Diario Sur

Estas son las principales canteras de ladrones a mano armada de Málaga por barrios

'Operación Coral'.
'Operación Coral'. / SUR
  • Los agentes del Grupo de Atracos llegan a saber en qué distrito se crió el delincuente por su modus operandi o por el tipo de moto que usó en el robo

Es una escuela sin pupitres ni pizarra. Las sillas son las gradas del polideportivo y el maestro se confunde entre el alumnado. Apenas tiene un par de años más que sus pupilos, que comen pipas y mascan chicle sin más disciplina que la de la calle. El profesor, pese a su juventud, ya tiene la carrera hecha.

Los policías del Grupo de Atracos, que graban secretamente el encuentro, lo conocen bien. Sus característicos ojos azules, que han permitido identificarlo en varios asaltos, lo delatan aquí también. «Ahora se pone gafas de sol», comenta uno de los agentes que más ha seguido sus pasos, y que prefiere no revelar el nombre o el apodo del delincuente. «No alimentemos su ego», añade.

El maestro, que ahora tiene 27 años, antes fue alumno. Su carrera delictiva empezó de adolescente, con 15 años. Y aprendió en la misma escuela donde ahora es licenciado, la de Portada Alta. Aunque no todos sus integrantes residen allí, esta barriada malagueña ha dado nombre a una de las más prolíficas canteras de atracadores que se recuerdan en la capital.

En el escalón más bajo del hampa, el palo se organiza en los barrios. En la escuela de Mangas Verdes –más antigua, se distinguió por el uso de escopetas con los cañones recortados– o en la de Los Asperones, donde unos hermanos aleccionaron a varios de sus primos y formaron una prolífica banda que asaltó ventas y gasolineras; su firma, armas y violencia. Hirieron de un tiro al encargado de un lavadero de coches y no dudaron en «darle un aviso» a un testigo.

La de Portada también tiene su propio sello de identidad. «Actúan siempre en parejas», comienza uno de los responsables del Grupo de Atracos, que ha conseguido reducir a mínimos históricos los asaltos a bancos a punta de pistola (en cambio, las sucursales están sufriendo una oleada de robos mediante explosiones en los cajeros), escenario preferido por los integrantes de esta escuela. «Mientras uno se queda en la puerta de la sucursal para controlar, el otro se dirige al mostrador para obtener el botín».

Pero el plan empieza a tejerse la noche antes con el robo del vehículo que emplearán al día siguiente. «Por el tipo de moto, ya intuyes quién puede estar detrás del atraco», comenta uno de los agentes más veteranos. La SH 125 de Honda, un modelo muy común, es una de las preferidas por esta banda, «ya que son muy rápidas y pasan más desapercibidas».

Dentro del banco, sus asaltos se caracterizan por la espectacularidad. «Suelen saltar por encima del mostrador para intimidar a los empleados y no esperan al ‘retardo’ (tiempo que tarda en abrirse la caja fuerte). Lo llamamos un ‘mete-saca’, golpes que duran 40 o 50 segundos», aclara el policía. Su objetivo son los billetes que hay en el mostrador. «El botín no suele ser elevado; por el contrario, la frecuencia de los robos sí es mayor», ya que necesitan más dinero para saciar sus apetitos. Y eso precisamente les ha llevado a dividirse y a formar nuevas parejas con sus alumnos.

Ocultan su rostro con cascos de motorista y ahora también mediante gafas de sol. Las armas que exhiben suelen ser detonadoras o simuladas, casi nunca reales. «Han aprendido de sus fallos», apunta otro agente, que recuerda los característicos ojos azules de uno de los ‘maestros’. «Antes, daban la mayoría de los palos cerca de sus domicilios, sin vigilancia previa, y tenían el ‘boquete’ –escondite del arma y el dinero– cerca de casa. Ahora, alquilan pisos para ocultarse –saben que la policía irá a buscarlos al barrio– o utilizan los de sus novias o amigos». Y llegan mucho más lejos. «Hace poco identificamos a dos históricos de Portada Alta en un atraco a un banco en Pamplona».

Uno de estos delincuentes, aficionado a las artes marciales, ya sabe lo que es pasar 10 años en prisión. Un tercio de su vida. En 2012, en una de sus últimas salidas de la trena, protagonizó tres robos en Málaga, Motril y Úbeda. «El que nace atracador, se muere atracador», coinciden los especialistas del grupo policial que se dedica a ponerlos una y otra vez ante la Justicia.

Para los agentes, los golpes de Portada Alta o Los Asperones se sitúan en el tercer escalón del atraco. A caballo entre éste y el segundo –que se reserva para otros modos de organización, violencia y armamento– se encuentra la ‘operación Champi’, desarrollada a finales del año pasado, cuando la policía detuvo a ocho integrantes de una banda acusada de cuatro atracos, que actuaba con una estructura «claramente definida» y planeaba «cuidadosamente» sus golpes.

Asalto al Unibox.

