El auge del alquiler vacacional 'expulsa' de las zonas Centro y Este a inquilinos de larga estancia

Imagen de archivo del interior de una vivienda del Centro./SUR
Imagen de archivo del interior de una vivienda del Centro. / SUR

Un número creciente de arrendatarios ven cómo sus caseros no les renuevan el contrato para destinar sus viviendas a uso turístico

NURIA TRIGUERONURIA MÁLAGA.

El artista malagueño José Luis Puche soñaba desde hacía mucho tiempo con vivir en el Centro. Quería estar cerca de los museos, las galerías y la vida cultural de Málaga. Hace cuatro años lo consiguió: él y su pareja encontraron un piso de alquiler «estupendo» en la calle Montaño. «El primer año fue fenomenal, me encantaba estar en el centro de todo. Tenía mi estudio muy cerca, íbamos a todas las inauguraciones de exposiciones...», relata. Un día empezaron a ver más trasiego del habitual en su bloque, que tiene sólo doce viviendas. «Una chica que estaba de alquiler puso su piso en Airbnb con el consentimiento de su casero». Y empezaron los problemas: botellones en los descansillos, escándalos nocturnos, estropicios en las zonas comunes y más de un sobresalto cuando un turista borracho se equivocaba de piso e intentaba meter la llave en la cerradura de la casa que no era. La misma inquilina, viendo lo lleno que tenía siempre el apartamento, alquiló otro en el mismo edificio para multiplicar por dos su negocio. «Fue como una plaga: los demás vecinos vieron el chollo que era y se subieron también al carro», recuerda Puche. Cuestión de números: los 600 euros mensuales de un arrendamiento de larga temporada frente a los casi 3.000 que puede dejar un alquiler turístico. «Es muy goloso», reconoce.

Llegó un momento en el que sólo el piso de José Luis y otro más del bloque estaban habitados de forma permanente. Y en septiembre del año pasado llegó el aviso del casero: tenían que abandonar la vivienda, pues iba a ser vendida y destinada a alquiler turístico. Para entonces, toda la calle era pasto de Airbnb. «De todos modos ya queríamos irnos de allí. Nos sentíamos completamente fuera de lugar», confiesa el artista. Historias como la suya se repiten cada vez con mayor frecuencia en las zonas Centro y Este de la capital malagueña. El boom de los arrendamientos vacacionales deja unos clarísimos damnificados: los ciudadanos que viven de alquiler, tanto autóctonos como venidos de otras provincias o países para trabajar en Málaga.

¿QUÉ DICE LA LEY?

uContratos firmados hasta 2013
La duración del arrendamiento será libremente pactada por las partes, pero si ésta fuera inferior a 5 años, llegado el día del vencimiento del contrato y si el inquilino quiere seguir, se prorrogará obligatoriamente por plazos anuales hasta alcanzar una duración mínima de 5 años. No procederá la prórroga obligatoria del contrato cuando, al tiempo de su celebración, se haga constar de forma expresa la necesidad para el arrendador de ocupar la vivienda antes de cinco años para destinarla a vivienda permanente para sí o sus familiares directos.
uContratos firmados después de 2013. El arrendatario puede estar en la vivienda como mínimo 3 años (a su voluntad) y 1 año más siempre que el arrendador no haya comunicado su voluntad de extinción. Pero ojo
la ley permite al arrendador recuperar el inmueble para destinarlo a vivienda permanente aunque no se haya estipulado en el contrato, si bien se requiere que transcurra al menos el primer año de contrato.

A Andrea, socia de un estudio de diseño gráfico, le ha pasado lo mismo, pero no en su casa sino en su oficina: de un día para otro el propietario les dijo que no podían seguir allí porque iba a destinar el inmueble, ubicado en pleno Centro Histórico, a alquiler vacacional.

