Aquel verano de Pablo Ruiz Vergara

Aquellos tiempos sin prisas

Pablo Ruiz (en la imagen, con un peto de rayas sentado a la derecha)se crió jugando en la calle en una Málaga muy diferente a la actual.
Pablo Ruiz (en la imagen, con un peto de rayas sentado a la derecha)se crió jugando en la calle en una Málaga muy diferente a la actual. / SUR

Nada más acabar las clases, e incluso antes, comenzaban los preparativos para los ‘júas’; sólo un anticipo de todas las aventuras que estaban por llegar

Isabel Méndez
ISABEL MÉNDEZMálaga

Recuerda con nostalgia los veranos de su infancia. Aquellos en los que la única preocupación era aprovechar el tiempo al máximo hasta que le avisaran de que ya era hora de volver a casa. Una época que para el malagueño Pablo Ruiz Vergara empezaba oficialmente con «la libertad» que daba el final de las clases y que seguía con una misión: afanarse por encontrar todo lo quemable para el ‘júa’ de San Juan.

«Para inaugurar el verano, nada más terminar el cole, una costumbre muy mediterránea y malagueña, recopilar cosas de todos los barrios de alrededor que ardieran con facilidad: maderas, sillas, colchones, sofás... Y también la preciada uralita, esa que ahora se tiene que coger como si estuvieses en una central nuclear por el peligroso amianto que contiene. Pero para mis amigos y para mí, aquello era el preludio de un fuego lleno de grandes explosiones, y aún hoy nos referimos a ella por las taras que dejó en nuestras cabezas», recuerda entre risas. A ciertas edades, la celebración del solsticio de verano va mucho más allá de una velada únicamente: «San Juan no era sólo la noche del 23 de junio, eran también los días previos, en los que empezaba la fiesta: fogatas por todas partes y rincones, botes cerrados que explotaban como cañones al echarlos al fuego, palos con botes que goteaban bolas de fuego quemando todo a tu alrededor… Esto lo hacías tú y todos los niños, que en los 70 eran como las hordas de Mordor. En San Juan debías vigilar que ningún niño de otro barrio robase la leña recopilada, o que quemasen el ‘júa’ antes de tiempo. Por supuesto, debía ser el muñeco más grande y con el relleno de serrín más chulo que los barrios cercanos y enemigos», añade.

Pablo Ruiz Vergara.

Una vez pasada la festividad de San Juan, durante el resto de las vacaciones la premisa era la misma, e ideal para cualquier edad: «Haz lo que te dé la gana». Este diseñador apunta que se crió en una zona de casas mata, cerca de algunos descampados y donde había aún calles sin asfaltar. Así que en verano, después de comer y «ver Mazinger Z tocaba ir a la calle con los amigos que se apuntasen a ‘hacer alguna’» y empezar su ruta de travesuras, que incluía por ejemplo ir a «coger azufre de una fábrica cercana, llamar a los porteros de los pisos o subirte en los camiones y excavadoras cuando eran tiempos de alguna obra. En este parque de atracciones que eran los descampados de verano con el ‘solano’ de testigo también tenías la posibilidad de encontrar parte de un cubo roto, o la tapa de un wc, para tirarte por los terraplenes con ellos y ‘chorrarte’», explica este creativo malagueño.

El autor del cartel de la Feria de este año recuerda con especial cariño sus veranos de niño y también la experiencia vivida en agosto de 1992, cuando un despiste inocente en un viaje por el norte del país hizo que una furgoneta de la colchonería La Trinidad fuera perseguida por la Guardia Civil

En su lista de recuerdos imborrables figura también lo vivido en agosto de 1992, cuando se fue con unos amigos en furgoneta al norte de España. Tenían todos entre 21 y 18 años. Durante el camino, al pasar por Zaragoza, uno de ellos hizo fotos sin parar la marcha, ya que aún era por la tarde y hacía sol, pero usaron el flash. Al parecer no se dieron cuenta de que habían fotografiado un cuartel de la Guardia Civil, así que para la Benemérita el encontrar una furgoneta que rezaba en su lateral ‘Colchonería La Trinidad’ pasó a ser una prioridad por si se trataba de «terroristas».

Llegando a Lérida Pablo Ruiz recuerda cómo de repente aparecieron un par de Nissan Patrol, un 309, y dos guardias civiles en moto que les dieron el alto. Uno de ellos se acercó a la ventanilla del conductor y les espetó: «¡Las manos bien arriba!, ¿dónde habéis hecho fotos? ¿Habéis estado alguno ‘enchironao’?». Según su relato, lo siguiente fue que todos tuvieron que mostrar sus DNI a la vez que se procedía a la «revisión de nuestras posibles infracciones y antecedentes penales. Mientras, todos con las manos arriba dentro de la furgoneta, menos el gran Javi «Bolo», que en paz descanse, el conductor y dueño de la furgoneta, que abrió la parte de atrás, lo que esos días era la casa de seis veinteañeros... Un descontrol como se puede imaginar, con la caja de whisky en primer término». Y prosigue: «Todo esto mientras escuchabas el nombre de cada uno por la radio de la motocicleta: ‘Ruiz Vergara, Pablo’... y un silencio que te hacía dudar de si eras el asesino más sanguinario de la historia o un ladrón de bancos a la altura de Jessy James (risas). Nos requisaron las cámaras y nos avisaron de que pasaríamos la noche en el cuartel de Lérida. Cuando llegamos allí, uno de los agentes nos dijo que tenían que verificar el contenido de la cámara, a lo que Rafa, el dueño y responsable de la foto en cuestión se prestó y hasta presenció el revelado de las imágenes, no sin antes llegar a pensar de todo lo que le podía pasarle en aquel cuarto oscuro…» Después de aquello siguieron para Lérida, ya «libres de toda culpa» y pudieron proseguir su periplo sin más incidencias.

«La uralita, eso tan temido ahora por el amianto, era un tesoro para los ‘júas’»

Atrás, muy atrás quedan ya esos tiempos para este malagueño, autor del cartel de la Feria de Málaga de este año y que invita a disfrutar no sólo de las posibilidades que ofrece Málaga capital sino también insta a los visitantes a descubrir que cuando llaman a esta tierra ‘la del paraíso’ es por razones más que fundadas. «Hay que perderse y conocer los pueblos preciosos que tenemos en la provincia», incide.

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