Cuando la 'Torre Mónica' fue la chimenea de Los Guindos

La Fundición de Plomo de Los Guindos en pleno funcionamiento. / Apidma Málaga

La fundición de plomo a la que pertenecía dio trabajo a más de 250 personas y dejó de escupir humo en 1979. Esta es su historia

JON A. SEDANOMálaga

Era otra Málaga. Donde hoy hay paseos junto a la playa, como el de la Misericordia, hace poco más de cien años había grandes fábricas que se dedicaban a la fundición. El humo de sus chimeneas cubría el cielo de la zona como si de calima se tratara. El paisaje turístico no existía. En su lugar había edificaciones de ladrillo, que hoy han quedado como recuerdo en fotografías en blanco y negro. Las últimas chimeneas de Málaga se erigen como vestigios de aquella industria que dio de comer a miles de malagueños. Era la Málaga industrial del siglo XIX

A mediados de 1800 Andalucía contaba con grandes latifundios, donde el trabajo de jornalero era una de las principales salidas para sobrevivir. Frente a la vida rural, Málaga se convirtió en una de las ciudades españolas más industriales. El yacimiento de hierro encontrado en Ojén propició que en Marbella se fundaran los segundos Altos Hornos de España, que llegaron a convertirse en los más importantes de la Península. La cercanía al mar y las posibilidades de extensión que tenía la ciudad jugaban a su favor. El 'skyline' de aquella Málaga a pie de playa pasó a ser totalmente industrial. Fábricas que iban desde fundiciones a textiles ocupaban todo el litoral, desde San Andrés hasta La Malagueta.

Nada queda de aquel pasado, salvo sus chimeneas. Entre ellas, hay una con nombre propio. La 'Mónica', cuya historia de amor adolescente ocultó su verdadero origen. Antes fue 'el tubo' y mucho antes, cuando aún escupía humo, la chimenea de Los Guindos. Un informe encargado por el grupo municipal Málaga Ahora, en el que se ha detectado plomo en la arena de la Misericordia, revela lo frágil de la memoria. Aquella fábrica y su imponente chimenea pertenecían a una fundición de plomo, que cerró sus puertas en noviembre de 1979.

La Fundición de Plomo de Los Guindos fue una de las grandes fábricas malagueñas que durante más de 50 años dio cobijo a trabajadores y a sus familias.

El interior de la Fundición de Los Guindos. / Apidma

El profesor Antonio Santiago, vocal de la (Apidma), cuenta que su origen está en una empresa madrileña. En 1920 se crea la Compañía Minerometalúrgica Los Guindos, que debe su nombre a unas minas que la empresa tiene en Linares-La Carolina. Eligieron Málaga por tres razones: el puerto, el comercio y la mano de obra cualificada.

El cambio de modelo y la competencia con el País Vasco

Los Altos Hornos de Vizcaya, que habían nacido en 1902, se convirtieron en una competencia contra la que Málaga no podía luchar: tenían sus propias minas cerca, mientras que la capital malacitana debía importar el carbón mineral desde Inglaterra o Alemania. De hecho, a comienzos de la década de 1860, los Loring montaron una línea de ferrocarril entre Málaga y Córdoba para traer carbón, aprovechando la escasez del norte por las guerras carlistas. El problema llegó cuando lograron implantarlo, ya que la situación en Vizcaya se había estabilizado y la fabricación había comenzado de nuevo. Por ello, Málaga fue abandonando la producción de hierro para dar lugar a otro tipo de modelo económico, con varios sectores, como el químico y el comercial. El puerto, con su fondeadero, seguía en constante movimiento, mientras que la gran tradición industrial de la zona había generado mano de obra cualificada.

Este precedente llamó la atención de Los Guindos, que decidió instalar su fundición en lo que ahora es el Paseo Marítimo Antonio Banderas. Generaban piezas de todo tipo para atender la demanda de plomo para tintes y pinturas y crear plata con la que comerciar desde el puerto, al que todas las fábricas tenían acceso mediante la red ferroviaria. Además, la cercanía al mar permitía suministrar agua de forma directa para refrigerar las calderas.

La fábrica, diseñada por el ingeniero y barón alemán Félix von Schlippenbanch, contaba en su interior con un gran horno de fusión, varios hornos para plata y una chimenea de 106 metros. Sus trabajadores, que superaban en número los 250, vivían en ella como si de una colonia se tratara, ya que los hornos no se podían detener.

Las familias convivían junto a los operarios, utilizando la escuela, ambulatorio y economato que se habían levantado junto a la fábrica. Alguno de ellos, como el difunto Francisco Jurdao Arrones, llegaron a compaginar sus estudios con el trabajo en la fundición. El padre de Jurdao era operario de Los Guindos y él, con 12 años, siguió la estela familiar.

Pero no muchos podían llegar a jubilarse en la fábrica. “La fundición era altamente tóxica, ya que por aquel entonces no se tenían las consideraciones medioambientales actuales. La mayoría de operarios se jubilaba a los 56 años”. De hecho, se crearon sindicatos para poder cubrir las ayudas de los enfermos.

Horno de fusión de la Fundición de Los Guindos. / Apidma

Esta toxicidad obligaba a que las chimeneas tuvieran más de 100 metros. Concretamente, la ‘Torre Mónica’ tenía 106 metros. Pero aunque la chimenea de la fundición se haya convertido en bien de interés cultural de la ciudad, hubo un tiempo en el que su futuro fue incierto. Años después de cerrar la fábrica, el proyecto del paseo marítimo puso en jaque su esperanza de vida, ya que se pensó en destruirla. Colectivos ciudadanos de la zona y constructoras implicadas lograron salvarla, convirtiéndola con su remodelación en un icono de lo que Málaga fue hace años.

Su altura tuvo que ser recortada siete metros por el deterioro que el agua y los rayos habían producido en sus ladrillos; que habían inclinado el último tramo. La gran chimenea que durante un tiempo llevó el nombre de Mónica escrito en ella, pasó a ser restaurada en 2008. Se borró el nombre, se limpió el hollín y se puso en la parte superior una placa metálica para evitar futuros deterioros. ¿Te has fijado a través de los cristales antivandálicos en el péndulo que hay en el interior? Su objetivo es lograr que por el peso la placa de metal que hay en la parte superior no se mueva.

Ahora, casi 100 años después de que viera la luz la chimenea de la Fundición de Los Guindos, esta forma parte junto a otras de los iconos que recuerdan a la Málaga obrera. Una Málaga que dista mucho de la que vemos hoy en día, pero que consiguió situar la ciudad en el mapa industrial del mundo.

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