Cierra el decano de la moda en Armengual de la Mota

Carlos Rodríguez, en la puerta del negocio en la calle Armengual de la Mota./Fran Acevedo
Carlos Rodríguez, en la puerta del negocio en la calle Armengual de la Mota. / Fran Acevedo

Carlos Rodríguez se jubilará a finales de mes después de más de medio siglo vendiendo ropa de señora

Juan Soto
JUAN SOTOMálaga

Con apenas 18 años supo que quería ser empresario. Yno le salió mal. Carlos Rodríguez, hasta entonces un simple dependiente de una tienda de telas de la calle Mármoles, se propuso el reto de abrir una negocio propio en la zona. Comenzó a ahorrar y al cumplir los 30 invirtió todos su dinero en la apertura de una tienda de moda y confección para señoras en la calle Armengual de la Mota. «Me costó unas 60.000 pesetas y apenas tenía 22 metros», recuerda. Hoy, a sus 84 años y tras más de medio siglo detrás del mostrador, ha decidido que es el momento de parar y jubilarse. «Un día me desperté y pensé que ya era hora», dice con cierto pudor.

Carlos Rodríguez, la tienda, que lleva su mismo nombre, abrió en enero de 1967 y en poco tiempo se convirtió en todo un referente en la zona, ya que fue uno de los primeros en toda la ciudad en ofrecer confección. Su propietario recuerda que la calle estaba comenzando a construirse y que apostó por este enclave porque ya le conocían las clientas tras su paso por la tienda Las Américas, en donde estuvo más de diez años como dependiente. Explica que junto a él apenas estaba el cine Royal, la farmacia y muchas huertas. Eran otros tiempos. Tanto que «el Ayuntamiento nos pidió 15.000 pesetas a los comerciantes para construir la calle».

Abierto en enero de 1967, este empresario fue el primero en introducir el negocio de la confección en esta zona del Centro

El primer local le costó 60.000 pesetas y apenas tenía 22 metros cuadrados

Los comienzos fueron de mucho trabajo. Carlos Rodríguez asegura que era un negocio que hacía falta en la zona, por lo que el trabajo era continuo. «Trabajábamos todos los días de la semana, sin cerrar un sólo día del año», explica. Aunque hubo momentos complicados, agradece que nunca ha tenido que devolver una letra por falta de liquidez.

Al tener una tienda tan pequeña recuerda que los clientes se le amontonaban junto la puerta y hacían cola a lo largo de la calle, lo que provocó alguna que otra confusión curiosa. Rememora especialmente el día que se proyectó la película E.T. en el cine de verano contiguo. Como en su tienda también había una larga fila, muchos clientes del cine se pusieron en la de la tienda cuando en realidad querían comprar las entradas. «Cuando la tienda se llenaba tenía que cerrar la puerta para poder atenderlas, por lo que se generaba mucha cola en la calle», dice.

Con el paso del tiempo el negocio fue creciendo y sometiéndose hasta a seis reformas completas. En la actualidad, cuando ha colocado los carteles de liquidación, cuenta con unos 140 metros cuadrados y tres empleados. De momento no sabe cuándo cerrará, aunque confía en que sea a finales de mes, cuando liquide toda la mercancía que le quede. «Desde que he puesto los carteles no he parado de recibir abrazos y besos; muchas personas me preguntan qué van a hacer ahora, y es que ya casi no quedan tiendas multimarca como esta», lamenta.

Fue un asiduo a las principales pasarelas de Madrid, Barcelona, París y Milán

Confiesa que los mejores años fueron los posteriores al 77, cuando llegaron a tener hasta ocho dependientas y todo el mundo estaba acostumbrado a comprar en tiendas de barrio. Por contra, su peor momento llegó con las aperturas de El Corte Inglés y Zara en la misma calle, que durante varios años redujo el número de clientas. «Fue sobre todo por la novedad, aunque después volvieron».

En todo este tiempo Carlos Rodríguez ha visitado cada temporada las principales ferias de moda de Madrid, Barcelona, París y Milán, y negociado con todo tipo de empresarios. Entre otros con el mismo Amancio Ortega, al que le compraba batas y trajes de señora en los inicios de su imperio. «Es una gran persona que también se lo ha trabajado desde que era muy pequeño».

Surtido y calidad

Con más de 50 años de experiencia, considera que el secreto del éxito se resume en dos únicas palabras: surtido y calidad. Arropado en todo momento por su mujer y por su familia –una de sus hijas aún sigue trabajando en el establecimiento–, se acuerda ahora de todas esas clientas que le han visitado de forma habitual desde todos los puntos de la provincia (Antequera, Vélez-Málaga, Marbella...) o incluso de famosas como la actriz y modelo malagueña Remedios Cervantes.

Ahora que ya ha decidido el cierre, confiesa que el sector del textil no es como antes y lamenta que todas las tiendas multimarca estén desapareciendo por el cambio de gusto de los clientes. De hecho, en la ciudad hay ejemplos recientes como los cierres de Navarro, en la calle Nueva, o de Ceisa, en la calle Larios. «Los clientes buscan ahora el precio por encima de la calidad, por lo que el sector del textil está cambiando muy rápido», resume.

Carlos Rodríguez ya ha colocado los carteles de liquidación.
Carlos Rodríguez ya ha colocado los carteles de liquidación. / F. Acevedo

Aunque también la calle en la que se ubican. Otrora referente comercial en la ciudad, Armengual de la Mota ha sufrido en exceso las obras del metro y la caída en el número de compradores. Pese a que poco a poco comienza a remontar y ya se vislumbra la apertura de nuevos comercios, Carlos Rodríguez dice que los tajos junto a El Corte Inglés y los cambios de tráfico casi les hunden. «No han tenido en cuenta que aquí hay muchos empresarios que tienen que vender», sostiene.

No obstante, él prefiere quedarse con todos los momentos buenos que ha vivido en el interior del negocio y marcharse con palabras de agradecimiento. «No nos vamos con pena; el cierre no va a ser una noticia triste porque este local se ocupará seguro con otra tienda y tendrá también mucho éxito», augura convencido.

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