«Cuando alguien enferma, lo hace toda la familia»

Muchos familiares se sacrifican por el enfermo. :: josé ramón ladra/
Muchos familiares se sacrifican por el enfermo. :: josé ramón ladra

'El acompañamiento a la familia en la enfermedad' es el lema elegido para la XXXI Jornada Diocesana de Pastoral de la Salud, celebrado en la Casa Diocesana de Málaga

BEATRIZ LAFUENTE

málaga. La Casa Diocesana de Málaga acogía ayer la XXXI Jornada Diocesana de Pastoral de la Salud, bajo el lema 'El acompañamiento a la familia en la enfermedad'. Como explica el delegado de Pastoral de la Salud, Francisco Rosas, «este año, el tema de la Jornada del Enfermo se inspira en las palabras que Jesús, desde la cruz, dirige a su madre María y a Juan: 'Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa' (Jn 19,26-27). Acogiendo esta cita, nos centramos en el acompañamiento a la familia en la enfermedad. Pues, cuando una persona enferma, enferma toda la familia».

El tema va en consonancia con la segunda prioridad pastoral: «Renovar la pastoral familiar a la luz de Amoris laetitia, y promover el acompañamiento», por ello, los ponentes del encuentro han sido los delegados diocesanos de Pastoral Familiar, Ismael Herruzo y Antonia Delgado, ambos sanitarios.

Toda persona normalmente vive en una familia y, como afirma Francisco Rosas, «cuando cae enferma, es toda la familia la que se ve afectada profundamente, ve alterado el ritmo de su vida, con lo que unas optan por sacrificar parte de su vida social y profesional para acompañar al familiar enfermo; otras lo abandonan o lo soportan como una carga. En toda esta situación, también la familia necesita, por tanto, atención y apoyo. La familia tiene un papel insustituible en la atención integral al enfermo, que conviene conocer, valorar y fomentar. Porque la familia cristiana ha de ser, también en esta situación, la Iglesia doméstica que acoge, consuela y alivia al enfermo en el nombre del Señor».

Pastoral de la Salud trata de «hacer presente hoy, en el mundo de la salud y la enfermedad, la fuerza humanizadora, sanante y salvadora de Cristo». Y están presentes en tres realidades: en las parroquias, donde muchas cuentan con equipos parroquiales de Pastoral de la Salud, que tienen una vocación y misión muy clara dentro de la iglesia, hacer visible el amor de Dios a los más desfavorecidos: salir al encuentro del enfermo y sus familiares, visitándolos y acompañándolos humana y espiritualmente en este proceso de su vida.

Además, se encuentran en la Asociación de Profesionales Sanitarios Cristianos; y en los hospitales y residencias, donde están presentes los capellanes, voluntarios y las «personas idóneas». Estos últimos, son laicos preparados que forman parte de los equipos de asistencia hospitalaria con el mismo reconocimiento laboral que los capellanes, y que realizan todas las funciones del capellán excepto las propias del sacerdocio. En la Diócesis están presentes en Antequera, Ronda y Málaga».

Y es que muchas personas solo se acuerdan de su fe cuando está próxima su muerte, y les urge encontrar a un sacerdote con el que hablar. Es importante saber dónde encontrarlo, «todo enfermo católico ingresado en un hospital público, tiene derecho a recibir asistencia religiosa siempre que lo solicite. Cada hospital debe tener establecido el circuito de acceso a este servicio. Generalmente, comentándolo a la enfermera de planta es suficiente. Si el enfermo se encuentra en su domicilio o en un hospital privado debe ponerse en contacto con el sacerdote de la parroquia más cercana».

Como recuerda el delegado de Pastoral de la Salud de la Diócesis de Málaga, «la Unción es un sacramento temido por muchos enfermos y familias, ya que lo ven como un anuncio de la muerte, como la 'puntilla', una especie de pasaporte para la otra vida. Y el sacerdote es visto como una persona cuya presencia infunde miedo y asusta. Esta imagen es la consecuencia de una pastoral que administraba el sacramento sólo a los moribundos, presentándolo como extremaunción y como los últimos auxilios que se ofrecen al que va a partir, cuando ya la medicina no tiene nada que hacer.

La realidad es bien distinta, es un Sacramento de Sanación que debe administrarse a enfermos y ancianos en un momento concreto de su existencia, como es la hora de la enfermedad «para ayudar a vivir la enfermedad conforme al sentido de la fe». La enfermedad es una de las situaciones críticas de la vida en que el cristiano necesita una ayuda especial del Señor y de la comunidad cristiana para poderla vivir humanamente y desde el Evangelio. 'El hombre, al enfermar gravemente, necesita una especial gracia de Dios, para que, dominado por la angustia, no desfallezca su ánimo, y sometido a la prueba, no se debilite su fe'».

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