Diario Sur

Nueve de cada diez padres ignoran el aviso de la Policía Local de que sus hijos beben alcohol

Agentes identifican a un grupo de jóvenes.
Agentes identifican a un grupo de jóvenes. / SUR
  • La mayoría no responde a las cartas remitidas por los agentes en las que les informan de que los menores han sido sorprendidos con una copa

El aviso llega por carta. Su hijo ha sido sorprendido consumiendo alcohol o droga en la calle. Aunque la reacción depende de cada casa, existe una tendencia general: nueve de cada diez padres desoyen el aviso de la Policía Local de Málaga, que facilita en las misivas dos números de teléfono para que los progenitores puedan llamar e informarse de los (malos) hábitos de sus vástagos.

El inspector Juan Ortiz, que es el responsable del Grupo de Investigación y Protección (GIP) de la Policía Local, desde donde se remiten las cartas, percibe cierta «dejadez» por parte de la mayoría de los padres, que o bien no reaccionan ante el aviso, o lo hacen mal. «Casi todos los (pocos) que nos llaman están preocupados y agradecen la intervención policial, pero hay otros que lo hacen porque les ha molestado esa correspondencia», afirma el mando del GIP.

La explicación, a juicio del inspector, puede estar en la «aceptación social» del alcohol. Las estadísticas, sin embargo, no invitan a la relajación. En lo que va de año, la Policía Local ha remitido 108 de estas cartas, más del doble que el año anterior, tras identificar a menores que estaban tomando una copa en la vía publica.

Aumento del consumo

Para el jefe del GIP, las cifras no reflejan un aumento de este hábito entre los menores, sino cierta contención. «Hay una tendencia plana», aclara el inspector. «El incremento respecto a 2015 -continúa- se explica en parte en que ahora recibimos todos los apercibimientos que hacen los distritos».

La gráfica de los últimos siete años avala su afirmación y desvela un dato elocuente: desde 2010 se han enviado 1.489 cartas a menores en Málaga por consumo de licores o droga. Y una reflexión: las remitidas por estupefacientes duplican a las de alcohol (aunque este año no ha sido así). En el caso de los psicotrópicos, la correspondencia no viene sola, sino que lleva aparejada una denuncia ante la Subdelegación del Gobierno en la que los padres son «responsables subsidiarios».

El responsable del GIP asegura que no hay un perfil definido entre los menores apercibidos. «Los hay de todas las edades, barrios y estructuras familiares», confiesa. Sí han detectado una precocidad cada vez mayor respecto al alcohol. La pasada feria, sin ir más lejos, sorprendieron a una niña de 13 años, cuyos padres fueron destinatarios de una de estas misivas.

El tratamiento policial es diferente en función de la edad. Si detectan a un joven con menos de 16 años, los agentes adoptan «medidas de protección» y, además de enviar la carta, lo llevan con sus padres. «Si además está muy ebrio y existe una asistencia médica (a veces, por coma etílico), estas medidas son más intensas e informamos a la Fiscalía de Menores y a los servicios sociales por si hubiera algún tipo de abandono», detalla el inspector. Si por el contrario tiene más de 16 años, la actuación policial se limita al apercibimiento y al envío de la correspondencia.

El siguiente eslabón sobre el que se centra la vigilancia policial es el de los establecimientos que venden o al menos permiten el consumo de alcohol a menores. Desde 2010, la Policía Local de Málaga ha denunciado -y clausurado cautelarmente durante 72 horas- un total de 392 locales por estos motivos. «Hemos conseguido erradicar las discotecas de juventud», anuncia el jefe del GIP, quien recuerda que los empresarios deben comprobar a quién alquilan sus establecimientos para la celebración de fiestas, porque pueden convertirse en copartícipes de la infracción.