Meli Galarza: «¿Un antídoto contra el machismo? La educación en igualdad»

Galarza aboga por establecer relaciones afectivas y sexuales «sanas e igualitarias»/A. G.
Galarza aboga por establecer relaciones afectivas y sexuales «sanas e igualitarias» / A. G.

La presidenta de Violencia Cero advierte del «rearme del patriarcado» como respuesta a los últimos cambios sociales forjados por la lucha feminista

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Doctora en Comunicación y licenciada en Derecho, Meli Galarza Fernández lleva media vida fomentando la igualdad entre hombres y mujeres. La presidenta de la Plataforma Contra el Maltrato a las Mujeres 'Violencia Cero', autora de trabajos como 'Una metodología para la igualdad de género en la empresa' o 'Lo audiovisual como mecanismo para el cambio de imagen de la mujer rural emprendedora', analiza la reacción «a veces violenta» del patriarcado ante los últimos cambios sociales promovidos por la lucha feminista y hace balance de los derechos conquistados y del largo camino que queda por recorrer hasta alcanzar la igualdad entre géneros.

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-¿Cuándo tomó conciencia de la necesidad de luchar por la igualdad entre géneros?

-Cuando trabajaba como abogada en una empresa y me pidieron que hiciera dos contratos diferentes para una misma tarea: para un hombre como productor y para una mujer como ayudante de Producción. Era una discriminación absoluta. Trasladé mi queja a la dirección y me retiraron las competencias relacionadas con la contratación de personal.

-¿Están cristalizándose las políticas igualitarias entre la población?

-No tanto como sería deseable. Hay avances importantes, pero como respuesta también se está produciendo un rearme del patriarcado. Es sistemático. En cuanto se reclama o se conquista un derecho, hay una respuesta del machismo, en muchos casos violenta.

-¿Qué intereses cree que sostienen esa reacción que denuncia?

-Sobre todo los intereses de muchos por conservar el orden social actual, que perpetúa los privilegios de los hombres sobre las mujeres. El feminismo busca la igualdad entre géneros, y eso es algo a lo que muchos se resisten. No es nuevo. Ya cuando las mujeres pidieron el sufragio universal hubo muchos hombres que pretendían conservar ese privilegio y a quienes les parecía una barbaridad que las mujeres votaran. Incluso hubo reacciones violentas. Ahora ese derecho nos parece incuestionable a todos pero permanecen en tela de juicio otras realidades de desventaja.

-¿Como cuáles?

-Por ejemplo la brecha salarial. Las administraciones públicas reconocen que las mujeres cobran entre un veinte y un veinticinco por ciento menos que los hombres, una horquilla que varía dependiendo del trabajo y del territorio. La primera reacción del patriarcado es negarlo. En caso de aceptarlo, justifican esa diferencia salarial con argumentos relacionados con la valía o el esfuerzo. Otro ejemplo son las denuncias falsas. Estudios tanto del Consejo General del Poder Judicial como de la Fiscalía General del Estado aseguran que las denuncias falsas son inferiores al 0,05 por ciento, pero la respuesta del patriarcado es negar los datos.

-En las últimas semanas ha ganado fuerza el movimiento 'Stop Feminazis'. ¿Qué le parece el término?

-Es lamentable, fruto de la ignorancia y del machismo. El feminismo tiene siglos de historia e, insisto, aspira a la igualdad entre hombres y mujeres. Es una reivindicación de derechos negados.

-¿Cómo valora la percepción social de la violencia machista?

-Es triste que muchos sigan pensando que las mujeres aguantan porque quieren. Cuando alguien dice «A la primera bofetada, lo que tendría que haber hecho es irse» está culpando a la víctima sin atender a la realidad que se esconde tras la violencia contra las mujeres, sin comprender lo que ocurre, porque detrás de todo eso hay una espiral muy violenta.

Violencia psicológica

-¿Cómo se desarrolla esa espiral de violencia?, ¿existe un patrón?

-Antes de llegar a esa primera bofetada se ha producido una demolición personal, de autoestima e independencia. La violencia psicológica y emocional provoca que muchas mujeres no tengan capacidad de respuesta cuando llega la violencia física. «La única persona que te va a querer soy yo», «Como yo no va a quererte nadie»... Hay un aislamiento brutal que explica que las mujeres vuelvan con sus maltratadores.

-Y luego está la fase 'luna de miel'.

-Efectivamente, después llega el perdón, las flores y el falso cambio de actitud. Es un círculo: fase violenta, fase de arrepentimiento, luna de miel y vuelta a la fase violenta.

-¿Considera necesarias las cuotas?

-Por supuesto. En mis clases, pongo el ejemplo de las universidades americanas que pusieron cuotas para garantizar el acceso de alumnos negros. Las cuotas dan respuesta a una realidad desigual y son medidas transitorias que pretenden que todos y todas tengamos las mismas oportunidades.

-Sorprende que siga siendo necesario recordar que «No es no», como hace la campaña del Ayuntamiento contra las agresiones sexuales.

-Es una campaña necesaria y loable. Hay que incidir en la concienciación ciudadana en torno a este asunto. Las agresiones sexuales se están multiplicando y hay un repunte de grupos de hombres que consideran que pueden dirigirse a las mujeres en cualquier momento y de cualquier forma. Llama la atención que no haya una respuesta ciudadana más contundente. Hay que acabar con esa sensación de impunidad.

-¿A qué achaca esa impunidad?

