Diario Sur

«Los veíamos salir a pasear con los perros, pero nunca con la niña»

Fachada de la vivienda donde residía la familia, en la calle Lagunas de Ruidera.
Fachada de la vivienda donde residía la familia, en la calle Lagunas de Ruidera. / Fernando González
  • Los vecinos de la calle Lagunas de Ruidera, en Puerto de la Torre, coinciden en que había algo «extraño» en la pareja de veinteañeros detenidos en relación a la muerte de su bebé de tres meses

Aún les cuesta creer lo sucedido a escasos metros de las puertas de sus casas. Los vecinos de la calle Lagunas de Ruidera, en Puerto de la Torre, coinciden en que había algo «extraño» en aquella pareja de veinteañeros, que se instalaron hace menos de un año en el barrio, cuando la madre aún estaba embarazada. Pero nunca podían imaginar el desenlace.

Los padres de la bebé de tres meses fallecida por presuntos malos tratos, ahora detenidos, apenas hacían vida en el vecindario. Su relación con el resto de residentes de la calle, donde todos se conocen y viven como en un pueblo, se limitaba al «hola y adiós». Y poco más.

A todos, sin embargo, les llamaba poderosamente la atención lo poco que la pareja salía con la bebé. «Los veíamos pasear con los perros, pero no con la niña. Con el buen tiempo que hemos tenido, nunca la sacaban a que le diera el sol. Yo sólo la he visto una vez con ellos desde que nació», afirma una vecina, que sigue sin entender «cómo los servicios sociales no le hicieron un seguimiento» desde que la madre dio a luz. Porque había «algo extraño» en su comportamiento. «Una vez, sería el mes de abril, la vi a ella echarse un cubo de agua sobre la cabeza. No era normal...», añade la vecina, que insiste en que, desde que llegaron, «se veía que no estaban bien». Un día, cuenta esta vecina, los vieron salir solos de noche y les preguntaron dónde estaba la niña. «Ella dijo que con su suegra, pero no vimos a nadie allí».

Dicen que alguna vez escucharon llorar a la niña, muy de vez en cuando, pero que nunca la veían. La última vez que la oyeron fue, precisamente, la noche del miércoles. A la mañana siguiente, minutos antes de las nueve, el padre se la llevó al Materno en autobús. Cuando llegó al hospital, la niña ya estaba muerta. Un par de horas después, la policía acudió a la vivienda. Según relata una de las vecinas, la madre salió a recibirlos dándole un beso en la boca a uno de sus tres perros, al que llevaba en brazos.