Diario Sur

Un cigarro delata al líder de una banda de sicarios disfrazado de diablo detenido en Halloween

vídeo

El disfraz con el que fue detenido / SUR

  • Aprovechó Halloween para salir disfrazado y acudir a una fiesta, pero la policía, que lo vigilaba de cerca, lo identificó cuando se quitó la careta para fumar

Era un hombre libre, pero llevaba una vida casi de presidiario. No salía ni para hacer la compra del piso de seguridad que le habían buscado en Málaga dos de sus colaboradores, que se encargaban de llevarle hasta la comida. En Halloween creyó encontrar la ocasión propicia. Algarabía en las calles, confusión y anonimato. Esa noche, Hamid H. decidió salir de su guarida disfrazado de diablo. Y la policía, que lo estaba esperando, lo devolvió a su particular infierno.

Acudió a una fiesta que se celebraba en el Muelle Uno acompañado por dos amigos, que iban caracterizados de vampiro y de payaso, respectivamente. Se lo estaban pasando bien y, bajo sus caretas, se creían a salvo de las decenas de ojos que los estaban buscando. Los investigadores sabían que iban a salir de fiesta esa noche y que, probablemente, aprovecharían el encuentro para trasladar a Hamid a un nuevo piso franco. Llevaba demasiado tiempo en su último escondite, en el barrio de Huelin.

Los agentes con el arrestado

Los agentes con el arrestado / SUR

Los agentes de la Sección de Crimen Organizado de la Policía malagueña vigilaban la fiesta. El francoargelino, de 47 años, era un objetivo destacado para la Udyco-Costa del Sol y, sobre todo, para las autoridades galas, que lo consideran el supuesto líder de una banda de sicarios al servicio de organizaciones de traficantes. Hamid, apodado ‘Julio’ (por Julio Iglesias, según la prensa francesa) estaba reclamado desde 2013 por fugarse de prisión aprovechando un permiso de 10 días. Purgaba 15 años de condena por matar a un narco de siete tiros.

Las investigaciones de la policía lo situaban en Málaga desde mediados de octubre, cuando hallaron, en el curso de un registro domiciliario, un «kit de sicario»: dos armas de fuego, un silenciador, abundante munición de distintos calibres, ocho teléfonos móviles, 5.000 euros en efectivo y documentación falsa. Y Hamid cambiaba frecuentemente de identidad; manejaba, con otro nombre, un pasaporte belga y otro francés, según fuentes próximas a la investigación.

Los informes de las autoridades galas destacaban la peligrosidad del fugitivo, al que relacionaban con una de las 10 fugas más famosas de la historia, la de Antonio Ferrara, que escapó el 12 de marzo de 2003 de la prisión de Fresnes –considerada una de las más seguras de Francia– en una evasión de película. Un comando de falsos policías reventó dos puertas con explosivos mientras unos francotiradores, convenientemente apostados, disparaban contra la torre de control. Para sembrar la confusión, incendiaron un restaurante próximo a la cárcel y media docena de coches. Emplearon 10 minutos y armamento de guerra –lanzagranadas, explosivos de distintos tipos, fusiles de precisión y ametralladoras– para sacar a Ferrara de su celda sin dejar heridos. Para la Justicia francesa, ‘Julio’ fue el autor intelectual y financiero de aquella fuga.

La policía aguardaba el momento oportuno para detenerlo. Sabían que estaba en la fiesta, pero no el disfraz que llevaba. Por su altura –ronda el metro noventa–, los agentes había fijado al hombre vestido de ‘diablo’ como el posible objetivo, pero no querían precipitarse. Si se equivocaban de persona, pondrían a Hamid en alerta y lo perderían de nuevo. Pero el sospechoso cometió un error. Los investigadores lo vieron salir del local. Iba a fumar. Para encenderse el cigarrillo, se levantó la máscara roja de dientes afilados y dejó su rostro al descubierto por unos segundos. «Es él», se dijeron los policías.  Al diablo lo delató el tabaco. Y sus colaboradores, dos españoles de 30 y 34 años, encargados supuestamente de darle «cobertura y cobijo», cayeron con él.