Diario Sur

El acusado del crimen de Ciudad Jardín reconoce que mató a su expareja por celos

  • David López declaró ayer en el juicio que encerraba a su hija en el baño para que no viera cómo agredía a su madre, a la que apuñaló en el portal de su casa

Verónica Frías (24 años) volvía a casa tras terminar su jornada de trabajo en el bar La Cueva, en Puerta del Mar. En el portal la esperaba, agazapado, su exnovio, David López (29), con el que tenía una hija en común. Habían roto la relación y llevaban una semana sin convivir. Pero él no lo aceptaba. «Quería volver con ella», declaró ayer el acusado en la primera sesión del juicio, en la que reconoció haber matado a su expareja a puñaladas la noche del 29 de julio de 2014 en Ciudad Jardín.

Un jurado popular juzga desde ayer a David López, que se enfrenta a una posible condena a 24 años de prisión por asesinato, malos tratos y maltrato familiar habitual, pena que piden para él la Fiscalía de Violencia contra la Mujer y las acusaciones particulares, en representación de los padres de la víctima, asistidos -igual que el acusado- por letrados del turno de oficio.

La noche de autos, el joven se hizo pasar por un amigo y contactó a través de mensajes de móvil con Verónica, que se había mudado a la casa de sus padres tras denunciarlo. Fue a buscarla armado con un cuchillo de cocina, aunque lo llevaba escondido cuando salió a su encuentro en el portal, donde estuvieron charlando un rato. «Era muy tarde y ella no llevaba la ropa del trabajo», declaró David. Pensó que «se había visto con otro» y entró en una situación «como de celos, sacó el cuchillo para asustarla y al final acabó apuñalándola».

En la calle lo estaba esperando un amigo al que, según mantiene, le ocultó lo que había hecho. Sólo le pidió que lo llevara a la casa de sus padres, que estaban acostados. Después, fue a un monte que hay detrás de la vivienda, arrojó el cuchillo entre unos matorrales y trató de «suicidarse con una soga que llevaba». La policía terminó deteniéndolo horas después en el pequeño adosado que compartía con Verónica, en el distrito de Puerto de la Torre, aunque al parecer David no presentaba lesiones graves que acreditaran ese intento de autolisis. El acusado afirmó que se arrepiente «todos los días» de lo que hizo.

El padre del acusado también declaró ayer en el juicio, donde mantuvo que su hijo tenía un carácter violento y no respetaba las normas porque tenía las suyas propias; de hecho, ambos habían discutido y no se hablaban cuando sucedieron los hechos. Recordó que el día de autos, cuando David llegó a casa, les dijo: «Ya lo he hecho». Desde entonces, aseguró el padre, no ha vuelto a verlo.

Malos tratos habituales

Ayer, David no sólo reconoció el crimen, sino los malos tratos habituales a los que sometió a Verónica. Según dijo, le impedía salir de casa y, cuando la agredía, encerraba en el cuarto de baño a la hija de ambos, que entonces tenía cuatro años, para que no «viera lo que hacía». También admitió que, a veces, castigaba a la niña sin comer para «ampliar el daño a su madre», según recoge su declaración judicial.

La fiscal delegada de Violencia contra la Mujer, Flor de Torres, considera que esos castigos «desproporcionados» influyeron en el desarrollo de la menor. La representante del Ministerio Público explicó a los miembros del jurado que este caso no es un asesinato en general sino «de una mujer por ser mujer» y por «elegir la libertad» de no volver a retomar la relación, lo que «le costó la vida». Además, ha indicado que la hija fue «testigo y víctima» de esa violencia de género contra la madre e incidió en que los celos no son justificación.