arquitecto de la Catedral, Juan Manuel Sánchez La Chica / Fernando González

El revestimiento realizado a las bóvedas a finales de la pasada década a iniciativa de la Junta presenta numerosas grietas que preocupan al Obispado

Jesús Hinojosa
JESÚS HINOJOSAMálaga

Si comparamos el aspecto que presenta actualmente la Catedral de Málaga con el que tenía dos décadas atrás, saltan a la vista las mejoras introducidas en estos años tanto en su interior como en su exterior tras el punto de inflexión que supuso la campaña ‘Salvemos la Catedral’ que auspició la entonces alcaldesa Celia Villalobos, junto con el deán Francisco García Mota, a mediados a la década de los noventa. Sin embargo, el edificio presenta evidentes problemas de conservación que también se han acentuado en este tiempo y que todavía no han encontrado una solución definitiva para ser resueltos. El principal de todos ellos es el de las filtraciones de agua. En pleno siglo XXI y en un momento en el que la pujanza turística de Málaga cruza las fronteras nacionales, no cabe la estampa de una catedral con cubos para las goteras que se repiten cada vez que llueve con cierta intensidad.

¿Qué está fallando? Todavía no existe una respuesta clara a esta pregunta. La Consejería de Cultura ha pedido que se haga un estudio en profundidad del sistema de evacuación de aguas del monumento, un análisis que ya está siendo desarrollado por el arquitecto responsable del templo, Juan Manuel Sánchez La Chica. A la espera de sus conclusiones, SUR ha realizado de la mano de este profesional una visita al edificio en la que ha podido comprobar que las numerosas humedades y las grietas restan cada vez más protagonismo a sus atractivos artísticos y arquitectónicos.

La visita comienza en las cubiertas, donde las fisuras pueblan prácticamente todo el recubrimiento que se hizo a las bóvedas hace casi diez años en base al proyecto del arquitecto gaditano Juan José Jiménez Mata, que ganó un concurso de ideas promovido por la Junta de Andalucía. En la cúpula principal, una gran raja divide prácticamente en dos el revestimiento de rasillas que se aplicó a finales de la pasada década y que supuso un coste de 1,6 millones de euros compartido por las administraciones regional, estatal y local. «Ahora están más cerradas. En invierno son el doble de grandes», explica Sánchez La Chica mientras introduce la mano sin dificultad en una de las grietas. La misma facilidad con la que se han desprendido enteras algunas de las losetas que recubren los laterales de la cámara de aire que se dejó entre el techo original de las bóvedas y el nuevo recubrimiento, dotado con una capa de plomo y una lámina asfáltica para procurar la impermeabilización de toda la cubierta.

450 kilos por metro cuadrado

El panorama de fisuras es semejante en prácticamente todas las cúpulas. La ‘segunda piel’ de ladrillos de una de las correspondientes a la nave central está completamente cuarteada. «Este modelo de cubierta a la catalana no funcionó ni siquiera en Barcelona con el plan Cerdá», apunta este arquitecto autor del plan director para la Catedral, quien añade que este recubrimiento ejerce una presión de 450 kilos por metro cuadrado sobre los techos.

¿Son estas grietas el origen de las goteras? No está totalmente claro, aunque los técnicos diocesanos están muy preocupados y apuntan a que pueden contribuir a debilitar la protección que se aplicó a las bóvedas. «El problema es que no sabemos por dónde falla este sistema, porque el proyecto de revestimiento que se hizo no es registrable y además carece de juntas de dilatación, de ahí las grandes fracturas que presenta», incide Sánchez La Chica. No obstante, señala que la acumulación de humedades principalmente en los bordes de las bóvedas circulares de la Catedral invita a pensar que puede ser agua que entra por las grietas y se desliza hasta concentrarse en los extremos de las diferentes cúpulas.

Desde las plataformas por las que los turistas las recorren a diario llama la atención que se encuentran hundidas entre los muros que cosen los pilares del templo. «Las bóvedas no quedan como si estuvieran en una piscina en ninguna catedral», resalta el arquitecto, quien insiste en la necesidad de dotar al templo de un tejado a dos aguas tal y como quedó proyectado en el siglo XVIII.

