Un hombre que se pasea con un cuchillo tiene atemorizados a sus vecinos en Olletas

Imagen del número 12 de la calle Marmolistas, el edificio en el que los vecinos denuncian los hechos.
Imagen del número 12 de la calle Marmolistas, el edificio en el que los vecinos denuncian los hechos. / SUR
  • Desde agosto, la Policía le ha detenido hasta en once ocasiones por quebrantar la medida de alejamiento que le impide acercarse al bloque

En el número 12 de la calle Marmolistas, situada en la barriada malagueña de Olletas, están atemorizados. Desde hace tiempo viven una situación «insostenible» por culpa de una de las personas del bloque. Así lo aseguran los vecinos, que prefieren permanecer en el anonimato por miedo a las represalias que puedan sufrir, ya que «este hombre es muy violento y no está bien de la cabeza. Se pasea por allí con un cuchillo». Lo que nadie se explica en esta comunidad es por qué tienen que aguantar esta situación, ya que sobre el individuo pesa una orden judicial que le prohibe acercarse a la zona.

Los vecinos explican que vienen sufriendo el problema desde hace tiempo, pero que se ha acentuado en los últimos meses, desde que este vecino se quedó solo: «Vivía con su abuelo, pero un día le dio por prender fuego a la puerta de la casa y el hombre acabó marchándose. Cerraron la casa, pero él sigue viviendo ahí abajo. Ha roto un barrote de la reja de una de las ventanas y por ahí entra y sale».

De hecho, la situación llegó a los tribunales, donde acudió el administrador de la comunidad para denunciarlo. En el documento, al que ha tenido acceso este periódico, se insiste en que esta persona «tiene atemorizados» a vecinos del bloque y se explica que sobre él pesa una orden de alejamiento de alguno de ellos.

El administrador indica en la denuncia que el vecino en cuestión debe tener algún trastorno psiquiátrico y que en numerosas ocasiones causa daños en las zonas comunes del bloque y en su propia casa. «En el momento en el que se le reprocha algo, arremete contra el vecino que lo hace y toma represalias contra el mismo, habiéndole visto en alguna ocasión rociar gasolina en el rellano donde vivía» la persona en cuestión.

Esto es precisamente lo que tiene preocupados a los vecinos. Una de ellos cuenta que en una de las ocasiones, al saber que tenía una orden de alejamiento y que no podía estar cerca de la casa, alertó a la Policía Nacional y se le detuvo: «Desde entonces la tiene tomada conmigo. Después de que le arrestaran, al dejarlo en libertad, se presentó en mi casa aporreando la puerta y diciéndome que me iba a cortar el cuello».

Desde entonces esta mujer insiste en que no sale sola a la calle. Relata que sus vecinas la «tapan» y la cubren para entrar en el edificio. «Ahora vivo mirando por la ventana, porque sé que cada vez que le dejan en libertad, se viene para acá. En cuanto lo vea vuelvo a avisar a la policía», apunta.

El último arresto se produjo el pasado miércoles. Fue el cuarto que le consta en el último mes por quebrantamiento de la medida de alejamiento, según las fuentes consultadas por este periódico, quienes apuntan que, desde agosto del año pasado, se le ha detenido hasta en once ocasiones.

Pero tras el paso por el calabozo y los juzgados, siempre acaba volviendo al edificio. «Ahora cada vez viene más enfadado y se pone más agresivo», afirma uno de los vecinos, que dice que «es normal ver a este hombre armado con un cuchillo peleándose con su amigo imaginario o medio desnudo haciendo sus necesidades en la calle».

El caso de Francisco Díaz

«Algún día va a ocurrir una desgracia». Es una frase que se repite una y otra vez en cuanto los vecinos analizan la situación. Afirman que tienen «miedo», porque «se le ve con cuchillos y hablando solo». Se acuerdan de casos como el de Francisco Díaz Jiménez, el agente de la Policía Nacional que falleció después de que un indigente con problemas psiquiátricos le asestara una puñalada en el pecho sin mediar palabra.

Los vecinos explican que esta persona sufre algún tipo de enfermedad mental. De hecho, una de las intenciones de poner los hechos en conocimiento del juzgado, según los vecinos, es que se abra un procedimiento para su incapacitación y que se le ingrese en un centro especializado para que pueda ser tratado.

Y es que en el bloque todo el mundo coincide en que este vecino sufre una enfermedad y que necesita ayuda. Puestos en contacto con el Consistorio, la directora general de Derechos Sociales, Ruth Sarabia, explicó que no se tiene constancia de haberle atendido, aunque sí de que haya sido usuario del albergue municipal.

«Aún así, hemos enviado a la Unidad Municipal de Emergencia Social (UME), que está formada por un enfermero y un trabajador social. Éstos se entrevistaron con los vecinos para atender al hombre. Cuando esté allí iremos para asistirle e intentar que tome la medicación que le corresponda», expuso Sarabia.

Después de meses atemorizados, acaba de cambiar la situación de este bloque. Tras su última detención el pasado miércoles por volver a quebrantar la orden de alejamiento, fue puesto a disposición judicial ayer y el juzgado de guardia ordenó su internamiento en un centro psiquiátrico. Por ahora, los vecinos no tendrán que seguir atentos a sus ventanas para ver si vuelve por allí.

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