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José Picazo Dios: «Me gusta lo que hago; es lo que me mantiene vivo»

José Picazo Dios, en su despacho, ubicado en el entorno de calle Císter.
José Picazo Dios, en su despacho, ubicado en el entorno de calle Císter. / Paula Hérvele
  • El economista auditor sigue al frente de su despacho 40 años después: «Lo importante es la fidelidad al cliente»

Nacido en Cazorla (Jaén), a José Picazo Dios le ganó para siempre esta ciudad «y una malagueña» cuando en el año 62 vino a la capital a hacer las prácticas de milicia durante cuatro meses. Hoy, más de medio siglo después, este ingeniero técnico agrónomo y licenciado en Económicas sigue al pie del cañón en su despacho, un espacio privilegiado en pleno corazón del casco histórico que ha ido creciendo a medida que lo iba haciendo su prestigio como economista auditor. Es, además, uno de los más veteranos: de los 4.936 colegiados del Colegio de Economistas, él es el número 21.

«Me gusta lo que hago. Esta es mi profesión y lo que me mantiene vivo», admite este profesional que en las últimas cuatro décadas ha compatibilizado, con distinta intensidad, su despacho privado con la docencia universitaria y con la función pública: ganó una plaza tras opositar al cuerpo de Economistas de Presidencia del Gobierno y trabajó muchos años desde Málaga como funcionario vinculado al Ministerio de Agricultura. Unos años después pidió la excedencia para dedicarse en cuerpo y alma a su despacho, en el que hoy trabajan doce profesionales especializados en las áreas de fiscal, asesoramiento de empresas, contable y auditoría y laboral. «Ellos son mis pies y mis manos», reconoce Picazo, cuya hija Eva asume todo lo relacionado con el derecho laboral.

La suya es una profesión en la que hay que estar permanentemente actualizado. «Hay muchas novedades», admite Picazo, a quien ni siquiera esa necesidad imprescindible de estar siempre al día le han llevado a plantearse el retiro. «Me gusta estar en la brecha, moriré con las botas puestas», bromea. A pesar de que la actividad de un despacho de sus dimensiones no suele aflojar en todo el año, las épocas que coinciden con la liquidación de impuestos, sobre todo el de sociedades, son especialmente intensas. Y todo ello sigue bajo el control de Picazo: «Lo importante es la fidelidad al cliente. Para mí siempre ha sido igual un pequeño empresario que una gran empresa».

Cuando sale del despacho, este veterano que sigue al pie del cañón se pierde entre paseos por la playa, libros y películas. No en vano, su hermano es el fallecido Miguel Picazo, director de títulos imprescindibles de la filmografía española como ‘La Tía Tula’. «También me gustan las partidas de bridge y dominó con los amigos», añade el economista, que aún se recupera del golpe de haber perdido a su mujer hace justo un año. Por eso, y por una vocación que sigue inquebrantable a pesar del paso de los años, José Picazo sigue en la primera línea.