Hay desprendimientos en la base del recubrimiento / Fernando González

El paseo también permite comprobar la existencia de los bajantes que Antonio Ramos dejó realizados ese siglo en los muros para recoger las aguas del tejado que dibujó Ventura Rodríguez y que no llegó a realizarse. «Están puestos a una altura que demuestra que Ramos asumió la ejecución de ese tejado», argumenta Sánchez La Chica. En una de las piedras situadas junto a uno de estos bajantes, tapado por una rasilla, aparece la inscripción «El abugero aquí está» (sic), como claro aviso de los arquitectos que tuvieron que parar la obra de la Catedral por falta de dinero para que los continuadores de su tarea pudieran encontrar las canalizaciones a las que conectar el tejado.

Si las grietas y los desprendimientos de losetas marcan el panorama externo de las cubiertas de la Catedral, el interno está emborronado por las cada vez más notorias humedades que jalonan la decoración de sus bóvedas. Las manchas y los daños en la piedra y sus revestimientos son especialmente evidentes en el techo de la capilla de San Sebastián, al pie de la torre norte, y sobre el cancel de la puerta que existe junto a ésta. Precisamente en este punto se registraron copiosas goteras durante las fuertes lluvias del pasado invierno.

El agua también entró en el crucero, junto a la puerta que da a la calle Postigo de los Abades, donde se tuvieron que colocar varios cubos para poder recogerla. La decoración renacentista de las bóvedas también está muy manchada por la humedad en este lugar, y en el arco que se encuentra sobre el arranque del altar mayor. Sobre las redes colocadas hace más de una década para recoger posibles desprendimientos de esa decoración siguen cayendo trozos de yeso de volutas y molduras que denotan el serio problema de conservación que presenta el principal monumento de la ciudad. Un problema que todavía busca una urgente solución para frenar el palpable deterioro de la Catedral de Málaga, antes de que sea demasiado tarde.

El arquitecto de las cúpulas asegura que no son la causa de las goteras

Para el arquitecto que ideó y dirigió a finales de la pasada década el recubrimiento de las cúpulas de la Catedral como sistema para paliar el problema de filtraciones del templo, las grietas que se observan en la cubierta no son la causa de las goteras que todavía persisten y se hacen cada vez más evidentes. Consultado por este periódico, el gaditano Juan José Jiménez Mata, ya jubilado, aseguró que su idea «está funcionando bien» y atribuyó la entrada de agua a que la Catedral de Málaga «es un edificio complejo» en el que existen problemas de filtraciones en los muros que su proyecto no abordó.

«Es muy difícil que una cubierta impermeabilizada con una lámina de plomo como la que se hizo dé problemas. Creo que puede haber otros elementos como cornisas, ventanas o fachadas en los que puede estar el origen. Decir que es culpa de la cubierta es lo más fácil, pero me parece mal que esto se mueva solo a nivel de opiniones. Todavía no se ha elaborado un informe técnico, firmado por un profesional, al respecto», afirmó Jiménez Mata.

Según remarcó, las grietas que han aparecido en el recubrimiento de rasillas de las cúpulas, bajo el que se encuentra la lámina de plomo que se empleó para impermeabilizarlas, «son naturales porque son las juntas de dilatación». «Ese revestimiento de ladrillos es algo decorativo. Lo importante es que debajo está la capa impermeabilizante de plomo y debajo una lámina asfáltica», explicó el arquitecto. No obstante, admitió que es posible que algunas de las soldaduras de los paneles de plomo que se colocaron estén fallando, pero incidió en que «eso se puede reparar». Asimismo, indicó que su proyecto incluyó no solo la actuación sobre las cúpulas, sino también la realización de un recorrido de bajantes fabricados con un hierro especial, más duradero, para expulsar el agua.

Juan José Jiménez Mata opinó que lo prioritario para la correcta conservación de la Catedral es hacer obras «de mantenimiento, que son más rentables que las obras grandes». Una postura que coincide con la reflejada en el informe de la delegación de la Consejería de Cultura, en el que se asegura que «no ha quedado probado que afecten a la impermeabilización» las grietas aparecidas en el revestimiento cerámico, «posiblemente debidas a la inexistencia de juntas de dilatación», según señala la Junta. El Gobierno andaluz aboga por estudiar y reparar una intervención que, a su juicio, «ha demostrado un alto índice de eficacia» y «ha atenuado en gran medida los problemas de humedades por infiltración», afirmaciones de Cultura que contrastan con el deterioro progresivo de las bóvedas interiores.

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