Diario Sur

La prueba de la reválida en ESO será muestral y la de Bachillerato pierde dos exámenes

El Gobierno está dispuesto a dejar las reválidas de ESO y Bachiller que la Lomce le obliga a implantar este curso prácticamente reducidas a la nada para evitar una guerra abierta con el PSOE y las comunidades autónomas, que, probablemente, le impediría ponerlas en marcha y, lo que es más grave, atascaría de entrada la ya de por sí difícil negociación de un pacto de Estado para consensuar, por primera vez en democracia, una nueva ley educativa.

El ministro de Educación, al menos por el momento, no va a cumplir la exigencia de la oposición de que paralice el calendario de aplicación de la Lomce y renuncie a implantar este curso ambas pruebas finales, pero se va a acercar lo más posible. Si Mariano Rajoy ya le dio el primer gran hachazo a las reválidas, cuando en la investidura se comprometió a que carecerán de todo valor académico -no habrá que aprobarlas para titularse- por tiempo indefinido, mientras se negocia el pacto educativo, Íñigo Méndez de Vigo anunció ayer una nueva devaluación.

Negociación con el PSOE

Le remitió a los negociadores del PSOE un borrador de decreto ley, que aspira a consensuar con las comunidades el próximo 28 de noviembre y a aprobar la primera semana de diciembre, por el que durante un plazo de tiempo «prudente y razonable», el que acuerden que podría necesitarse para el pacto de Estado, que podrían ser años, la prueba final de la ESO no solo carecerá de valor académico sino que solo la tendrán que hacer una parte mínima de los casi 400.000 alumnos de cuarto.

Esa reválida pasaría a tener un carácter «muestral», solo se haría para evaluar el sistema educativo en el porcentaje de colegios que pacten Estado y comunidades, y de los siete exámenes que estaban previsto realizarse solo pervivirían los seis de las materias troncales de cuarto curso, pues se retiraría el de la asignatura específica.