Buscan ayuda para repatriar a un malagueño muerto en una cárcel de Perú

Pepi Atienza muestra el retrato de su hijo, que llevaba tres años encarcelado. / PAULA HÉRVELE

La familia de José Antonio Fortes, que lleva casi un mes en la morgue tras fallecer por una tuberculosis pulmonar, denuncia condiciones de insalubridad

Juan Soto
JUAN SOTOMálaga

Vivía con la ilusión de regresar pronto a casa, o al menos eso le contaba a su madre. Pero le está costando hacerlo incluso después de muerto. José Antonio Fortes, un malagueño que llevaba tres años recluido en el penal Sarita Colonia, en Lima (Perú), falleció el pasado 25 de junio a causa de una tuberculosis pulmonar sin que sus familiares hayan logrado aún traer el cuerpo de vuelta a casa. Tras numerosos problemas burocráticos –necropsia incluida– la familia no cuenta con los medios económicos necesarios para realizar el traslado del cuerpo. Desde entonces descansa en una morgue a la espera de ser incinerado como paso previo a su viaje a España.

La historia de José Antonio es similar a la de tantos españoles encarcelados en prisiones de Sudamérica: hace tres años fue sorprendido con droga en el aeropuerto de Lima y fue condenado y encarcelado. Su madre, Pepi Atienza, recuerda que al principio se encontraba con fuerzas, pero que su salud comenzó a quebrarse hace unos tres meses. «Sólo les daban de comer arroz una vez al día y bebían agua estancada, por lo que yo le mandaba dinero para que comiera en la Cantina. Allí todo se mueve con dinero», explica con lágrimas en los ojos.

En abril su hijo le dijo que había enfermado, que tenía una infección muy grande porque los insectos que hay en la prisión le habían picado y que incluso tenía huevos dentro de la piel. «Yo le mandé dinero para que se pusiera antibióticos y mejoró bastante», recuerda. Al menos eso pensaba hasta que el pasado 26 de junio les llamaron para informarles del fallecimiento.

Su hija Raquel, la hermana del fallecido, que es quien está tramitando todos los documentos para la repatriación, explica que se puso peor dos días antes de morir, aunque allí nadie le hizo caso y «no llamaron a la ambulancia hasta que ya había fallecido». Desde ese día agradece la ayuda prestada tanto por el Consulado de España como por la Fundación +34, que ayuda a las familias y a los presos que se encuentran encarcelados en el extranjero.

Una vez asimilado el fallecimiento, todos los intentos de la familia han ido encaminados a traerse el cuerpo lo antes posible, aunque de momento no lo han logrado. En un primer momento les dijeron que no sabían las causas de la muerte y que debían esperar a que llegaran los resultados de la necropsia. Y desde entonces se han topado con multitud de trabas, sobre todo económicas, que aún no han sido capaces de sortear.

Inicialmente trataron de que el seguro de decesos se hiciera cargo del traslado, pero se encontraron con la negativa de la empresa porque llevaba más de tres meses en aquel país. Raquel explica que hacerlo de forma particular cuesta cerca de 10.000 euros, una opción que descartaron casi de inmediato por su alto coste. La alternativa que manejan en la actualidad es incinerarlo allí y transportarlo hasta España. Sólo el primer paso tiene un coste de 2.500 euros al cambio, un dinero que les ha costado casi la misma vida conseguir, y todo gracias a la ayuda económica que hará la Fundación +34. «Con un poco de suerte lo incinerarán mañana, cuando les llegue el dinero», resume. Al parecer, la intención que manejaban las autoridades de Lima era enterrarlo en un espacio habilitado dentro de la propia prisión. «Lleva demasiados días en la morgue con el peligro que supone de contagios».

El último paso en este accidentado regreso será el traslado de la urna funeraria, que tendrá un coste superior a los 2.000 euros. Dice que desde la Fundación se han ofrecido a traerlo ellos, pero que no tienen dinero para pagar el pasaje. «En este punto estamos y no sabemos cómo hacer para que mi hermano pueda descansar en paz y en casa».

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