Diario Sur

Aquí no hay quien viva

Aquí no hay quien viva
  • Denuncia las molestias por el uso de un local y la situación de un aparcamiento en calle Postigos

Lo que está pasando Dolores Illescas es una pesadilla de la que no acaba de despertar. Esta mujer, que vive con su hija de 10 años en calle Postigos, 20, viene denunciando las continuas molestias que le ocasiona un local situado pared con pared a su vivienda. «No nos dejan descansar. Los gritos y los cánticos son continuos y ya no puedo más», dice refiriéndose a los escándalos que se forman en un local, antigua sede de la Asociación de Vecinos Los Postigos, y que es ocupado de manera ilegal, al igual que otro contiguo. «En un principio pedí que hicieran el favor de no armar escándalo, pero no ha servido de nada y así llevamos mucho tiempo y estoy desesperada», afirma. Una situación que le está afectando a su salud, pues su cuadro de depresión se ha visto agravado en estos años, en los que lleva realizadas una docena de denuncias y reclamaciones tanto a la Junta de Andalucía, como al Ayuntamiento, Medio Ambiente, etcétera, sin ningún resultado. «Juegan al bingo, cantan, dan gritos y golpes de madrugada que hacen temblar las paredes de mi casa», dice angustiada.

La vivienda social que habita es de la Junta de Andalucía, a la que ha solicitado un cambio de domicilio en vista de la situación que soporta a diario. El bloque de viviendas dispone de un aparcamiento que se encuentra sin luz ni mantenimiento de ningún tipo y lleno de basuras, botellas, latas y también de vehículos, algunos de ellos desguazados. Unos aparcamientos que, según señala, fueron adjudicados a los vecinos del edificio y que éstos abandonaron ante la falta de mantenimiento y al sufrir sucesivos sabotajes en sus vehículos.

«Comenzaron a rajar las ruedas de los coches, a romper los cristales, a robar y a causar daños hasta que consiguieron hacerse con el control de todo el aparcamiento», dice esta mujer, que atribuye esta acción a personas ajenas al complejo de viviendas donde habita, y que se indigna al señalar que pese a no poder utilizar el aparcamiento, «muchos vecinos como yo misma hemos tenido que afrontar las cuotas de alquiler que nos requerían, aunque ya teníamos los coches fuera». El garaje, según esta mujer, se ha convertido en la guarida de unos pocos y allí introducen incluso coches robados para desguazarlos. «Hay hasta bombonas de butano, un peligro», dice. «Y todo esto está a la vista de la calle, pero nadie hace nada», afirma entre sollozos tras asegurar que ha denunciado esta situación en múltiples ocasiones sin ningún resultado. «Yo no puedo vivir aquí», afirma. Y da cuenta de que apenas cuatro o cinco vecinos pagan la comunidad del edificio. Un pago con el que, paradójicamente, están sufragando a su vez el consumo de luz de esos locales ilegalmente ocupados, ya que tienen la luz enganchada. «¿Cómo es posible que nadie haga nada ante esta situación?», se pregunta a punto de romper a llorar de nuevo de pura impotencia.