35 años del accidente del DC-10 que conmocionó a Málaga

La causa del accidente fue consecuencia de un fallo en una rueda al despegar el avión de Spantax, falleciendo 50 personas como consecuencia de una inmensa ola de calor

El DC-10 de la compañía Spantax /SUR
El DC-10 de la compañía Spantax / SUR
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Un avión DC-10 de la compañía Spantax se estrelló el 13 de septiembre de 1982 en el aeropuerto de Málaga pocos minutos después de las diez de la mañana al no conseguir despegar ni tampoco reducir su velocidad. El aparato, que intentaba despegar en dirección al mar (sureste), siguió rodando a alta velocidad una vez agotada la pista, rompió la valla que delimita los del aeropuerto, cruzó la carretera general y fue a detenerse en el campo, a unos cuarenta metros de la mencionada vía (la zona es fácilmente reconocible hoy porque está delimitada). Las tareas de rescate de los cadáveres del interior del aparato siniestrado fueron de extrema dureza y muy complicadas, ya que la parte de la cola, donde se encontraban la mayoría de fallecidos, estaba completamente calcinada, pues después del accidente el avión se vio envuelto en llamas minutos después de la colisión, tras una serie de deflagraciones. En el avión, que realizaba un vuelo chárter Madrid-Málaga-Nueva York (muy famosos y utilizado en la época), viajaban 380 pasajeros, 13 de los cuales eran miembros de la tripulación. En total hubo que lamentar 50 muertos y decenas de heridos, muchos de ellos muy graves.

La mayoría de los cadáveres se encontraban en su inmensa en la cola del aparato siniestrado, ya que las puertas traseras no se abrieron a causa de la colisión, aunque también hubo pasajeros que perdieron la vida e incluso causaron de forma indirecta la muerte de otros al colapsar los pasillos e imposibilitar el acceso a las puertas de emergencia por intentar recuperar a toda costa sus pertenencias personales de los portaequipajes de cabina. En las primeras informaciones se aseguró que la mayoría de los pasajeros fallecidos no murieron quemados directamente por las llamas, sino por la inmensa ola de calor que se produjo minutos después del accidente.

Un portavoz ole Spantax explicó que el comandante del avión, Juan Pérez, notó una vibración grave cuando el aparato estaba ya en situación «V-I», es decir cuando estaba ya a punto de despegar con sus motores a la máxima potencia. El piloto intentó abortar el despegue, consiguió dominar el avión e, incluso, frenarlo un poco, pero no logró detenerlo y 'se comió' la pista, rompiendo la valla del aeródromo y cruzando la entonces nacional 340 ante el estupor de los conductores de los vehículos que circulaban en una de las vías de mayor saturación de tráfico de la Costa del Sol. Los datos iniciales de la tragedia eran espeluznantes: 46 muertos y 31 desparecidos, así como más de 222 heridos, montándose un operativo especial entre el aeropuerto y los principales centros sanitarios de la capital. Fue un ir y venir de ambulancias y coches de bomberos y de policía en un día dantesco que será difícilmente olvidado. Los pasajeros y tripulantes ilesos fueron trasladados a los hoteles Riviera y Pez Espada. Tras cruzar la Nacional 340, el avión se detuvo en el campo, a unos cincuenta metros de la carretera. Varios coches volcaron, produciéndose al menos cuatro heridos, uno de ellos grave, aunque no hubo que lamentar víctimas mortales entre los conductores arrollados por el avión de Spantax.

Las familias de los fallecidos
Las familias de los fallecidos / SUR

En los primeros instantes del accidente parece que no hubo ningún fallecido, pero el pánico que se apoderó de los pasajeros, la inmensa ola de calor y la grave equivocación de quienes optaron por intentar salvar sus pertenencia personales de mano hicieron el resto. «Pensábamos que había habido un fallo, pero que saldríamos y no pasaría nada. Sin embargo, a los pocos segundo vimos que empezaba a haber humo y fue entonces cuando empezaron los gritos, las carreras y el caos. Algunas puertas no se habían abierto. Los asientos estaban todos doblados y había gente por el suelo, mientras que del techo caían paneles. Unos lloraban, otros gritaban, otros rezaban… Aquello era el infierno», relataba a SUR uno de los viajeros que resultaron ilesos. El colaborador de SUR Raúl de Montemar conducía, con su esposa como pasajero, uno de los vehículos arrollados por el avión, saliendo indemnes del accidente "por un segundo, esa fue la diferencia entre la vida y la muerte", señalaba en las crónicas que se realizaron en aquellos días en SUR.

Las tiendas de campaña y puestos de socorro montados en mitad de la carretera, el ir y venir de las ambulancias, la filas de los fallecidos en féretros alineados uno tras otro en uno de los hangares del aeropuerto… Todas ellas son imágenes difíciles de olvida del que sin duda ha sido el accidente de aviación más graves ocurrido en Málaga.

La aeronave McDonells Douglas DC-10-30-CF SPANTAX, matrícula EC-DEG tenía previsto realizar un vuelo chárter, con el número 995 desde Madrid hasta el aeropuerto J.F. Kennedy de New York (EE.UU), con escala intermedia programada en Málaga. Tras la escala en nuestra ciudad, el avión partió de nuevo hacia la cabecera 14 de la pista para despegar en dirección sureste. El despegue se inició con normalidad segundos después de las 10 de la mañana, hasta que la tripulación comenzó a sentir fuertes vibraciones que aumentaron fuertemente con la velocidad y la tripulación decidió abortar el despegue. Al abortar el despegue el avión no tuvo pista suficiente por delante para frenar y se salió por el final de la pista a una velocidad de unos 204 km/h. Colisionó con una caseta de hormigón que formaba parte del sistema ILS, donde perdió el motor 3, atravesó la verja metálica del aeropuerto, pasó la N-340 (en la época ya autovía) colisionando con tres coches y se detuvo a unos 450 metros de la pista.

Tras el golpe y detención del avión todos los ocupantes sobrevivieron, pero se produjo el incendio del combustible cargado para atravesar el Atlántico, incendio en el que perecieron 47 pasajeros y 3 miembros de la tripulación. Otros 334 pasajeros y 10 miembros de la tripulación sobrevivieron, 110 de los cuales fueron hospitalizados. También resultó herido grave el conductor de uno de los vehículos que el avión golpeó al pasar sobre la N-340. Pedro Aparicio, alcalde de Málaga, y los entonces presidentes de la Junta de Andalucía y de España, Rafael Escuredo y Leopoldo Calvo Sotelo, estuvieron desde poco después del accidente en Málaga, visitando a los heridos y asistiendo a los funerales que se oficiaron por los fallecidos.

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