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«Las exigencias
corporales para
ciertos trabajos
son una
cualificación 
que debe ser
retribuida»

«Las exigencias corporales para ciertos trabajos son una cualificación que debe ser retribuida»

  • José Luis Moreno Pestaña. La apariencia física en algunas profesiones lleva a la mujer a un alto nivel de exigencia, origen a veces de trastornos alimentarios. Para este filósofo, que lleva años investigándolos, el debate público debe abordar que la exigencia de 'capital erótico' en el trabajo se normalice con una retribución específica y condiciones adecuadas

Defiende que los patrones estéticos son una opción política y ética. La delgadez como norma desde el XIX para la aceptación social se ha instituido ya como una exigencia no escrita para ciertos trabajos, y si en el hombre lleva a un patrón de salud, en ciertas trabajadoras suele llevar a una exigencia enfermiza. En 'La cara oscura del capital erótico. Capitalización del cuerpo y trastornos alimentarios' se adentra en la trastienda de esta realidad.

¿Qué idea le llevó al libro?

La convicción de que hay una conexión directa entre anorexia y bulimia y ciertas experiencias en el mercado de trabajo. Había hecho investigaciones y tenía ganas de un trabajo sistemático. Ver en qué oficios la gente tendía a ser más delgada. La Encuesta Nacional de Salud muestra que los había con un índice de masa corporal (IMC) muy bajo, lo que significa que hay gente que para entrar, mantenerse y ascender en su trabajo necesita controlar su cuerpo mucho y algunas acababan en anorexia y bulimia. Fue una investigación no fácil, porque la gente no está dispuesta a hablar ni es algo que desde las empresas o las administraciones se aborde.

Aunque alude al mundo gay como uno de los más preocupados por su capital corporal, ¿por qué ciñe su análisis a las mujeres?

La presión corporal la notan tanto hombres como mujeres, pero la construcción del prototipo masculino fuerte proporciona un cuerpo que da vigor. En cambio, el femenino las lleva a una etapa casi adolescente y puede producir estragos en su salud. La población con trastornos de alimentación es sobre todo femenina.

Sostiene que una mujer que se esfuerza en su buena apariencia es algo que debe ser retribuido porque aporta valor en ciertos trabajos.

Eso es así y no surge de la nada, sino del esfuerzo de muchas para ser valiosas laboralmente y es algo que nadie les recompensa. Habría que plantearse si no es discriminatorio que en determinados oficios se les exijan condiciones corporales porque no se sabe la conexión lógica entre llevar bien una barra y tener una determinada morfología, ni entre atender bien a la clientela de una tienda de ropa y tener un determinado tipo. Tampoco entre eso y ser presentadora de telediario o periodista. Lo primero es reconocer ese esfuerzo y trabajo que a bastantes las condena a trastornos alimentarios. Lo segundo es preguntarse si se les exigen son requisitos discriminatorios o no. En este último caso esa exigencia corporal es una cualificación que debe ser retribuida. Eso es importante en un país con gran parte de trabajadoras en tareas de atención al público: camareras, vendedoras, profesoras...y suele ser común la exigencia explícita o implícita de un determinado aspecto físico, que supone inversión en ropa, alimentación, maquillaje, ejercicio...

¿Hay algún país donde los partidos entren en ese terreno?

Curiosamente donde hay más discusión es en EE UU. Allí hay grupos que plantean litigios por las exigencias para determinados puestos. A una trabajadora de un casino de Nevada le obligaban a llevar pantalón corto y a maquillarse de una cierta manera. Se negó, pero recibió el apoyo de sus clientes. La fetichización estética no tiene por qué ir de la mano de un buen trabajo. En España, la administración de salud se preocupa de las consecuencias físicas o psíquicas de este asunto, ni los sindicatos tampoco, salvo algunos muy minoritarios. Evidentemente donde más se nota la conexión entre el aspecto físico y la presencia pública es en el mundo político. Se tiende a que tengan un aspecto físico hiperortodoxo, pero la mayoría de la población no es así. En política encontramos a muy pocos gordos y gordas.

¿Ha analizado cuántos diputados están en la horquilla políticamente correcta de IMD?

No, porque me he concentrado en otras profesiones. Quería salir del aspecto más mediático, ir a las profesiones que están fuera del debate público. La visión de los políticos es la de personas cada vez menos válidas pero más guapas. Fuera de él, salarios escasos y jornadas largas, por eso no me he centrado en la política. La apariencia corporal cobra una gran importancia sin que se sepa la relación entre ser buen representante político y ser guapo. Un político lo primero que hace es hacer dieta.

No sin antes pasar la cartelería electoral por el 'photoshop'.

Por supuesto.

Todo eso del bien común, la vocación de servicio... usted lo deja a un lado. Sostiene que muchos líderes buscan en el fondo el brillo personal, recibir el estímulo fuera de su esfera cotidiana. ¿El brillo personal de Iglesias oscurece a Podemos?

