Las Matemáticas pueden ser fáciles

Manuel, alumno del Nuestra Señora de los Remedios de Cártama, resuelve un problema.
Manuel, alumno del Nuestra Señora de los Remedios de Cártama, resuelve un problema. / Francis Silva
  • El CEIPNuestra Señora de los Remedios de Cártama, uno de los que han implantado el método ABN

  • Colegios de España y de otras partes del mundo imparten a unos 200.000 estudiantes este sistema que ha conseguido mejorar sus resultados

Es una de las asignaturas más temidas por los estudiantes. Y la que coloca a Andalucía en los últimos lugares de los informes internacionales, como el reciente de PISA. Pero hay profesores que no se resignan a que su asignatura sea la más odiada o la que peores resultados arroja. Es el caso de María Risueño, que enseña Matemáticas en el CEIP Nuestra Señora de los Remedios de Cártama. Le llamó la atención las dificultades que tenían los niños y niñas para comprender el sistema de decimales. Comenzó así a investigar cómo afrontar el problema hasta que dio con el método de algoritmos ABN. «El equipo directivo apoyó el cambio de método, hicimos los cursos de formación y este es el segundo año en que estamos enseñando con esta metodología», explica la profesora.

Los alumnos aprenden «con materiales de uso cotidiano, con cerillas, palillos, pinzas de la ropa o tapones». Así, conceptos matemáticos abstractos se tocan y manipulan, haciéndolos más accesibles. «Lo más simple nos sirve para enseñar y lo mejor es lo divertido que se les hace a los niños. Están deseando que llegue la hora de Matemáticas», dice la profesora. El centro mantiene su apoyo a esta metodología y además de en Primaria se está implantando en Infantil.

Los próximos días 30 de junio y 1 de julio se celebra el tercer congreso nacional en Jerez de la Frontera. En el mismo participarán algunos de los niños y niñas que han vivido esta metodología.

María Risueño asegura que los alumnos entienden mejor los problemas que se les plantean y mejoran mucho en cálculo. Otra ventaja es, asegura, que cada uno «puede ir a su ritmo, se adapta a las características de cada niño o niña, y no tenemos el problema que se presenta con el método tradicional de alumnos que se van quedando atrás».

Así, esta asignatura que se ‘atraganta’ a la mayoría pasa a ser un juego. «Los niños componen y descomponen números, trabajan con los distintos materiales, como palillos, pinzas, tapones de botellas, cerillas y otros objetos cotidianos, juegan con los números y aprenden de una manera muy natural», afirma la profesora.

Reticencias de los padres

Pero el camino no ha sido fácil, y el equipo directivo ha tenido que superar las reticencias de los padres, siempre recelosos a la innovación educativa. «Les pedimos paciencia y confianza, y ahora ven que los resultados nos están dando la razón», explica Marisa Risueño.

En el pasillo de la clase se coloca una gran escala de números. Y toda la clase levanta la mano cuando la profesora pide voluntarios para hacer sumas y restas. Miriam se coloca en el ‘0’ y desde ahí sube y baja la escala según la operación matemática que se le plantea. Y también todos quieren salir a la pizarra a hacer algunas de las operaciones con las que exponen el método, que consiste en componer y descomponer los números, de manera que se llega a la solución que, además, puede ser múltiple. «No hay una regla fija, cada alumno puede llegar a la solución de una manera distinta», explica la profesora. Se calcula de izquierda a derecha, y no hay ‘llevadas’. El alumnado también ha mejorado mucho en cálculo mental y en la resolución de problemas. Lo que más valora la profesora es que los chicos y chicas «pierden el miedo a las Matemáticas, que ahora es una de las asignaturas que más aprecian», afirma.

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