Diario Sur

Rumores sobre disparos y un coche en dirección contraria desataron la histeria colectiva en la procesión del Cautivo

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Confusión tras producirse la estampida / EDUARDO NIETO \ D. LÓPEZ\ P.J. QUERO

  • Más de 100 personas se refugiaron en la Jefatura de la Policía Local en la avenida de La Rosaleda, donde hubo que asistir a varias de ellas por desmayos y crisis de ansiedad

Algo ocurrió, pero aún no se sabe qué. Ni dónde. Ni por qué. "Ni siquiera hemos podido averiguar cómo fue la pelea ni si alguno de los implicados, como se dijo, había exhibido un arma", aseguran varios policías locales que intervinieron en la avalancha que se originó anoche durante la procesión del Cautivo.

La reyerta, que algunos testigos sitúan a las 2.10 horas en el número 77 de la calle Carretería (justo cuando pasaban por ese punto las promesas que caminan detrás del trono del Cautivo y delante de la sección de la Virgen de la Trinidad), dio lugar a una sarta de rumores que sirvieron de caldo de cultivo para la histeria colectiva que se apoderó de las calles del centro.

Unos decían que habían oído disparos; otros, que habían visto un fogonazo; y había varios que aseguraban que un coche había entrado a toda velocidad en sentido contrario desde la plaza de la Merced. La psicosis originada por los rumores de un atentado derivaron en una avalancha imposible de controlar.

La gente salió corriendo "en todas las direcciones", cuenta un testigo, "a los músicos se les iban cayendo los instrumentos. Otros presentes incluso aseguran que había hasta teléfonos móviles tirados por el suelo y la gente ni se detenía a cogerlos". Varios niños se perdieron, aunque fueron encontrados al poco tiempo por sus padres. La presencia del helicóptero de la Policía Nacional, que sobrevoló la zona del río más próxima a la calle Carretería para intentar tomar imágenes desde el aire de lo que estaba pasando, contribuyó sin pretenderlo a acrecentar la sensación de que algo estaba pasando.

Familias enteras se refugiaron en los locales de los alrededores que encontraron abiertos a esa hora. "Intentamos convencerlos de que salieran, de que no había ningún atentado, pero no había forma", relata otro de los agentes que actuaron. "La única forma de lograrlo fue decirle a la banda de música que volviera a tocar para que comprendieran que la procesión continuaba y que todo volvía a la normalidad". También contribuyó el fuerte despliegue policial que se organizó tras el incidente, con el que trató de dar la sensación de que la situación estaba bajo control.

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/ F. González | M. García H. Cortés | E. Nieto

El concejal de Seguridad del Ayuntamiento de Málaga, Mario Cortés, quiso hacer un llamamiento para evitar que se repitan situaciones como la de anoche. "No hay que sacar conclusiones apresuradas ni guiarse por los comentarios de la gente, sino seguir las indicaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado", recalcó.

No hay detenidos ni una versión clara de la pelea. Los agentes no han encontrado testimonios coincidentes. Testigos hablan de una reyerta entre al menos dos jóvenes a la que se fueron sumando varias personas más. Alguno afirma que hubo un arma de por medio, aunque reconoce que no llegó a verla.

SUR localizó a un testigo de excepción. Daniel López se encontraba en un balcón de un primer piso de la calle Carretería, justo frente al lugar en el que se produjo el incidente que dio origen al tumulto: “Al principio era una pelea entre dos o tres jóvenes, pero en cuestión de segundos empezó a sumarse más y más gente y eso hizo que se creara una situación de pánico que se extendió rápidamente. Ha sido todo muy rápido, apenas nos hemos podido dar cuenta de lo que estaba pasando”.

Según describió, los implicados en este altercado huyeron corriendo por la calle Ollerías al percatarse de la magnitud del problema de orden público que había causado su conducta. “No vimos que emplearan armas, solo se pegaron”, indicó López, que había venido a conocer el Lunes Santo malagueño desde la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda junto con otros amigos.

Tampoco se sabe el origen de la disputa ni las consecuencias, aunque todo apunta a que no hubo heridos. Al inspeccionar el tramo donde debieron de suceder los hechos, los policías no hallaron restos de sangre, por lo que presumen que fue más un conato -"una discusión con algunos empujones"- que una pelea.

Los dos únicos lesionados lo fueron por la avalancha: dos jóvenes que intentaron saltar una valla metálica terminada en punta en la plaza del Teatro. La chica sufrió contusiones en las piernas, mientras que su acompañante presentaba un corte bastante profundo en un muslo. Los agentes tuvieron que hacerle un torniquete para detener la hemorragia y trasladarlo al Hospital Clínico.

Las patrullas de servicio tuvieron que atender por desmayos y crisis de ansiedad a un numeroso grupo de personas que, durante la estampida, corrieron hasta las dependencias de la Policía Local en la avenida de la Rosaleda. La jefatura, que tenía las puertas abiertas ante el tránsito constante de vehículos policiales, se convirtió en el refugio de más de 100 personas, la mayoría mujeres que venían de promesa detrás del Cristo y que manifestaban haber escuchado que se estaban produciendo disparos.

La procesión estuvo interrumpida durante algo más de 20 minutos, produciéndose un corte entre el Cristo y la Virgen de unos 200 metros en los que, literalmente, "desaparecieron penitentes y nazarenos". Muchos de ellos ya no volverían a incorporarse al recorrido. De hecho, el número de asistentes al encierro se había reducido en al menos un tercio respecto al año anterior, según la Policía Local.

Según testigos presenciales, el suceso se originó por un enfrentamiento entre varios jóvenes. El desconcierto por lo que estaba ocurriendo extendió el pánico entre la multitud, produciéndose una avalancha, con gritos y escenas de pánico.

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