El acusado de colaborar con una red yihadista dice que no falsificó documentación

SUR MADRID.

Detenido en Málaga -en la barriada de Las Delicias de la capital-, Chafik Jalel Ben Amara se sentó ayer ante los magistrados de la Audiencia Nacional para responder del supuesto delito de colaboración con una célula yihadista que pesa sobre él y por el que la Fiscalía pide que sea condenado a ocho años de prisión. Durante su declaración, negó tajantemente que el considerado líder de la red le pidiese ayuda para confeccionar documentación falsa para futuros combatientes: «En absoluto, yo no soy traficante de documentación».

Ben Amara, que agradeció estar en libertad, explicó que él vivía en Málaga, donde el principal procesado en esta causa era conocido como «el talibán» y le calificó de «fanático» pero no «violento». Al respecto, añadió: «Yo en esta sala soy el primero y el último en ser antiterrorista y mi colaboración con la justicia será siempre incondicional».

El líder

Por su parte, el presunto líder de la célula yihadista, radicada en Melilla y desarticulada en 2014, confesó en el juicio que ayudó a enviar combatientes a Siria, Libia y Mali para luchar en algunas organizaciones terroristas como El Estado Islámico de Irak y Levante o Jabhat Al Nusra y «hacer la yihad».

El converso español de origen belga Mustafa Maya Amaya, considerado el «principal dinamizador de esta red» y para quien la Fiscalía pide 14 años de cárcel por un delito de integración en calidad de promotor, reconoció los hechos de los que se le acusa y confesó que ayudó a «muchísima gente» a trasladarse a zonas de conflicto para combatir en las filas de organizaciones terroristas de la órbita de Al Qaeda.

Así lo ha asegurado durante el juicio que se celebra desde ayer en la Audiencia Nacional. Junto a él y Ben Amara se sientan otros cuatro supuestos miembros de dicha célula terrorista que, según los investigadores, pudo enviar hasta 28 yihadistas.

El resto de acusados, que se enfrentan a 12 años de prisión por integración de grupo terrorista, confesaron que contactaron con Maya porque tenían interés en viajar a Siria «para luchar contra el régimen de Bashar Al Assad y hacer la yihad» y que llegaron a residir unos días en su casa de Melilla.

Todos apuntaron a Maya como el encargado de proporcionar los contactos necesarios para viajar a zonas de conflicto, generalmente a través de Turquía, y manifestaron que era él quien les sugería el país donde debían viajar.

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