El abandono de animales se reduce en Málaga, pero también bajan las adopciones

El Refugio de la Protectora acoge actualmente a 889 animales, el triple de la capacidad con el que se construyó. :/SUR
El Refugio de la Protectora acoge actualmente a 889 animales, el triple de la capacidad con el que se construyó. : / SUR

La Protectora recogió el año pasado a casi 1.600 ejemplares y mantiene en el refugio al triple de perros y gatos de su capacidad

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

El abandono de animales continúa siendo uno de los peores indicadores en una ciudad que aspira a ser un referente cultural, tecnológico, turístico, ambiental y por su calidad de vida en Europa. Las estadísticas facilitadas por la Sociedad Protectora de Animales muestran una evolución agridulce. De una parte, es cierto que los abandonos van en descenso, aunque se mantienen todavía cerca de los 1.600 ejemplares recogidos en 2017. Pero, al mismo tiempo, bajan las adopciones. El resultado es evidente: actualmente, el refugio está «completamente colapsado», en palabras de su presidenta, Carmen Manzano, con 889 animales, el triple de la capacidad con el que se construyó (unos 300).

Si en 2015 se recogieron casi 2.000 animales, en su mayoría perros y gatos, en 2016 ya bajaron a unos 1.800 y en el último ejercicio fueron casi 400 menos, lo que indica una cierta mejoría de la conciencia social de los malagueños. En cambio, Manzano pone de relieve que en los últimos meses se ha detectado un mayor número de perros abandonados por estar enfermos o tras haber sido atropellados. «La gente tiene animales pero no quiere asumir los costes, e ir al veterinario es caro. Es un factor de abandono, nos los dejan para que nosotros los curemos, pero tenemos recursos muy limitados». A ello, se añade el hecho de que se han multiplicado las camadas que llegan, con una tasa de mortandad alta y un coste elevado para sacar adelante a los lactantes (unos cien euros al mes por cachorro). «Mientras no se persiga de una manera seria el abandono y la ley deje de ser tan permisiva, mientras los criaderos no se controlen, seguirá habiendo mucho abandono».

Menos adopciones

En el otro lado de la balanza, las personas dispuestas a dar un nuevo hogar a un animal también van en descenso. Si entre 2015 y 2016 superaban las 1.500, el año pasado se redujeron a 1.300. La caída ha sido especialmente fuerte en el caso de los canes. La experta animalista apunta a varias razones que justifican esta situación. De una parte, está el hecho de que las adopciones internacionales han bajando mucho. La mayoría de las acogidas fueron por parte de ciudadanos locales (802 perros), mientras que la internacionales se redujeron a 166.

«El mercado esta saturado y ha bajado la demanda de perros en los países europeos». A ello, se une el hecho de que se ha endurecido la regulación para la tenencia de las razas consideradas potencialmente peligrosas, entre las que está, por ejemplo, el mastín, que es una de las más habituales en las perreras. «En Finlandia ya no quieren más, es un país con poca población y las peticiones han caído drásticamente». Las acogidas de nacionales también han bajado, ya que cada vez la normativa es más complicada. «Se penaliza al que lo tiene de forma legal, con muchos requisitos, y al ilegal no le pasa nada». Un último factor es que, como reconoce la presidenta, en la Protectora cada vez son más «selectivos» a la hora de entregarlos en adopción.

Las adopciones por parte de malagueños se mantienen, pero las internacionales caen

En el caso de los gatos, la situación es más estable y apenas hay variaciones. Otro indicador, que también es positivo, es el referido a los animales eutanasiados –por daños muy graves o enfermedad incurable– o fallecidos por muerte natural. Las cifras han bajado drásticamente, y actualmente apenas se superan el centenar de casos, casi una tercera parte de las de 2015.

La labor de la Protectora va más allá de las mascotas comunes. Los voluntarios han rescatado este año a 109 ejemplares, entre hurones, conejos, tortugas, hamsters, gaviotas y otras aves. En el caso de estas últimas, una vez recuperadas, se han anillado y soltado en las playas. En el caso de especies consideradas invasoras, se evita que estas queden en libertad en la Naturaleza, donde pueden amenazar los ecosistemas.

Por otra parte, gracias a un convenio con el Ayuntamiento de la capital, la ONG ha podido derivar desde el Centro Zoosanitario a sus instalaciones y red de voluntarios a un total de 194 perros y 58 gatos. De esta forma, han podido tener una segunda oportunidad. Y ello, concluye Manzano, «a pesar de la tremenda masificación que padece el Refugio». Para este nuevo año hay muchos retos todavía pendientes, pero uno de los principales es, precisamente, alcanzar el hito de que ningún animal sea sacrificado en Málaga por el mero hecho de no tener un hogar.

Un centenar de familias acogen animales en riesgo

Junto al Refugio de la Sociedad Protectora de Animales, que cuenta con personal contratado, voluntarios y socios que hacen aportaciones económicas mensuales para su mantenimiento, la red animalista de la capital tiene una pieza clave con las casas de acogida. Casi cien familias participan en este programa, que consiste, básicamente, en hacerse cargo de cachorros recién nacidos o de muy corta edad y ejemplares adultos enfermos o que han sido operados. Gracias a estos, la supervivencia de unos y otros es mucho más alta, además de que se evita empeorar todavía más la sobrecarga de la sede.

«Se hacen llamamientos a través de las redes sociales, y a los interesados se les pasa un cuestionario de idoneidad», explica la presidenta, Carmen Manzano. Una vez que se incorporan, se les facilita todo lo necesario, en especial la leche para los lactantes –que es muy cara– así como piensos medicinales y el acceso a los veterinarios de la entidad y a otros conveniados, en caso de emergencia. A cambio, los participantes se comprometen a prestar sus domicilios y cuidados por un periodo que, en el caso de los recién nacidos, se prolonga un mínimo de tres meses, hasta que tienen todas las vacunas puestas y son autónomos. Muchos acaban siendo adoptados y ya no se separarán nunca de sus familias de acogida.

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