Yo estoy en Podemos y de los partidos de la casta decíamos que no seleccionaban a la gente más válida sino a la más trepa y servil, y que fuera de la política había más gente inteligente que dentro. Cambiarla supone que la vida política no debe estar en manos de gente de colmillo retorcido incapaz de gestionar una comunidad de vecinos pero que saben convertirse en cortesanos del jefecillo local, autonómico o nacional. El hiperliderazgo y la atención obsesiva a los medios es repetir lo que conocíamos. Queremos las cosas rápido, pero hay que tener paciencia. Los que tenemos hijos debemos ser optimistas.

Sostiene que un cuerpo delgado es expresión de cierta exigencia moral. Esa moral corporal no se ve en la obsesión general por la delgadez.

Bueno, el cuerpo es el resultado en parte de una serie de prácticas. Si quieres cambiar la dieta lo que debes hacer es imponerla en casa, y eso tiene consecuencias económicas, también simbólicas. Si a tu gente les dices que la forma en que se alimenta no es buena, eso permite romper o integrar un grupo. El comer todos juntos, comer con los compañeros, esa hora del bocadillo que fue una gran conquista del mundo obrero para poder hablar. Para mi libro he hablado con mujeres que comen en los baños y a las que pese a eso se les sugiere reducir ese escaso tiempo. Muchas adelgazan porque tienen un desgaste grande, y es que en torno a la alimentación hay desafíos morales y políticos muy importantes. Platón, en 'La República', se reía de los atletas, que pasaban todo el día ocupados en sus proezas corporales y no atendían nada a la ciudad. Ocuparse del cuerpo ya es una cuestión política y ética. Soy muy crítico con la gordofobia de cierto discurso médico. Habría que ver si las cifras de sobrepeso quieren decir algo sobre la morbilidad o no, o sólo es un problema estético. Sobre eso hay un gran debate científico que no se traslada a los medios. Si la obesidad mórbida es un problema lo que no sabemos es qué efecto tienen las dietas yoyó. Sobre el sobrepeso se están construyendo mitos y campañas de evangelización que no son rigurosas. La conversión al adelgazamiento se presenta como un fetiche moral de excelencia. La pobreza es ya un problema de salud. Si en un nuestro sistema de salud fijamos unos determinados IMC estamos eligiendo un modelo de ciudadano. Y si no entramos en las condiciones de trabajo de personas a las que se les exige una determinada morfología dejamos la responsabilidad sólo en el individuo y olvidándonos de la responsabilidad empresarial.

Cirugía estética

El sistema de salud lucha contra el sobrepeso, pero nada dice de asumir problemas estéticos que generan gran malestar psíquico.

Cuento el caso de dependientas donde la cirugía estética se ve como algo banal, lo que nos lleva a pensar en sí para mantenerse en ciertos puestos de trabajo es algo necesario. Eso entraría en el campo de exigir políticamente que se abordara.

En la esfera feminista, sus planteamientos equivalen a consolidar cierta cosificación de la mujer ¿Ha encontrado más detractores que aliados?

Fundamentalmente con aliados. En el mundo académico hay muchas cuestiones sobre el cuerpo, pero pocas en la relación de cuerpo y trabajo. Yo hago investigación feminista y en ese movimiento hay dos líneas: la de perseguir las exigencias corporales a la mujeres y la otra que aboga por reconocer y retribuir los aportes corporales que una mujer debe hacer en su trabajo. No tomo posición por una u otra. Ideológicamente me identifico con la primera pero reconozco que la segunda está tan instalada que hay que escucharlas. Hay una realidad de sueldos bajos, de agotamiento físico, de falta de tiempo para preparar una comida sana, pero también muchas que están muy contentas con la cualificación que les proporciona su cuerpo. Hay que escucharlas. Ese debate debe estar en el movimiento feminista y en general en la sociedad.

La tecnología salvará oficios imposibles de mecanizar, como los de muchos servicios cara al público, con lo que su tesis sopla a favor de que estén mejor retribuidos.

Claro, en una economía de servicios, esas tareas son centrales, pero la fetichización estética no tiene que ir de la mano de un buen trabajo. La cualidad de un trabajo de contacto es algo muy complejo y no tiene porque asociarse a un determinado físico. Lo mismo podemos pensar de una vendedora obesa de ropa, que se la rifan muchas tiendas porque asesora a mujeres de cuerpos diversos y lo hace con especial acierto. La exigencia física puede ser banal y una buena camarera, como un buen político, puede serlo al margen del aspecto físico.

Pero está esa línea delicada de pagar bien y dar así carta blanca para exigir un determinado escote.

Estoy en contra de esas exigencias, aunque hay trabajadoras contentas con ellas. Intento escucharlas y comprenderlas. A la belleza femenina le pasa como a otras cualidades de los grupos dominados. Primero se elogian y al siguiente momento reciben un insulto. Mi planteamiento general es que una periodista, una vendedora o una camarera pueden desarrollar su función siendo delgadas o gordas, guapas o feas según el canon dominante.