Asalto al Unibox. / SUR

El supuesto líder de ‘Champi’ era un tipo de 33 años, vecino del Molinillo, que se ganaba la vida como cantaor en los tablaos flamencos por las noches. De día, según la policía, se habría dedicado a organizar a un grupo de chavales a los que proporcionaba armas y objetivos, además de pequeñas dosis de droga para su consumo. «Los fichaba al más puro estilo Torrente. De hecho, algunos de ellos llegaron a prestarle dinero al organizador, que los usó en los robos y luego ni les pagó», recuerda un agente.

La policía sitúa en ese segundo escalón a ‘Los Dalton’, una banda formada por cuatro hermanos criados en Portada Alta. Según la investigación, el supuesto líder es David, ‘El Oreja’, un padre de familia que estudiaba Derecho en la UNED –los agentes llegaron a seguirlo hasta la biblioteca del campus de Teatinos– y que colgaba en las redes fotos de sus viajes a Londres y Nueva York.

‘Los Dalton’ hacían gala de un arrojo inédito en la escuela de Portada Alta. No eran violentos, pero tenían la sangre fría necesaria para aguantar al retardo de la caja fuerte; no en vano, en los cuatro golpes que se les imputan obtuvieron botines que rondarían, en total, el medio millón de euros. Destacan los robos en sendas sucursales de Sevilla, donde se apoderaron de 165.000 euros, y Estepona, donde sustrajeron 89.000.

La policía, que llevaba meses siguiendo sus pasos, los sorprendió en agosto del año pasado en un local contiguo a una sucursal de Bankinter en Madrid, al que habían accedido disfrazados de obreros para hacer un butrón. En el piso que alquilaron para el golpe, los agentes encontraron textos manuscritos con lo que debían decir en caso de ser detenidos.

En el mismo escalón están los atracadores que protagonizaron el espectacular asalto al BBVA del Paseo de Sancha (ver SUR, edición del 3 de marzo de 2014), al que accedieron a través de un butrón. Eran dos viejos conocidos de la policía, de 56 y 60 años, que habían trabado amistad en prisión. Para perpetrar el robo, habrían sustraído una Yamaha SR 250, la misma moto que ‘El Barriga’, uno de los detenidos, solía usar en los golpes que lo llevaron a la cárcel.

Los ladrones fueron capturados allí mismo por la policía, que llegó a cortar parcialmente el Paseo de Sancha. Uno de ellos fue interceptado cuando huía a la carrera, mientras que el otro fue sorprendido agazapado en el local desde el que se colaron en el banco con los 69.000 euros del botín.

Los agentes del Grupo de Atracos le imputaron otro asalto a un BBVA, en este caso en la avenida de Velázquez, en el que supuestamente irrumpieron en diciembre de 2012 disfrazados con máscara de presidente como las de la película ‘Le llaman Bodhi’ (1991), protagonizada por Patrick Swayze y Keanu Reeves. Allí habrían sustraído 126.000 euros tras maniatar a uno de los empleados.

El primer escalón de la pirámide del atraco está reservado para estructuras más organizadas y violentas que, en ocasiones, emplean armas de guerra. Suelen ser grupos extranjeros, italianos, franceses o de Europa del Este, que utilizan disfraces, radiotransmisores y ejecutan sus golpes con una cuidada planificación. Un ejemplo de este nivel es la banda de los ‘Pink Panther’, considerada por muchos la mayor red de ladrones de la historia (se les atribuyen 400 robos en todo el mundo), que en apenas 48 segundos se hizo con 400.000 euros en una joyería del Paseo de Gràcia en Barcelona el pasado agosto, aunque el botín fue recuperado por los GEO de la Policía Nacional, que detuvo a cinco presuntos integrantes de la banda. «En Málaga hace tiempo que no se ha producido un golpe de estas características», recuerda un agente, que señala, como único antecedente, un intento de atraco a una joyería de la calle Larios por una banda que, intentando emular a los Panteras Rosas, fue bautizada como los ‘White Bears’ (osos blancos).

El último golpe consumado que los policías clasifican en este escalón fue perpetrado el año pasado en Marbella, donde una banda asaltó a una empresaria en su domicilio y se apoderó de 120.000 euros. Los agentes ya les seguían los pasos y, al tener noticias del atraco, sabían que llevaba la firma de esta organización, que se desplazó desde Gijón y llamó a la puerta de la víctima con un ramo de flores para hacerle creer que estaba recibiendo un regalo, a la postre envenenado.

El presunto cabecilla del grupo, al que se le atribuía la muerte de un guardia civil, conoció en prisión a un compinche que trabajaba en la hostelería en Puerto Banús y que era un especialista en cerraduras –realizó varios cursos de formación y disponía en su sótano de toda clase de herramientas– que entró en el plan «a sueldo». Él fue quien, según la investigación, habría dado «el santo» para atracar a la empresaria marbellí. «Sois buenos», les dijo a los agentes el supuesto líder de la banda. Estaba convencido de que alguien les había dado un chivatazo.