LAS FRASESInmaculada Vegas Agente inmobiliaria «Desde marzo, a más de quince clientes les han rescindido el alquiler para pasar el piso a Airbnb» «El Centro se está convirtiendo en un decorado para turistas; es muy preocupante» «El turismo está genial, pero si llega un punto en el que los ciudadanos no pueden vivir hay que hacer algo»

La ley no siempre se cumple

En la agencia Rentacasa, especializada en alquiler, conocen bien este problema. «Se están dando muchos casos de inquilinos 'desahuciados' por Airbnb, cada vez más», asegura Inmaculada Vegas, socia de esta inmobiliaria, que tiene entre sus clientes a muchos trabajadores extranjeros de compañías tecnológicas del PTA. «Desde Semana Santa les han dado aviso de rescisión del contrato de alquiler a más de quince usuarios por este motivo; todos en el Centro Histórico», precisa, advirtiendo de que en muchos casos los propietarios incumplen la legalidad, pues la ley dice que los alquileres se prorrogan automáticamente anualmente (si el arrendatario no manifiesta su intención de irse) hasta que se cumplen tres años de contrato y el arrendador sólo puede rescindirlo si va a destinar la vivienda para uso propio o de un familiar directo. «Lo que ocurre es que casi ningún inquilino demanda porque no quieren líos», apunta.

Hay casos «dramáticos», asegura Vegas, de familias que se quedan «sin saber dónde meterse», ya que el mercado del alquiler está «imposible» en Málaga capital precisamente por el mismo motivo: el auge de los alquileres vacacionales. Una media de 33 inmuebles se destinan cada día en la provincia de Málaga a alojamiento turístico, sumando ya 10.000 inmuebles con 54.000 plazas, de las que más de 7.000 están en Málaga capital. Y mientras, la oferta de vivienda en alquiler de larga temporada se cifra en tan sólo 784 inmuebles según un reciente informe de la inmobiliaria Solvia. Un número «claramente insuficiente para una capital de 600.000 habitantes y con una importante población flotante», según concluye el mismo estudio.

Que encontrar piso de alquiler en Málaga es difícil lo sabe bien José Luis Puche. Cuatro meses tardó en dar con una vivienda que cuadrara con su gusto y su presupuesto, y eso renunciando al Centro Histórico. «Lo mejor que me ofrecieron allí fue un piso de 30 metros cuadrados por 600 euros: no nos cabía ni el sofá», recuerda. Después de plantearse incluso buscar fuera de Málaga encontró su vivienda actual en la zona de Armengual de la Mota. «Hemos redescubierto lo que es vivir en un barrio, con vecinos de verdad: hay tiendas, supermercados... El Centro se está convirtiendo en un decorado inerte para turistas y no entiendo cómo la gente no lo considera preocupante», añade.

Ocho meses de búsqueda

Ocho meses, nada menos, son los que estuvieron buscando casa Lakshmi Aguirre y su pareja, ambos treintañeros y profesionales. Su caso no está directamente relacionado con el alquiler vacacional, pero sí con la acuciante escasez de arrendamientos residenciales que aqueja a la ciudad. Necesitaban dejar su casa, plagada de termitas y humedades que los propietarios no querían arreglar. Pero se quedaron atrapados. «Cuando sale al mercado un piso que merece la pena está 400 euros por encima de lo que se pedía hace cinco años y aún así, hay tal demanda que acaban sometiéndote a un 'casting' en toda regla y exigiéndote requisitos abusivos, como seis meses de depósito», cuenta. Al final han encontrado casa, pero a costa de rebasar con mucho su presupuesto: van a pagar 1.000 euros mensuales por un piso en Pedregalejo. Aguirre lanza esta reflexión: «El turismo está genial, pero si llega un punto en el que los ciudadanos no pueden vivir en su propia ciudad hay que tomar medidas».

Javier, cocinero que también ronda la treintena, teme verse en pocos meses en la misma situación. Firmó el contrato de alquiler hace dos años, así que «en teoría» le quedan dos de tranquilidad, pero sabe que eso no tiene por qué ser una garantía real. «Vivo en El Morlaco, cerca del paseo marítimo, y casi todas las viviendas de mi urbanización ya están destinadas a turistas. Me veo cercado», afirma.

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