Las alcubillas, los depósitos de agua de hace cuatro siglos

Alcubilla de Capuchinos./Álvaro Cabrera
Alcubilla de Capuchinos. / Álvaro Cabrera

Un sofisticado sistema de acequias, puentes, cañerías, fuentes y molinos servía para llevar el líquido elemento a Málaga desde los ríos y manantiales cercanos

Jesús Hinojosa
JESÚS HINOJOSAMálaga

Han pasado ya más de cuatro siglos, pero todavía permanecen en pie algunas de las estructuras que servían para abastecer a la ciudad de Málaga de un elemento tan necesario como el agua. En una urbe rodeada de ríos, arroyos y manantiales, el ingenio de los arquitectos e ingenieros de las pasadas centurias se puso rápidamente al servicio del interés de la población por poder hacer uso de los recursos hídricos que tenían más cercanos, al margen de los pozos de los que solían abastecerse. Surgieron entonces infraestructuras que, vistas con la perspectiva del tiempo, suponen todo un alarde de inventiva y eficacia para transportar el agua a lo largo de varios kilómetros.

Alcubilla de Martiricos, tras su reparación.
Alcubilla de Martiricos, tras su reparación. / Fran Acevedo

De esas infraestructuras, algunas alcubillas han resistido al paso del tiempo y todavía permanecen en varios enclaves urbanos. Son las torretas que existen en los jardines de la Madre Petra, junto al colegio de San José de la Montaña, en la avenida del Doctor Gálvez Ginachero; en la encrucijada de calles que forman la Carrera de Capuchinos y la calle Postigos; y en una de las esquinas de la plaza de la Merced. No obstante, muchos malagueños desconocen su origen y sobre todo su utilidad. Se trata de depósitos en los que se almacenaba el agua con una doble función: para que tomara presión y se canalizara por las tuberías de la época a viviendas y fuentes; y para que se produjera un efecto de decantación que la limpiara de impurezas y materiales arrastrados en su recorrido.

Conducciones que partían de la alcubilla de Capuchinos.
Conducciones que partían de la alcubilla de Capuchinos. / Sur

De las tres citadas, la primera de ellas, conservada en Martiricos, perteneció al primer sistema de transporte de agua con que contó Málaga. Eran las llamadas 'Aguas de la Trinidad', que llegaban desde la margen derecha del arroyo Teatinos por unas galerías excavadas denominadas 'minas de los manantiales del Almendral del Rey'. Esta infraestructura, de unos 10 kilómetros de longitud para llevar el agua a la ciudad, se comenzó a construir en 1532 y acabó hacia 1556. Finalizaba en un 'arca' ubicada en la plaza de Montaño y, antes de cruzar el Guadalmedina por debajo de su lecho, contaba con esta alcubilla en la confluencia de la avenida del Doctor Gálvez Ginachero y el arroyo de los Ángeles. Esta torre –hoy exenta pero que tuvo edificaciones adosadas hasta los años setenta del pasado siglo– tuvo otra gemela al otro lado del río, en la zona de La Goleta, para impulsar el agua hacia la ciudad, una vez superado el cauce. Su actual traza data del año 1690, cuando fue reedificada. Recientemente, ha sido restaurada por la Oficina de Rehabilitación Urbana del Ayuntamiento, según proyecto del arquitecto técnico Pablo Pastor, una intervención que ha recuperado un antiguo enfoscado de color rojizo.

Interior de la poza de la alcubilla de Capuchinos.
Interior de la poza de la alcubilla de Capuchinos. / Sur

Las otras dos alcubillas pertenecen al trazado del Acueducto de San Telmo, una importante obra de ingeniería del siglo XVIII realizada a iniciativa del obispo de Málaga José Molina Lario, según diseño del arquitecto José Martín de Aldehuela. Gracias a esta singular intervención, se logró llevar agua desde el Guadalmedina hasta la plaza de la Merced por un trazado de casi 11 kilómetros que contaba con 33 alcantatillas, dos túneles, numerosas alcubillas, respiraderos, descansos, fuentes, molinos y hasta treinta puentes. De estos últimos se conservan los que salvan el arroyo Humaina y el Quintana, el más largo de todos. Resulta especialmente llamativo cómo el diseño de esta obra de ingeniería, catalogada actualmente como bien de interés cultural, logró salvar pedientes y montes, con parte de su trazado bajo tierra, para conectar un molino del siglo XVIII que tomaba el agua del Guadalmedina, el llamado Molino del Inca, con el corazón de la ciudad. Contaba con un canal cubierto para el agua potable y otro descubierto para el riego, y tenía como alcubilla principal la que todavía se mantiene en pie en la confluencia de las calles Refino, Carrera de Capuchinos y Postigos.

Al igual que la de Martiricos, actualmente está siendo restaurada por la Oficina de Rehabilitación Urbana del Ayuntamiento, con proyecto de Pablo Pastor. Fue construida en 1784, dos años después de que una orden de Carlos III autorizara la realización del acueducto, que suministraba agua a fuentes como la de Fuente Olletas, la del Patrocinio (en la confluencia de la alameda que lleva este nombre con la de Capuchinos), la situada frente al cementerio de San Miguel y la de la calle Los Cristos, que data de 1790, también recientemente reparada.

La intervención en la alcubilla de Capuchinos o arca mayor del Acueducto de San Telmo ha descubierto el depósito, con base de piedra de jaspón blanco de una sola pieza, sobre el que se levanta el torreón, los agujeros de las canalizaciones por las que el agua se dirigía hacia la plaza de la Merced y la zona de San Felipe Neri, e incluso un antiguo grifo que cortaba la procedente de la carrera de Capuchinos para los momentos en que hubiera que limpiar la poza de los residuos que se iban depositando en su fondo. El Ayuntamiento ha invertido casi noventa mil euros en la reparación de las alcubillas de Martiricos y Capuchinos, vestigios de la ingeniería de un pasado que todavía se hace presente en la ciudad.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos