Una ciudad molesta para los oídos

Domingo Guardia toma mediciones junto a las terrazas de la plaza de la Merced. / Fernando González

SUR comprueba que Málaga supera en su actividad diaria los 65 decibelios que marca el reglamento andaluz como máximo nivel sonoro

Juan Soto
JUAN SOTOMálaga

Si pensamos en fuentes de contaminación acústica en la ciudad, a todos nos viene a la mente el tráfico, los bares, las terrazas de los restaurantes, las obras o los niños chillando en el patio del colegio. Pero, ¿y si dijéramos que en la calle Larios, una vía peatonal en donde no hay tráfico, ni bares, ni menores dando pelotazos a un balón, se superan todos los límites acústicos marcados en el decreto andaluz? Más aún, ¿y si dijéramos que en esta calle comercial hay tanto ruido como el que se sufre en muchas vías por donde pasan los coches?

La realidad es que Málaga es una ciudad en donde se superan los límites de ruido permitidos en su actividad diaria. No es algo que digamos nosotros, sino los profesionales con los datos en la mano. Para contrastarlo hemos medido los diferentes sonidos que se generan en la ciudad con un sonómetro profesional. ¿El resultado? Que apenas es posible encontrar una calle en donde se baje de los 65 decibelios marcados como objetivo en el Reglamento de Protección contra la Contaminación Acústica en Andalucía recogido en el decreto 6/2012 de la Junta de Andalucía.

La sanción impuesta a dos centros educativos de la capital –el CEIP Lex Flavia Malacitana y el CEIP Revello de Toro– por sobrepasar los límites acústicos permitidos en la ordenanza nos ha hecho preguntarnos si algo así ocurre de forma excepcional o si, por el contrario, superar los 65 decibelios permitidos en zonas residenciales en horario diurno es algo más común de lo deseado. Ylos resultados han hablado por sí solos.

Para realizar este estudio acústico contamos con la ayuda de Domingo Guardia, ingeniero acústico y responsable de la empresa Guardia Ingeniería & Gestión. Las mediciones las realizamos con un sonómetro integrador tipo 1, uno de los más avanzados que existen y que cuenta con un margen de error de 0,1 decibelios. «Los resultados que obtengamos van a asombrar bastante», advierte antes de comenzar el recorrido. «Muchas veces no somos consciente del ruido que generamos simplemente cuando hablamos», apunta.

El estudio lo realizamos a lo largo de dos jornadas –jueves y viernes– y lo comenzamos en Cruz de Humilladero, en donde cada jueves se celebra el mercadillo semanal. Aparentemente es un día tranquilo de compras. Ya ha pasado el mediodía y apenas hay clientes en el interior del recinto, pero aun así el medidor registra un sonido medio de 74,6 decibelios. El simple reclamo de ‘un kilo de tomates a dos euros’ hace que el medidor se dispare hasta los 79 decibelios, un registro que supera con creces los 55 que marca la Unión Europea como umbral diario para evitar molestias.

Alertan de que muchos pisos carecen del aislante necesario

La Organización Mundial de la Salud establece que un sonido por encima de los 55 decibelios ya genera un fuerte malestar en la salud en exteriores habitables, y que a partir de 70 pueden generarse daños en el oído si el sonido se mantiene de forma generalizada. Ypor ello, las mediciones realizadas en diferentes puntos de la ciudad muestran datos preocupantes.

Los expertos explican que el verdadero problema radica en que las administraciones sólo están centradas en controlar el ruido que generan los emisores definidos (como la hostelería) y no en el que se genera de forma habitual en las calles. Por ejemplo, el Reglamento de Protección contra la Contaminación Acústica en Andalucía establece que un negocio no puede emitir al exterior más de 55 decibelios, aunque en la calle se supere esa cantidad con creces. El ingeniero acústico Domingo Guardia explica que en muchas ocasiones el problema del ruido es doble porque las viviendas no cuentan con el aislamiento acústico necesario, algo que evitaría muchas molestias y quejas vecinales.

A modo de ejemplo, uno de los centros educativos denunciados por exceso de ruido en la capital superaba en siete decibelios el máximo permitido por ley, cuando cualquier día en la calle Larios ese límite se sobrepasa por encima de 10.

