Diario Sur

Vida abundante

Una pregunta capciosa por parte de los saduceos dio ocasión a Jesús de enseñarles algo más profundo, abriéndoles los ojos a la verdad y a la vida en Dios. Jesús no contemporiza ni descafeína su mensaje; en esta ocasión, se trataba de la Resurrección, tema de desacuerdo.

En este mes de noviembre en el que tenemos tan presentes a los difuntos, los cristianos debemos poner en valor nuestra fe en la Resurrección. Los saduceos -como tantos hoy- habían perdido algo esencial y central de la fe. ¿No hemos confundido un poco el concepto de la Resurrección en esta cultura posmoderna, globalizada y tendente a enfocar la fe como si se tratase de una religión a la carta? Se nos olvida que la vida que nos ha dado Dios es eterna. Y esto le da una perspectiva diferente a nuestros problemas y relaciones. Esta fe en el Dios de la vida nos impulsa a no tener miedo, no vivir esclavos o escondidos en los pequeños mundos, sino a vivir integrando esta dimensión espiritual y trascendente.

Con los ojos puestos en el más allá debemos comprometernos con el más acá con mayor responsabilidad, verdad y justicia. Más que preocuparnos de la muerte, deberíamos ocuparnos de cómo estamos viviendo la vida. Es ahora donde jugamos en primera división, definiéndola, midiendo y cuidando que nuestros actos sean de vida y a favor de ella, y no de muerte. ¿Cómo estamos comunicando este mensaje de vida en abundancia en nuestra vida cotidiana?