La celebración de la ‘Janucá’ judía une en Torremolinos a varias confesiones religiosas

Dushi Sharma, Ramón Dual, José Ortíz, Samuel Cohen y Jesús Catalá.
Dushi Sharma, Ramón Dual, José Ortíz, Samuel Cohen y Jesús Catalá. / Álvaro Cabrera
  • La presencia del obispo de Málaga, Jesús Catalá, así como de representantes hinduístas, musulmanes y evangelistas convierte el acto en un modelo de concordia y respeto

Con aceite suficiente para tan solo un día, aquella ‘januquiá’ del templo judío se mantuvo ocho días encendida. El candelabro de nueve velas, uno de los símbolos históricos del pueblo elegido desde aquel capítulo considerado milagroso en el siglo II a. C., es precisamente el protagonista de esta festividad que, por cuarta vez en los últimos 100 años, coincide con la Navidad cristiana. Esta situación de coincidencia, sumado al marco de ejemplarizante concordia que existe en España entre todas las religiones –quizá un modelo a seguir para otros países– dio pie en el día de ayer a que la celebración de la Janucá judía en Torremolinos fuera, además del componente religioso para sus protagonistas, una ocasión idónea para homenajear a todas y cada una de las confesiones que existen en la Costa del Sol.

Ubicada en la plaza de la Nogalera –un espacio reconvertido en el más heterogenéo de los escenarios–, la enorme carpa instalada para estos días de invierno acogió la presencia de católicos, evangelistas, musulmanes e incluso hindúes, que fueron demostrando que creer en Dios, Alá o Yahvé no es incompatible con mantener una buena relación. La ceremonia de esta ‘Fiesta de las Luminarias’, como se conoce tradicionalmente esta festividad, fue dirigida en todo momento por el presidente de la Comunidad Judía de Torremolinos y vicepresidente de la Comunidad Judía de España, David Obadía. Junto a un gran ‘januquiá’, Obadía realizó un didáctico recorrido por la historia de la Janucá, entrelazando anécdotas con los motivos por los que estos ocho días son tan importantes para el pueblo judío. «La Janucá es símbolo de luz», explicaba, «y uno tiene que estar siempre iluminado para hacer grandes cosas; celebrar esta festividad es una obligación, por lo que agradecemos que estén presentes los representantes de todas las religiones que existen en este país».

Precisamente a esta unión entre las distinras religiones se refirió Obadía en la primera parte del acto: «Podemos ser judíos, católicos o musulmanes, pero antes que todo ello somos españoles, y por tanto este tipo de actos sirven para que reafirmemos la idea de tenemos que respetarnos», apuntó.

Tras una primera parte inicial muy dirigida a los judíos, Obadía dio paso a algunas palabras, entre las que destacaron los representantes de la Iglesia católica. El primero de ellos fue el sacerdote de Torremolinos y colaborador de este periódico, Rafael Pérez Pallarés, que resaltó el hecho de que todos los seres humanos, independientemente de sus creencias, «viven bajo el mismo cielo y en las mismas calles», y que este respeto mutuo debe encontrarse en cuestiones como celebrar juntos la Janucá, «que remite precisamente al milagro de la luz».

Actuaciones en la ceremonia.

Actuaciones en la ceremonia. / Álvaro Cabrera

Tras Pérez Pallarés, el siguiente en intervenir fue el obispo de Málaga, Jesús Catalá, que estuvo todo el acto acompañado de Samuel Cohen, rabino de Torremolinos. Catalá aseguró que trataba con su presencia de devolver la visita realizada hace algún tiempo de la comunidad judía para el rezo por la paz, aunque no tardó en destacar aquello que realmente une a las dos religiones. «Compartimos, judíos y cristianos, los grandes profetas y la misma luz; compartimos también a Abraham, y por eso estoy aquí, para que el Señor nos ilumine. Os acompañaré hasta que acabéis esta oración, y que la luz nos una a todos», sentenció entre aplausos.

Además de las diversas comunidades religiosas, en el acto estuvieron presentes los alcaldes de Torremolinos (José Ortiz), Marbella (José Bernal) y Alhaurín de la Torre (Joaquín Villanova), así como la regidora de Córdoba, Isabel Ambrosio. Uno a uno, los cargos religiosos y políticos fueron subiendo al escenario para encender cada una de las luminarias; un símbolo de unión y fraternidad entre confesiones e ideologías políticas. Una muestra de concordia que a veces se echa de menos en otras partes del mundo.

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