Ya camino del Centro, durante el mismo jueves también se realizaron pruebas en la Alameda Principal, en donde el medidor alcanzó una media de 74 decibelios y picos de hasta 78,4 pese a que a esa hora ya estaban paradas las obras del Metro y apenas circulan los coches en una dirección. En este punto, al paso de un autobús de la EMT, quedó claro uno de los principales retos acústicos a los que se enfrenta la ciudad: un transporte de este tipo dispara el medidor por encima de los 80 decibelios.

Para concluir la prueba del jueves nos desplazamos hasta la plaza de la Merced, espacio en donde se dan cita numerosos negocios de restauración con terraza. Y casualmente están casi todos vacíos. Pese a ser ya las 14 horas, sólo unos pocos negocios tienen actividad y el sonido generado se sitúa de media en 64,7 decibelios (la única medición de todas las realizadas en las que se cumplen los objetivos acústicos de la Junta). Pese a ello, con el paso de los turistas y de alguna carretilla de reparto alcanzamos los 73 dBA. «Con las terrazas llenas, el problema se multiplica porque todos tendemos a hablar más alto para que nos escuche el de al lado», razona Domingo Guardia.

Inicio en el Centro

La jornada del viernes comienza de nuevo en el Centro, en la principal arteria comercial de la capital: la calle Larios. Aunque para las personas que trabajan en esta zona no es algo desconocido, la vía nos depara una las principales sorpresas del estudio, ya que se alcanzan niveles medios de 72 decibelios pese a que no circulan vehículos ni hay negocios de restauración. «Es el ruido que generamos las personas; y lo peor de todo es que contra eso no se puede hacer nada», expone nuestro guía. Recorremos la calle a las 13 horas, y al llegar a la altura del hotel Room Mate Larios el medidor se dispara por encima de los 75 decibelios porque hay una aglomeración de personas esperando para participar en el casting de la próxima edición del televisivo Gran Hermano.

Sólo en una de las muestras se obtuvo un nivel inferior al marcado en la normativa

En la calleLarios, una vía sin tráfico ni bares, hay casi el mismo ruido que en un mercadillo

Calle arriba, en dirección a la plaza de la Merced, nos topamos con una banda de música callejera que anima a los viandantes en la plaza del Siglo. Los artistas también hacen subir el medidor, que supera por momentos los 90 dBA cuando aplauden los improvisados espectadores. Después, de regreso, ocurre algo similar en la calle Strachan. Es la hora de comer y los artistas callejeros campan a sus anchas entre los negocios de hostelería. «Para las personas que vivimos o trabajamos en el Centro, algo así lo sufrimos todos los días», explica el responsable de Guardia Ingeniería & Gestión, cuya oficina se localiza en la propia plaza de la Marina.

Para palpar otras dos realidades bien distintas, abandonamos el Centro y nos dirigimos a la zona Norte. Para comenzar realizamos mediciones junto al hospital Carlos Haya. Allí, pese a haber un gran cartel en el que se prohibe hacer sonar el claxon, el simple paso de los vehículos es suficiente para que los decibelios aumenten por encima de lo permitido. Se alcanza una media de 73, aunque los picos superan los 90 decibelios cuando pasa una moto. «¿A que hay ruido, verdad?», nos espeta un motorista que sale a todo gas como para que calibremos su medio de transporte. «Otro de los problemas que sufrimos en la ciudad es que muchas motos no pasan la ITV y emiten más ruido del que está permitido», apunta.

Para terminar el estudio nos trasladamos hasta la parte superior del falso túnel de Carlos Haya para medir el ruido que genera el tráfico por la autovía y el efecto que surten los paneles acústicos allí instalados. Son ya las 14.30 horas y el tráfico es intenso. Tanto que hay atasco en dirección a la avenida de Valle-Inclán, y el sonómetro lo nota. En la autovía se registran valores por encima de 84 decibelios, aunque en la zona donde se encuentran los paneles se constata una media de 71.

El problema, concluye Domingo Guardia, es que no todo se puede resolver con paneles acústicos como en este caso, o incluso como se ha propuesto para resolver el exceso de ruido generado en el caso concreto del CEIP Lex Flavia Malacitana. «Los niños tienen que jugar y no se les puede criminalizar cuando el panorama en la ciudad es similar; todos debemos ser más tolerantes», subraya.

Estudio realizado: Con un sonómetro integrador tipo 1 Cesva SE420. Para obtener la media se tomaron muestras de 3 minutos.

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