Cuestiones de accesibilidad

Escaleras de acceso al edificio de la Agencia Tributaria, en la avenida de Andalucía.
Escaleras de acceso al edificio de la Agencia Tributaria, en la avenida de Andalucía.
  • Mayores y personas con discapacidad tienen dificultad para acceder a estos lugares

Quienes tienen alguna discapacidad saben de sobra cuáles son las principales barreras que les impiden una rutina normalizada, una sensación que también comparten las personas mayores que por motivos de edad empiezan a descubrir las dificultades que entrañan desenvolverse por la ciudad o acceder a algunos lugares. En definitiva, tanto las personas con movilidad reducida temporal o en situaciones que les obligan a enfrentarse a los obstáculos de ciertos lugares sufren a diario. Por este motivo, cuando se construye hay que tener en cuenta estas cuestiones. Un lector, José Manuel Molina, repara en ello y señala en un escrito dirigido a este periódico que «no se puede comprender cómo se construye con tan poca calidad la obra municipal y no se revisan las obras cuando se entregan. Por ejemplo, el nuevo acceso al puerto tiene el paso de peatones con dos pequeños bordillos, cuando debería estar al mismo nivel que el asfalto para evitar tropiezos, caídas y no entorpecer el paso de personas en silla de ruedas». Añade que «también la acera de la antigua entrada al puerto que ahora han cerrado, tiene muchas losas sueltas, y esto son obras de hace poco. Los baches que quedan tras realizar zanjas para meter conductos de un lado a otro de la calle son numerosos».

Hacienda

Otro caso es el del edificio de la Agencia Tributaria en la avenida de Andalucía. Resulta que el elevador del que dispone este organismo a la entrada del edificio para salvar las incómodas y empinadas escaleras que conducen al interior está fuera de servicio desde hace al menos tres meses. Un cartel así lo indica, al mismo tiempo que ofrece la posibilidad de que las personas que tengan dificultades para acceder al edificio utilicen un elevador que existe en la parte de atrás del inmueble. Y aunque han previsto una alternativa ante la avería, la realidad es que son pocos los usuarios que se aventuran a dar el rodeo a todo el edificio para utilizar esa opción, y es más que frecuente ver subir por las escaleras a personas mayores muy fatigadas e incluso a algún discapacitado y también a parejas sujetando entre los dos carritos de bebés. Un extra de dificultad añadida a la ya de por sí inherente por acudir a rendir cuenta al tributo.

José Bergamín. Algo más que un inocente parque infantil

En la plaza José Bergamín hay un parque infantil a escasos 50 metros de edificios de viviendas donde «naturalmente se reúnen niños y adultos», dice Manuel De Miguel. «Hasta aquí normal. Lo peor es que algunos adultos se reúnen para beber y fumar(no precisamente cigarrillos) si no otras sustancias, sin importar que haya menores a su alrededor. Esto lo vienen haciendo desde hace años y nadie dice ni hace nada. Se reúnen en dicha plaza hasta altas horas de la madrugada, la policía a veces viene pero una vez se marchan, vuelven a lo mismo. Los vecinos estamos cansados de denunciar estos hechos, pero la situación sigue igual, y con la entrada del buen tiempo es insoportable, y al parecer la única solución sería trasladar ese parque a otro lugar donde no existan viviendas alrededor, ya que en verano ni siquiera podemos abrir las ventanas por los gritos de los niños y los adultos, aparte de las numerosas borracheras».

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