El Castillo de San Lorenzo, la defensa de Málaga frente a los piratas ingleses

Parte del muro recuperado durante las obras del metro/
Parte del muro recuperado durante las obras del metro

Fue ordenador levantar por Carlos II, pero un siglo más tarde fue demolido para abrir la actual Alameda

FRANCISCO GUTIÉRREZ

Las obras del Metro en la Alameda han puesto al descubierto restos arqueológicos que se corresponden con el denominado fuerte o Castillo de San Lorenzo. Pero quien piense en torres y almenas, fosos y puentes levadizos está muy equivocado. No hay nada de romanticismo ni se encontrará una edificación medieval.

El Castillo de San Lorenzo fue una construcción de la Edad Moderna, que ordenó levantar el rey Carlos II para defender la ciudad de Málaga frente a los habituales ataques de los piratas ingleses y de la armada francesa, que desde Gibraltar tenían muy a mano la costa malagueña, desprovista de defensa.

Fue Carlos II quien envió a Málaga al prestigioso ingeniero Hércules Torelli. La armada francesa acababa de bombardear el puerto de Málaga. El profesor y doctor en Historia Moderna Francisco Cabrera ha estudiado a fondo las infraestructuras militares del puerto de Málaga en el siglo XVIII. Señala el historiador de Torelli llegó a Málaga con el encargo de reforzar las murallas, proteger las zonas urbanas amenazadas por las crecidas del Guadalmedina y construir algunos fuertes. El ingeniero levantó planos y proyectó edificaciones, pero por falta de fondos solo se llegó a construir el castillo de San Lorenzo.

Plano del castillo de San Lorenzo. Archivo General Militar de Segovia.
Plano del castillo de San Lorenzo. Archivo General Militar de Segovia.

La construcción del castillo se terminó en diciembre de 1701. Era de planta sencilla e irregular, para adaptarse al terreno. Aunque se proyectó la construcción de una sala de armas, nunca se materializó. La ubicación del castillo, en la misma orilla de la playa, propició que periódicamente fueran necesarias obras de cimentación por los daños que provocaban los temporales. El avance de la costa lo alejó de la línea de agua, por lo que perdió su utilidad defensiva. Jorge Próspero de Verboom, ingeniero militar español de origen flamenco, capitán general y fundador del Real Cuerpo de Ingenieros, afirmó la imposibilidad de proteger la ciudad por el lado de tierra debido a la existencia de casas, iglesias y barrios enteros adosados a las murallas. Este mismo autor describe el estado de la fortificación en 1722 enviado por el Marqués de Salazar. Ya en esta época, las murallas se hallaban muy deterioradas y se planteaba como únicamente recuperables las de Gibralfaro y las de la Alcazaba. Estas opiniones unidas a la necesidad de nuevo suelo urbano llevaron al derribo, en primer lugar, del murallón de tierra, donde a partir de 1728 se levantarían las casas que conforman las calles de Carretería y Álamos. El murallón meridional dilató algo más su permanencia por formar parte del complejo defensivo montado en torno al puerto, su progresiva ruina unida a la ampliación de la catedral, la construcción de la aduana, el trazado de la Alameda y el aumento del tráfico en el puerto conducirían a un proceso de apertura hacia el mar, marcado por el derribo de la cerca sur. Una Real Orden de 1786 pone a la venta el trozo de muralla entre Puerta del Mar y Puerta Oscura y en ese mismo año se vende también la zona de San Andrés. Por último, para prolongar la Alameda se derribaron en 1800 Torre Gorda y el Castillo de San Lorenzo, finalizando el proceso desmilitarizador el perímetro urbano de Málaga, perdiendo ésta con ello el carácter árabe que la caracterizó.

Según Francisco Cabrera, buena parte de la burguesía malagueña, como Manuel Agustín Heredia, se haría con parte de estos terrenos en la nueva Alameda que se abría en la ciudad.

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