Diario Sur

Tres detenidos por la pelea que originó la estampida en la procesión del Cautivo

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Escenas de desconcierto durante la avalancha que se produjo el Lunes Santo. / Fernando González

  • La reyerta se produjo a raíz de que uno de los implicados tropezara al intentar pasar entre las sillas de particulares de la calle Carretería

La gente hablaba de una pelea. Algunos, incluso, decían que con armas de por medio. Pero nadie la había visto. Esa noche, la del Lunes Santo, los agentes no pudieron localizar ni un solo testigo fiable que presenciara lo ocurrido. Por no haber, no había ni restos de sangre que atestiguaran la reyerta, o al menos el punto en el que se produjo. Pero una cosa sí estaba clara. Algo había debido de pasar para que el público, los músicos y hasta los nazarenos huyeran en estampida por las calles del Centro durante la procesión del Cautivo.

A partir de ahí, a la Policía Nacional le quedó el reto de encajar un puzle sin apenas piezas. Los investigadores de la comisaría del distrito Centro, que le dieron máxima prioridad al caso ante la magnitud de la avalancha, fueron localizando testigos que iban arrojando luz sobre la pelea. Sólo una semana después, tras revisar las cámaras de seguridad de la zona, los agentes han realizado los primeros arrestos en relación al suceso. Según ha podido saber SUR, ya hay tres detenidos.

Los hechos ocurrieron a las 2.10 horas del Lunes Santo a la altura del número 77 de la calle Carretería. La investigación policial ha confirmado que el detonante de la reyerta fue una disputa relacionada con las sillas que particulares (no oficiales) colocan en primera fila en las aceras, tal y como como adelantó este periódico en su edición del miércoles. «Estaban pasando las promesas cuando escuché a una mujer gritar a un hombre. No recuerdo sus palabras exactas, pero fueron algo así como ‘qué haces, no me empujes’», declaró un testigo presencial que se encontraba a pocos metros de ellos. Al parecer, él quería pasar entre las sillas y se tropezó.

Entonces, el marido de la mujer, que estaba junto a ella, se levantó y comenzó a discutir acaloradamente con aquel hombre, siempre según el relato del testigo. «Fue todo muy rápido. De pronto, (el marido) cogió la banqueta en la que estaba sentado, la plegó y empezó a golpear con ella al chico. Era una de esas que se llevan a la playa. Por lo menos le dio siete u ocho veces con la parte metálica», añadió el testigo, quien aseguró que se sumaron varias personas más por ambas partes, aunque el grupo de la víctima era bastante inferior en número al del agresor.

La reyerta originó algunos gritos y cierto revuelo, pero ni mucho menos la marabunta posterior. «Los que estábamos al lado reaccionamos apartándonos, pero nadie salió corriendo ni nada. Yo, por ejemplo, me marché de allí sin más», explicó.

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Otro momento de la huida. / H.C.

Pero el eco se extendió por la procesión y los rumores amplificaron una simple pelea sin heridos graves hasta convertirla en una auténtica estampida. Empezaron a circular distintas versiones sobre lo sucedido, a cual más alarmante: una reyerta con armas, navajazos, fogonazos de flashes que se creían disparos... Incluso un coche conducido por un ‘kamikaze’ que circulaba en sentido contrario desde la plaza de La Merced.

La histeria colectiva se apoderó de las calles y la procesión se partió en dos. La gente salió corriendo «en todas las direcciones», explicó otro testigo, que describió gráficamente: «Había móviles tirados por el suelo y nadie se paraba a recogerlos». Varios niños se perdieron, aunque fueron encontrados al poco tiempo por sus padres. Cada uno se resguardaba donde podía. Hubo incluso quien intentó esconderse debajo del trono del Cautivo. Familias enteras se ocultaron en los locales que hallaron abiertos, y un centenar de personas se refugió en la Jefatura de la Policía Local, en la avenida de La Rosaleda.

Para convencer a unos y otros de que salieran a la calle, los agentes tuvieron que pedirle a la banda de música que volviera a tocar para hacerles ver que la procesión seguía y todo volvía a la normalidad. No obstante, estuvo interrumpida unos 20 minutos, produciéndose un corte entre el Cristo y la Virgen de 200 metros en los que, literalmente, «desaparecieron penitentes y nazarenos». Muchos ya no volverían a incorporarse al recorrido.

La estampida dejó al menos cuatro heridos de entidad y un reguero de asistencias por crisis de ansiedad. Un joven que se escondió en un hotel del Centro –junto a otras 50 personas– sufrió una insuficiencia cardiaca que obligó a su ingreso durante horas en el hospital; dos chicos sufrieron cortes bastante profundos en las piernas al intentar saltar una valla terminada en punta en la plaza del Teatro para evitar que la avalancha los aplastara; y, por último, una mujer de 60 años que presenciaba la procesión cayó al suelo empujada por la muchedumbre y fue asistida por un aparatoso corte en el pómulo.

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