Diario Sur

Sentob Bendodo: «¿Mi secreto? Me como una tableta de chocolate al día»

Sentob Bendodo, en su despacho, aún acude a la sala de vistas.
Sentob Bendodo, en su despacho, aún acude a la sala de vistas. / Paula Hérvele
  • A sus 89 años, sigue representando a sus clientes en la sala de vistas y aún está en el turno de oficio

Sentob Bendodo Cohen (Larache, Marruecos, 1927) ha visto pasar de todo por una sala de juicios. Aún recuerda la época aquélla en la que un apretón de manos entre abogados era suficiente para resolver el conflicto entre las partes y no había marcha atrás, o cuando ser parte del turno de oficio tenía más que ver con la «carga de honor» que con la posibilidad de hacerse con un sueldo extra. No en vano, el título que cuelga en su despacho está fechado en 1966 y hoy, 50 años después, sigue en la brecha con la misma vocación que cuando decidió comenzar la carrera. El letrado echa la vista atrás desde el bufete en el que comenzó hace más de 40 años y que hoy comparte con los dos hijos –tiene tres, varones– que han decidido seguir sus pasos: Daniel y Elías (Bendodo), que está en la actualidad de excedencia por su carrera política: es el presidente de la Diputación Provincial de Málaga.

El apellido los reúne a los tres bajo la marca Bufete Bendodo, y la vitalidad del cabeza de familia no desmerece en absoluto a la de sus sucesores. «Hoy en día me sigo encontrando con muchos que recuerdan que los casos que les llevé fueron bien y que quieren que vuelva a representarlos», dice Bendodo en un tono que equilibra orgullo y discreción. Y por supuesto sigue dispuesto a asumir todo lo que llegue a su mesa a pesar de que el pasado 15 de octubre sopló 89 velas. Aún sigue vinculado al turno de oficio, yendo semanalmente a la Ciudad de la Justicia y representando a sus clientes en la sala de vistas. «¡Hasta algunos jueces se cuadran delante de mí!», bromea el letrado, para quien la palabra «retiro» no es una opción. «¿Para qué? Estaré en esto mientras esté aquí», razona echando la vista aún más atrás y recordando que en la época de la antigua Roma el mayor prestigio era el que tenían los senadores, «todos ancianos». Y él, en el sentido amplio, se ha convertido en uno de esos senadores de la justicia al que el paso del tiempo y los avances de su profesión no acobardan: hace unas semanas hizo un curso de informática e Internet y el reciente cambio de las notificaciones a los letrados vía Lexnet lo ha asumido como el peaje imprescindible de que los tiempos cambian.

Cuando se quita la toga y deja su bufete hasta el día siguiente, a Bendodo le gusta estar «tranquilo en casa». Disfruta «muchísimo» con sus tres nietos y comparte un último secreto que todos le preguntan cuando se topan con su arrolladora vitalidad: «Me como una tableta de chocolate al día». «¡El otro día, por su cumpleaños, le trajimos ocho!», añade su hijo Daniel sumándose a la confidencia entre risas. Y ambos vuelven al trabajo. Como tiene que ser...