«Si esa chapa se abría del todo hubiera sido una guillotina»

Afectados por el accidente, junto al convoy. /Salvador Salas
Afectados por el accidente, junto al convoy. / Salvador Salas

Varios ocupantes del tren, entre ellos el portavoz de Ciudadanos en Málaga, Carlos Hernández White, cuentan cómo se produjo el descarrilamiento

JUAN CANO y MARIA DOLORES TORTOSAMálaga

Viajaba de Málaga a Sevilla para asistir al pleno del Parlamento andaluz, que se celebró ayer por la tarde. «De hecho, en ese momento estaba preparándomelo, escribiendo algunas cosas en la tablet, cuando noté un balanceo brutal, muy brusco. Como si fuera un terremoto». Así describe el diputado regional y portavoz de Ciudadanos en Málaga, Carlos Hernández White, el descarrilamiento del tren que cubría el trayecto entre las dos capitales andaluzas. Él es uno de los setenta ocupantes del convoy, la mitad de ellos heridos en el accidente, que ocurrió en la localidad hispalense de Arahal. «Estoy bien, no tengo ninguna herida, otra cosa es de ánimo... «, confesaba ayer desde las vías, apenas una hora después del suceso, donde aguardaba junto al resto de viajeros ilesos la llegada de un servicio especial habilitado por Renfe que les llevará hasta Sevilla.

El diputado malagueño viajaba en el primer vagón en el sentido de la marcha. «Todo empezó a moverse de repente, no sabíamos qué estaba pasando. Cuando nos hemos bajado, hemos visto que el tren había descarrilado. Los tres vagones han quedado fuera de la vía. Han sido momentos de mucha angustia, esto podía haber sido un desastre, una catástrofe». Según relata, los ocupantes del último de esos vagones son los que se llevaron la peor parte, ya que es el único que ha volcado parcialmente; un milagro teniendo en cuenta que el convoy circuló unos 200 metros fuera de las vías.

Los dos heridos más graves tuvieron que ser evacuados en helicóptero.
Los dos heridos más graves tuvieron que ser evacuados en helicóptero. / Salvador Salas

En otro de los vagones viajaba Rosa Cañete, una vecina de Torremolinos que describió de este modo tan gráfico el instante del descarrilamiento: «Todo se movió, la gente era zarandeada en el vagón, y mirábamos al techo, que se abría, pensando en que si esa chapa se abría del todo sería una guillotina». Ella sí es una de las personas heridas en el suceso. Presenta un golpe en la cadera, pierna y cuello, aunque sin gravedad. La policía la trasladó al centro de salud de la localidad, donde fue evaluada y dada de alta.

La evacuación se convirtióen un pequeño caos al estar los caminos embarrados

La evacuación de heridos y viajeros ilesos se convirtió en un pequeño caos al estar embarrados los caminos y terreno de acceso al lugar del accidente. Manuel Pérez cuenta a sus dos yernos que le fueron a buscar que tras los momentos de pánico, la reacción de los viajeros fue la de preguntarse unos a otros cómo estaban. Luego las llamadas de móvil para tranquilizar a familiares y a esperar. Los servicios de emergencias con policías y personal sanitario se movilizaron de inmediato, pero no podían avanzar en vehículos por un campo de olivar anegado y veredas enfangadas, explicaba el alcalde de Arahal, Miguel Ángel Márquez.

Manuel recuerda a dos guardias civiles llegando a pie «después de andar dos o tres kilómetros». También lo hicieron algunos facultativos, los primeros en realizar el triaje de los heridos. La evacuación de estos, sin embargo, tardó más de dos horas. Hicieron falta todosterreno militares de la base de Morón y tractores de los agricultores de la zona para abrir paso y remolcar ambulancias por los caminos. El helicóptero para evacuar al herido más grave se tomó su tiempo hasta conseguir aterrizar sobre la vía.

Este caos hizo que a lo largo del día variara la cifra de heridos del accidente, hasta concretarse en 37. Algunos de los pasajeros no esperaron a ser evacuados y, como Manuel, se fueron por su cuenta al hospital. El tren fletado para trasladar a los pasajeros accidentados también tuvo su pequeña odisea, cambiando de itinerario y destino por el mal estado de la vía.

Rosa Cañete contó a Efe que, unos minutos antes del accidente, sobre las 9.45 horas, un revisor se pasó por los distintos vagones para avisar a los pasajeros de que iban a hacer un transbordo por el mal estado de la vía, que previamente ya había estado cortada en otro punto cercano por la fuerte tromba de agua que descargó en la zona. Curiosamente, un cuarto de hora más tarde, el empleado de Renfe volvió a informarles de que había cambio de planes y que continuaría el viaje hasta Sevilla, donde el tren tenía prevista su llegada a las 10.30 horas. «En ese momento nos extrañamos, porque nos preguntábamos cómo era posible que en un cuarto de hora todo se hubiese solucionado. Poco después, el vagón descarriló», dijo la vecina de Torremolinos.

Manuel Pérez, jubilado, cogió el tren en Marchena para visitar en el Hospital Virgen del Rocío a su nieto, que sale adelante de una operación delicada. Allí acabó Manuel al mediodía, pero en las urgencias y con un fuerte traumatismo de espalda. Es uno de los heridos del accidente. Su yerno, Francisco Díaz, fue a recogerle en su choche, pero no podía acceder al lugar donde el tren descarriló por estar los caminos embarrados. Aguardó en la estación de Arahal hasta que un coche de la policía local trasladó a Manuel y luego su familia lo llevó a las urgencias. «La suerte es que el tren no se ha volcado, se ha salido y ha traqueteado por la vía; si no, la desgracia hubiera sido grande», comentaba a su yerno.«Ha sido un susto tremendo, la gente daba botes y llegaban al techo, vio a una mujer con un dedo roto», cuenta Francisco Díaz.

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