Diario Sur

«He visto mil veces a Carmen con botes de eutanásico y una jeringa en el bolsillo de la bata»

El juicio, el primero contra una protectora por presunto maltrato animal, ha generado gran expectación.
El juicio, el primero contra una protectora por presunto maltrato animal, ha generado gran expectación. / A. G.
  • Nuevos testigos aseguran haber presenciado cómo la presidenta de la protectora de animales de Torremolinos «sacrificaba perros y gatos y falsificaba la firma» de veterinarios

Más de una decena de testigos declararon ayer en la segunda jornada del juicio contra la presidenta de la protectora de Torremolinos, Carmen Marín, acusada del sacrificio «masivo e injustificado» entre 2008 y 2010 de más de 2.100 animales, casi el triple de lo permitido por ley. Las sesiones, que son públicas pese a los reparos de la defensa, han generado una enorme expectación al tratarse del primer caso que se celebra en España contra una protectora por supuesto maltrato animal. El testimonio de la secretaria del centro, durante años mano derecha de Marín, dio ayer un vuelco al procedimiento. Esta extrabajadora afirmó haber visto cómo la acusada inyectaba 'dolethal' (un producto eutanásico) en el lomo de una gata marrón mientras su ayudante sujetaba una caja «con otros cachorros de gato».

La secretaria también aseguró haber presenciado cómo Marín falsificaba la firma de dos veterinarios en los listados de incineraciones enviados al Ayuntamiento de Torremolinos, que pagaba por este servicio, y confirmó que estas listas eran manipuladas «para que cuadrara» el número de kilos incinerados que aparecía en las facturas con las listas de animales remitidas al Consistorio. «He visto mil veces a Carmen con botes de eutanásico y una jeringa en el bolsillo de la bata», detalló. Ante una pregunta del juez, la secretaria explicó que el ayudante de Marín, también imputado, llegó a confesarle su incomodidad por la rutina de trabajo establecida en Parque Animal. «Me dijo que no estaba de acuerdo con los sacrificios pero que su familia dependía del negocio», dijo en referencia a que su hijo y su sobrino también trabajaban para Marín.

El testimonio de esta exempleada podría ser clave en el caso, ya que sostiene haber sido testigo directo de la comisión de los tres presuntos delitos de maltrato animal, falsedad documental e intrusismo profesional que la Fiscalía imputa a Marín, para quien solicita cuatro años de prisión. Un veterinario sin relación contractual con la asociación, y que afirmó haber sido «amigo» de la acusada, ofreció otra de las declaraciones más impactantes escuchadas ayer en el Juzgado de lo Penal número 4 de Málaga. Este excolaborador explicó que, durante una reunión con trabajadores, la presidenta de Parque Animal llegó a reconocer que se realizaban sacrificios «por la supervivencia» de la protectora debido «al overbooking» de animales.

Este último testimonio casa con la versión de la secretaria: «Me ordenaron que nunca dijera que no había espacio para nuevos animales». Según los datos aportados por esta exempleada, la protectora cobraba 60 euros por la acogida de cada perro adulto, 45 euros por cachorro y 30 euros por gato. «Cuando no había sitio, de repente desaparecían animales», añadió. Una de las auxiliares del centro, que también denunció el caso ante la Guardia Civil, relató que el quirófano estaba al lado del patio trasero donde Marín y su ayudante realizaban los presuntos sacrificios: «Escuchábamos cómo Carmen pedía a su ayudante que sujetara a los animales y los alaridos de los perros. Luego limpiaban todo con una manguera, pero llegué a ver cadáveres en papeleras y también entre los animales vivos, incluso una perra muerta de la que estaban mamando varios cachorros».

«Un lugar idílico»

Varios socios declararon que creían que Parque Animal «era un lugar idílico» y que mantenían «muy buena relación con Marín», quien «siempre presumía de que en su protectora no se sacrificaba a ningún animal». Esta teórica política de sacrificio cero atrajo a cientos de socios que pagaban cuotas mensuales e incluso dejaron parte de sus herencias a nombre de la protectora, alguna de ellas de más de 100.000 euros. «Llegué a ingresar 600 euros para que acogieran a nueve gatos que estaban abandonados. Los llevé desde Granada. Al día siguiente de entregarlos le pedí a mi marido que fuese a ver cómo estaban. Ya no quedaba ninguno», detalló otra de las testigos. Según su versión, Marín afirmó que habían sido entregados a un turista que ya había regresado a su país: «Le pedí a Carmen que me enviara una foto de la entrega, porque sospechaba que era mentira, y se negó pese a que éramos amigas. Nunca volví a llevar animales allí».

Otra de las veterinarias narró haber visto a Marín «con dos botes de eutanásico y una jeringa» y explicó que los animales «desaparecían sin haber sido adoptados», algo que «llamaba la atención» entre los empleados. Varios de los testigos destacaron que Marín «no permitía que hubiese voluntarios» en la protectora y que, ante la posibilidad de ser denunciada, «se jactaba» de tener «muy buenos contactos» en el Ayuntamiento de Torremolinos, del que recibía cerca de 30.000 euros cada año.