Los hosteleros de Málaga proponen menos mesas y acortar el horario para salvar sus terrazas

Las terrazas han desaparecido de la calle Molina Lario.
Las terrazas han desaparecido de la calle Molina Lario. / PAULA HÉRVELE
  • El Ayuntamiento estudia una propuesta de los negocios de Molina Lario, Santa María y Císter, que contempla más espacio para el peatón y retirar el mobiliario a medianoche

Los hosteleros de las calles Molina Lario, Santa María, Císter y Duque de la Victoria no se resignan y aún confían en recuperar parte de las terrazas que se vieron obligados a retirar el pasado jueves después de que el Ayuntamiento no les haya renovado la licencia por motivos de seguridad, garantizar el paso de los vehículos de emergencia y priorizar el tránsito peatonal. Tras quedarse sin terrazas tras y como el Área de Vía Pública venía advirtiéndoles desde mediados del pasado año, los negocios afectados sí que han trasladado ya una propuesta de reordenación de estos cuatro viales del Centro, que contempla una reducción del número de mesas y sillas, así como una limitación horaria, de forma que las terrazas sólo estarían operativas hasta la medianoche, a diferencia de ahora que lo hacen hasta la 1.00 y, los fines de semana, hasta las 2.00.

El documento, que está siendo analizado por el Consistorio con la idea de contestar esta misma semana, también incluye otras medidas como poner sombrillas más pequeñas o incluso quitarlas, suprimir los maceteros y que los carteles de los menús estén siempre dentro del espacio permitido. Más metros para el peatón y menos ruido nocturno para los vecinos como último intento para salvar parte del mobiliario exterior.

«Hay buen talante en el Ayuntamiento y confiamos en que podamos alcanzar una solución en algunas calles», afirmaba ayer el presidente de la asociación de hosteleros Mahos, Jesús Sánchez. Por su parte, la concejala de Vía Pública, María del Mar Martín Rojo, remarcaba que no fue hasta la semana pasada cuando recibieron una propuesta formal del colectivo. «Siempre hemos hablado de reordenación de las terrazas, así que estamos estudiando la propuesta», subrayó la edil dejando entrever que podría haber nuevas concesiones para los negocios. En la misma línea, el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre, aseguró tener «la mejor disposición para buscar fórmulas que puedan permitir mantener la actividad y hacerlo compatible con la seguridad de las personas cuando hay paso de vehículos y con espacio suficiente para el peatón».

Una solución que esperan como agua de mayo los negocios de estas cuatro calles. «Desde que quitamos la terraza hemos perdido casi 3.000 euros, así que hay que encontrar una salida cuanto antes. Si hay que reducir espacio y horario, pues se hace, pero lo importante ahora es obtener la licencia», advierte Antonio Taglialatela, propietario de la pizzería Terra Mía en Molina Lario. En este mismo sentido, Benjamín Peláez, de Las Tortugas Bar, se lamenta de que «todo no puede ser negro o blanco», de ahí que abogue por una solución intermedia que les permita reponer las tres mesas que tenía en Santa María. «No son muchas, pero las suficientes para atraer a la gente, que al fin y al cabo lo que busca es una terraza para disfrutar de nuestro clima», se lamenta este empresario que asegura haberse dejado durante el fin de semana en torno a mil euros, además de haber prescindido de un camarero. Sus vecinos de la ostrería La Medusa también han dejado en casa a una de sus empleadas desde que el jueves tuvieron que retirar las cuatro mesas. «Es muy difícil que entren los clientes con el aspecto tan triste que presenta la calle. Así no podemos seguir», comenta Elías Tang. No tienen mesas ni sillas, pero en la tienda Sabor a España, especializada en la venta de garrapiñadas y guirlaches, también sufren las consecuencias de la supresión de las terrazas. «Está pasando menos gente desde que las quitaron, y eso nos perjudica porque entran menos clientes», se queja Janet Montever.

Quien tampoco oculta su malestar es Willie Orellana, el propietario de Uvedoble, no solo por no poder disponer de las cuatro mesas que montaba en la puerta del establecimiento ubicado en la calle Císter, sino también porque, a su juicio, está pagando los excesos de otros negocios. «Esta mañana –ayer para el lector– he dado una vuelta por el Centro y me he indignado aún más porque no nos están tratando a todos por igual», denuncia Orellana, quien resalta el efecto escaparate que aportan las mesas.

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