Diario Sur

De compras por los polígonos

Clientes compran decoración navideña en Comercial Patricia, en el polígono Guadalhorce.
Clientes compran decoración navideña en Comercial Patricia, en el polígono Guadalhorce. / Ñito Salas
  • Numerosas empresas ofrecen sus productos al consumidor final pese a encontrarse en parques pensados para la venta a profesionales

  • Los clientes que acuden a este tipo de negocios buscan productos a mejor precio y una mayor variedad

El trasiego diario de coches particulares y carros de la compra cargados con todo tipo de productos de consumo inmediato contrasta con el habitual paso de furgonetas cargadas de materiales y de mayoristas buscando artículos para sus tiendas. En los últimos tiempos, los polígonos han perdido su apellido industrial transformándose en negocios abiertos al consumidor final. Y lo han hecho hasta el punto de que cada vez más malagueños optan por irse de compras por los polígonos.

La calle calle Bahía Blanca, en pleno corazón del polígono San Luis, resume a la perfección el cambio que están experimentando los principales parques empresariales de la ciudad. Pese a encontrarse en una zona a la que apenas se puede llegar sin usar el GPS del coche, el paso de clientes particulares supera incluso al de los profesionales. Allí abrió hace ahora tres años el supermercado Samoy, al que acuden en peregrinación clientes de toda la provincia; un fenómeno que también se repite en negocios como Comercial Patricia, en el polígono Guadalhorce; o Factory Electrodomésticos, en el Santa Bárbara.

Ya sea por los efectos de la crisis, por la necesidad de compensar la bajada de las ventas a los comerciantes de toda la vida o, simplemente por captar nuevos clientes, cada vez más negocios han abierto la mano y han comenzado a vender 'al detalle'. Sergio Cubero, presidente de la Asociación de Polígonos y Parques Industriales y Comerciales de Málaga y Provincia (Apoma), cree que este cambio no es más que la consecuencia lógica de la evolución de las ciudades, ya que estos espacios están cada vez más cerca de los núcleos urbanos. «Además, la gente ya está acostumbrada a coger el coche para ir a hacer la compra», expone.

Este profesional reconoce que a este cambio también ha ayudado la evolución de los parques de la provincia, que ya no son espacios inhóspitos a los que no apetece desplazarse. «Todos tienen sus aceras y están perfectamente señalizados; no es como antes que algunos parecían estercoleros», confiesa. Por si fuera poco, explica que las empresas que atienden a clientes finales suelen ubicarse en las calles más amplias, que son las que se encuentran mejor preparadas.

Aumentar las ventas

En los polígonos industriales, los particulares ya pueden encontrar casi de todo: alimentación, decoración, moda, calzado, muebles, electrodomésticos... «Los negocios también se han tenido que adaptar a los nuevos tiempos porque necesitaban vender más», apunta Cubero. De hecho, muchos de estos espacios comenzaron vendiendo sólo a profesionales y ahora también ofrecen sus productos a los clientes finales (suelen tener dos precios para seguir beneficiando al cliente mayorista).

De compras por los polígonos

Uno de los negocios con más fama en el polígono es Comercial Patricia, empresa familiar fundada en el año 1993 y que atiende desde hace más de 20 años en la calle César Vallejo. Con una nave de unos 10.000 metros cuadrados y un catálogo de productos «que no se puede cuantificar», están especializados en hogar y decoración, aunque también ofrecen numerosos productos para campañas concretas como Navidad, verano, bodas o comuniones. Carlos Román, uno de sus responsables, cree que los clientes particulares han perdido el miedo a salir de compras por los polígonos y que lo hacen buscando el mejor precio y la mayor variedad de artículos que permite una nave de estas características. «La gente viene porque encuentra precios más baratos que en la ciudad», confiesa.

El éxito de Comercial Patricia se encuentra en la gran variedad de artículos que ofrece a sus clientes, ya que quien acude allí estos días lo mismo puede comprar adornos para el árbol de Navidad, material de papelería, juguetes para los Reyes Magos o incluso artículos de higiene. «Nuestro fuerte siempre ha sido la variedad y el ofrecer productos de marcas reconocidas y muy implantadas en el mercado», expone. Aunque no conforme con eso ahora están preparando una página web con la que llegar a más clientes. «Recibimos mercancía nueva todas las semanas, por lo que será una forma de llegar a más público», avanza.

Gran crecimiento

Al otro lado de la ciudad, en el polígono San Luis, se sitúan dos negocios con bastante menos tradición pero que en un lustro han atraído la atención de vecinos de todos los rincones de la provincia. El más novato en estas lides, el supermercado Samoy Málaga, ha logrado en apenas tres años competir de tú a tú con los grandes de la distribución en la provincia. Merced a sus precios más que competitivos y a su variada oferta, el negocio es un hervidero de clientes en busca del carro de la compra más barato. Carlos Sánchez, su propietario, dice que para ellos es una forma de ayudar a la gente. «Hay muchas personas que están pasando hambre, y si nosotros los podemos ayudar ofreciendo precios más económicos, lo vamos a hacer».

Aunque son unos novatos en la calle, los responsables de este negocio familiar ya piensan en dar el salto y situarse en otra nave más grande. Nacido como un pequeño supermercado en el barrio de Los Corazones, decidieron trasladarse hasta el polígono atraídos por la vida que hay en la zona y pensando en que los profesionales también tienen que hacer la compra. Sin embargo, los que llenan la cajas registradoras son los clientes particulares. «Al principio fue duro, pero el boca a boca ha funcionado muy bien y la nave se nos ha quedado pequeña», confiesa.

Algo similar le ha ocurrido a Almacenes Moyano, también en el San Luis. Especializado en la venta de golosinas y de disfraces, sus propietarios sostienen que el crecimiento está siendo muy importante. Nacida en Córdoba hace 40 años, se animaron a probar suerte en la capital para ampliar el negocio. Su propietario, Juan Bautista Moyano, cree que los polígonos ya no son sólo espacios para profesionales, sino que en ellos hay hueco para el cliente final. «A los clientes les gusta ir a los polígonos porque tienen la sensación de que se van a encontrar mejores precios».

En esta última época también han comenzado a proliferar por los polígonos negocios que ofrecen grandes descuentos en electrodomésticos o incluso empresas dedicadas en exclusiva a la venta de productos muy especializados como comida para mascotas, utensilios de repostería o cocinas. «Esta será la tendencia porque el cliente demanda negocios especializados y las empresas cuentan con más espacio para mostrar sus catálogo», resume Sergio Cubero. Y es que los polígonos han dejado de ser simples zonas industriales.