Utiliza una cita de una diseñadora: «No hay mujeres feas, solo mujeres perezosas» ¿La comparte?

Es una mentira. No podemos tener el cuerpo que nos dé la gana.

Usted se mueve en la zona de la mejora estética, pero qué plantea para la fealdad radical, que puede llegar a ser incapacitante para la vida laboral.

No es la fealdad lo que juzgo. Es como la altura. No la podemos cambiar. El discurso de la industria del adelgazamiento funciona diciendo que si, pese a cómo te ha hecho la naturaleza, eres delgado y con estilo, serás socialmente aceptado. La cuestión básica es la delgadez. Si fuera belleza o no, cada uno haría el duelo a su manera. Aquí es que aunque seas feo, si eres delgado, y eso depende de tu esfuerzo, serás socialmente aceptado. Ese es el juego que se analiza y se denuncia en el libro. Otra cosa es cómo gustan los cuerpos y cómo la gente experimenta placer con ellos. Sobre eso, nadie sabe casi nada y podemos encontrar situaciones de lo más variadas. Fíjese que algunas han salido de la anorexia porque han encontrado el placer sexual en cuerpos en absoluto ortodoxos y han considerado que un esfuerzo para cumplir el patrón de apariencia física de la delgadez era ridículo. La experiencia erótica de un individuo no tiene nada que ver con las normas estéticas dominantes.

¿Por qué no suele haber musculitos de gimnasio en las cátedras?

Hay una variedad enorme. Hablo con muchos profesores, y se da una situación ambivalente. Se premia la belleza física pero no puedes hacerlo explícitamente porque abrirías la sospecha de haber logrado un trabajo con recursos digamos no legítimos. Entre el profesorado existe esa norma, característica de la burguesía culta que desde el siglo XIX ha hecho de la delgadez centro de su apariencia. Hay una inversión física importante entre el profesorado.

Pero no hasta el punto de eclipsar lo que llama 'capital cultural'.

Yo he oído a conferenciantes que me han parecido muchísimo más guapos que inteligentes. Me pasa cada vez más.

¿Qué le parece que haya médicos con sobrepeso que recomienden bajar de peso?

Una de las profesiones con más bajo IMC es la medicina, pero ser gordo no es necesariamente malo. Si te dicen que adelgaces pueden ser médicos mal informados acerca de los datos científicos incontestables sobre la relación entre sobrepeso y morbilidad. No está claro.

Pero los niños con sobrepeso serán adultos de riesgo..

De acuerdo, pero una persona tiene que tener la posibilidad de comer bien, tiempo para ello, para hacer ejercicio. Luego será gorda o delgada por factores que seguramente no se pueden controlar. En la vida tendemos a un punto de equilibrio de nuestro peso, condicionado por nuestra genética y factores que no podemos controlar. Sabemos cómo perder peso, pero no como mantenerlo, de ahí el fracaso de hacer dieta. Las dietas yoyó puede que sean peores que el sobrepeso y puede que la obesidad.

Aquel debate de tallas en la industria textil, las denuncias de anorexia, ¿En qué ha quedado?

En nada. Hasta donde yo sé, la Administración no hace cumplir a las empresas los acuerdos a los que se llegó. La Administración evangeliza sobre los hábitos, y cuando a las grandes empresas se les da publicidad y acuerdan homogeneizar tallas no hacen nada.

Moda

Al menos la anorexia ya no vende tanto en las pasarelas

Pero hay mucha anorexia todavía. Hay quien para mantener una talla 44 tiene que estar vomitando. Anorexia y bulimia son una parte del océanos de los trastornos. En la moda el patrón sigue siendo extremadamente delgado. Las mujeres sufren una tensión psicológica a la hora de comprar. No se hace nada, pese a que se sabe que está en el origen de trastornos alimentarios.

Históricamente la delgadez, pero esa idea actual de unirla también a hábitos juveniles, no es algo infantil.

En el siglo XIX, cuando la hambruna desaparecen de occidente, la gordura deja ser un signo de poder porque casi todo el mundo está bien alimentado. La delgadez se convierte en criterio para diferenciar las elites. Lo que vemos desde entonces es la intensificación de ese proceso. Señalo tres hechos, la medicina, la idea de que hay un criterio común a todos los patrones de belleza en el mundo que es estar delgado, y la tercera que por estar delgado parece una muestra de autocontrol. Eso hace que las personas se entreguen a todo tipo de actividad física para estar delgados. El deporte es una, la vida como deporte permanente. Si se fomentara participar en la vida de los colegios, con los vecinos, el tipo de población sería muy distinto.

Parece difícil volver al ágora ateniense desde el 'spinning'.

Claro, pero si cambia el modelo habría menos gente haciendo 'footing'. Las opciones corporales son políticas. Ahora tenemos a un ciudadano en deporte permanente.

O en la barbería, si es hipster.

Es una forma de pedantería estética y falsamente cultural de las clases medias, porque entre las elites siempre habrá una renovarse, reconocerse y diferenciarse de los demás.

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