-A la sensación que tienen muchos hombres de que pueden hacer lo que les da la gana porque se lo merecen y lo valen. Es lamentable. Algo no está funcionando bien. Luego se entiende mejor cuando estás con tus hijos en la playa tomando el sol y aparece una avioneta anunciando un prostíbulo con el lema «Porque te lo mereces». Estamos hablando de que se permite anunciar la utilización de las mujeres en espacios públicos. El mensaje es que los hombres tienen derecho a usarnos como les plazca porque se lo merecen.

-En Málaga se está trabajando en la prohibición de la publicidad sexista. ¿Cómo lo valora?

-No hay ordenanza aún pese a que hace dos años que se aprobó la creación de la mesa de trabajo. Hemos preguntado si todas las modificaciones de ordenanzas tardan dos años. La respuesta es que no, así que entendemos que hay cuestiones que se agilizan y otras que son secundarias. Hay una resistencia evidente a que este cambio se apruebe.

-«No es no», pero también el silencio o una mirada pueden ser «no».

-Por supuesto. La campaña es positiva, pero no es suficiente. Tampoco basta con que se haga dos semanas antes de la Feria. Es importante y lo valoramos, pero este trabajo debe ser constante. Hay que incidir y trabajar desde abajo hacia arriba para conseguir esa transformación social que significa la igualdad, que requiere la complicidad de muchos agentes sociales.

-¿Cuál es su posición respecto a la gestación subrogada?

-Estamos totalmente en contra de esta práctica y de su regulación. El alquiler de vientres está basado en la mercantilización del cuerpo de las mujeres. El deseo de ser padre o madre no es un derecho, y mucho menos cuando para conseguirlo hay que utilizar a una mujer con necesidades económicas. En los países donde la gestación subrogada está permitida sin compensación económica, únicamente de forma altruista, como Reino Unido, apenas se registran casos. Los vientres de alquiler están permitiendo que existan auténticas granjas de mujeres que están gestando niños y niñas en países subdesarrollados a cambio de dinero. Eso es intolerable.

-Los datos revelan que muchas de las agresiones sexuales son cometidas por conocidos de las víctimas e incluso por sus propias parejas.

-El gran reto es educar a los niños y niñas en relaciones afectivas y sexuales sanas e igualitarias. Es la principal asignatura pendiente. No hemos cambiado los modelos de relación, y programas de televisión, series y películas perpetúan esos estereotipos que marcan el patriarcado. Cambiar eso no solo liberará a las niñas, sino también a los niños, porque quizá no quieran ser príncipes azules montados en corceles y obligados a rescatar a sus princesas. Hay un abanico de masculinidades muy amplio que parece que ni se permiten.

-¿Existe algún antídoto contra el machismo?

-La educación en igualdad es el único antídoto. La raíz del problema es la desigualdad y la violencia estructurales que hay en la sociedad respecto a las mujeres. Y no nos referimos a que todos los hombres puedan ser violentos, sino a que las mujeres son educadas en el miedo. «Cuidado con los chicos», «Cuidado con ir sola de noche»... A todas nos educan desde ese miedo, que es muy limitante. ¿Por qué no ponemos el foco en cuestiones como la prostitución, los vientres de alquiler o las agresiones?

-¿Es importante que los hombres se sumen a la causa feminista?

-Sí, claro que es importante.

-¿Desde un segundo plano o también a la cabeza?

-Desde la igualdad. Tanto en lo personal como en lo político hay que sumarse al feminismo desde la igualdad. Los hombres siguen considerando que la autoridad es masculina, de modo que les van a escuchar tanto o más que a nosotras. Cuantos más hombres y mujeres se sumen al feminismo, más rápido construiremos una sociedad igualitaria.

Equidistancia

-¿Afecta la equidistancia, esa repetida frase de «Yo no soy machista ni feminista»?

-Depende de quien la diga. Hace daño, por ejemplo, cuando lo dice una actriz que sirve como referente para muchas chicas. Pero luego hay muchos otros casos de mujeres y hombres que se declaran feministas y que saben que esto no es más, ni menos, que la lucha por conseguir la igualdad entre géneros. Hace falta pedagogía y altavoz.

-¿Es posible maltratar a una mujer y ser buen padre?

-No, por supuesto que no. Es incompatible. No es un referente óptimo para los niños y las niñas. No son ejemplos a seguir.

-¿Está a la altura el Poder Judicial de esta situación desigual?

-No. Los datos son terroríficos. Hay avances. Por ejemplo, estamos muy orgullosas de que los niños y niñas sean considerados también víctimas de violencia de género, porque los están matando, pero hay demasiados atenuantes y algunas sentencias muy cuestionables.

-¿Y los medios de comunicación?

-Tampoco. Hay un decálogo que no se cumple. Aún seguimos leyendo «Una mujer muere...». No, no es así. La han asesinado. El feminismo necesita altavoces y que se informe correctamente sobre la violencia de género y sobre la desigualdad.

-Dice Marisa Mediavilla que por cada avance hay dos retrocesos. No sé si usted es más optimista.

-Intento serlo. Prefiero poner el foco en lo mucho que hemos progresado, la verdad. Hay que seguir trabajando, pero la diferencia que hay entre mi abuela y mi hija es abismal. Son realidades muy diferentes. Existe un abismo. Ahora hay más posibilidades de elegir, aunque sigamos sometidas a la violencia y al miedo.

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