El alcalde rompe moldes y adelanta que se ceñirá a un tiempo límite de 90 minutos en el debate

De la Torre interviene en el debate de 2014, el último celebrado. /
De la Torre interviene en el debate de 2014, el último celebrado.
La Casona del Parque

El último debate del estado de la ciudad, en 2014, duró cuatro horas. Sólo en su primera intervención, De la Torre consumió 80 minutos

Pilar R. Quirós
PILAR R. QUIRÓSMálaga

El debate del estado de la ciudad, forzado a última hora vía normativa por el grupo socialista (un cuarto de concejales de la Corporación, como dicta el ROP) será el próximo lunes 18 y vendrá con una importante y anhelada novedad en los tiempos de intervención. La hora de inicio, a las once de la mañana, porque antes hay cuestiones regionales que atender, no parece la más idónea para un encuentro en el que se habla largo y tendido. En estas sesiones, el alcalde Francisco de la Torre da cuenta de su discurso interminable y ha llegado a 'agasajar' a la oposición y a los asistentes con 'speech' iniciales una hora y veinte minutos, como el que hizo en 2014. En ese año, el último en el que se convocó el debate del estado de la ciudad –no ha habido ninguna sesión en este mandato municipal– cronistas y plumillas de variadas castas y colores convinieron en que definitivamente se había moderado respecto a otros años en los que su primera intervención rozó las dos horas. Así, para empezar los aperitivos.

Esta vez, en previsión de que el debate empiece a las once, que finalmente y atendiendo a la extraña media hora de cortesía marca de la casa será a las once y media; y teniendo en cuenta que cinco partidos tendrán que intervenir, sólo nos quedaba encomendarnos a todos los santos para que el regidor no hiciera recuento de todas las nuevas papeleras y contenedores repuestos en la ciudad, como recordaba ayer guasón el portavoz de IU-Málaga para la Gente, Eduardo Zorrilla de años atrás. Le gusta ganarnos por agotamiento», añadía para rematar.

Así que en la pasada junta de portavoces para abordar este asunto, De la Torre, rompió moldes e hizo una declaración de intenciones sin precedentes:intentar ceñirse a un total de 90 minutos en sus tres intervenciones. El discurso inicial lo tasó en 40 minutos, lo que dicho sea de paso es un logro astronómico frente a los 80 minutos de 2014. Como pliego de descargo, cabe explicar que el alcalde tradicionalmente no se somete a la rigidez horaria cuando interviene por aquello de que se entiende que debe responder a la oposición, por lo que ahora tenemos un punto de partida de lo más halagüeño. Siguen pensando los ediles, porque las costumbres se vuelven leyes o se acaban asimilando como tales, que el alcalde tiene vía normativa (Reglamento Orgánico de Pleno, ROP, o Ley de Bases de Régimen Local) la capacidad para hablar ilimitadamente. Lo cierto es que no es así, aunque sea el alcalde y presida el pleno.

El viceportavoz de Ciudadanos, Alejandro Carballo, quería constreñir aún más los tiempos, los de todos, pero no tuvo éxito. Lo cierto es que en la primera vuelta, los portavoces intervendrán 20 minutos (el edil no adscrito Juanjo Espinosa, 10); el alcalde les contestará, y luego tendrán otros 10 minutos de réplica, y cerrará el primer edil. Si todos se ciñen a lo estipulado, que está por ver, se montarán en las cuatro horas. Un tiempo más que razonable, el mismo que en 2014 con tres partidos. Casi de ¡aleluya! de Haendel. Para los portavoces del PSOEy Málaga Ahora, Dani Pérez e Ysabel Torralbo, respectivamente, es esencial no aburrir a la sillería.

Cuatro horas, tiempo más que suficiente para que cada uno exponga sus críticas y lleve sus propuestas de ciudad, y para que el regidor eche mano de sus privilegiados 90 minutos frente a los 30 de los portavoces de la oposición, y disponga de tiempo para contestar y repartirle a cada uno lo que estime conveniente.

Formato británico

Lo mejor para que este encuentro no acabara siendo soporífero sería acoger el formato del Parlamento Británico, en donde los oradores se van levantando cuando quieren hablar, y se sientan cuando han acabado, y dan la vez al siguiente con este movimiento. Pero los españoles siempre nos encorsetamos más, y los cambios nos aterran. El pánico escénico sin orden ni concierto, no haber preparado las intervenciones porque se generan de forma espontánea, las capacidades de oratoria de cada cual... Hay un dicho español, de un literato muy nuestro, que por desgracia no tiene mucho predicamento en política pero que habría que explorar y explotar más: «Lo bueno, si breve, dos veces bueno», de Baltasar Gracián. Alcalde y portavoces, aplíquenselo a discreción.

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