El Ayuntamiento atiende al año a unos 130 menores víctimas de violencia de género

Angélica Cuenca, Ruth Sarabia, Julio Andrade, Mar Torres y Santi García, ayer. :: sur/
Angélica Cuenca, Ruth Sarabia, Julio Andrade, Mar Torres y Santi García, ayer. :: sur

Expertos aseguran que muchos de ellos culpabilizan a la madre de lo que ocurre en casa y repiten las conductas machistas

ÁLVARO FRÍAS MÁLAGA.

En los casos de violencia de género, las mujeres no son las únicas víctimas. También sufren las consecuencias de estos comportamientos los menores que se encuentran en la vivienda, al ser testigos de estas situaciones e, incluso, llegando a sufrir agresiones con el objetivo de hacerle daño a la madre.

Por ello, los especialistas, además de trabajar con las mujeres, también lo hacen con sus hijos. Un ejemplo de ello es la labor que se desarrolla por el área de Igualdad del Ayuntamiento de la capital, que, a través de la asociación Deméter, atiende a una media de 130 menores al año víctimas de la violencia machista.

Deméter es una asociación que se creó en Málaga en 2008. Trabaja con menores en casos en los que la madre ya no conviva con el agresor y atienden a menores desde recién nacidos hasta los 18 años. Y es que también hay casos de menores víctimas de la violencia de género que son muy pequeños. Mayte Pérez-Caballero Molina, su presidenta, explica que se dan situaciones en los que bebés de pocos meses cambian sus comportamientos tras haber vivido estas situaciones y, por ejemplo, dejan de comer o lloran con el mínimo ruido. «Ahí trabajamos con ellos a través de las madres», apunta.

A medida que crecen, los síntomas que presentan los menores que acuden a la organización se repiten. La ansiedad y las pesadillas son los más comunes, pero también hay algunos que tienen trastornos alimenticios como anorexia o bulimia, entre otros. De hecho, la asociación deriva a especialistas médicos los casos más graves que se encuentran, como niños y niñas que incluso se autolesionan.

Pérez-Caballero indica que se encuentran con menores que son muy buenos, pero que sufren: «Creen que ellos son los culpables de lo que está ocurriendo en la casa y tienen un comportamiento exquisito, con el fin de evitar más problemas».

Sin embargo, hay otros casos en los que la agresividad es la nota predominante del comportamiento. Muchos incluso repiten hacia sus madres las conductas que han visto en casa una vez que el maltratador se ha ido de la vivienda, profiriendo insultos, controlando a la mujer y hasta llegando a agredirla.

Lo cierto, según señala la presidenta de la asociación, es que muchos de los menores culpabilizan a la mujer de la situación de violencia de género. Bien porque consideran que debería haber reaccionado antes o porque la culpan de provocar lo que ocurre. «Con el agresor tienen un sentimiento encontrado, porque si bien le tienen miedo, también le quieren», apunta.

Una diferencia que se da entre niños y niñas víctimas de la violencia machista es que ellas son más agresivas en su comportamiento en casa. Pese a ello, fuera de la vivienda, en el resto de las relaciones sociales son más sumisas. Pérez-Caballero dice que estos menores tienden a normalizar lo que ocurre en sus casas. Aprenden esa forma de relacionarse y la repiten con sus parejas, por lo que es una forma de que la violencia de género perdure si no se trabaja con ellos también en este sentido y no solo para recuperarse del trauma que han sufrido.

Normalmente, la asociación trata a los niños y niñas víctimas de violencia de género durante seis meses o un año hasta que se recuperan. Aun así, hay casos en los que hay recaídas y la terapia continúa con ellos, ya que ésta no está limitada en el tiempo.

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