Diario Sur

«Vendí las alianzas de mi abuela para jugar. Tengo miedo de mí mismo»

Sergio empezó a jugar a la ruleta con 16 años. «Al principio no apostaba más de 30 euros y llegaba a ganar 600». Acabada la suerte, buscó dinero «en cualquier sitio». Comenzó a robar, primero a sus padres. «Les quitaba todo lo que podía. Luego empecé a robar también fuera de casa». Como casi todos, Sergio intentó parar por sí mismo: «Me di cuenta de que mentía y siempre estaba de mal humor. Quería dejar de apostar y a veces estaba uno o dos meses sin jugar, pero siempre acababa volviendo al casino». En una de sus recaídas, Sergio llegó a vender las alianzas de oro de su abuela. Calcula que ha gastado cerca de 50.000 euros, aunque las ganancias han equilibrado la balanza en su caso.

La confesión de su adicción resultó un bálsamo. «Se lo conté a mi novia y me quité un peso de encima. Un día gané 6.000 euros y me retiré. Al poco tiempo vine a la asociación». En Amalajer lleva ocho meses de tratamiento, «pero todavía tengo miedo de mí mismo». Su recuperación pasa por no manejar dinero más allá de sus horas de trabajo como vendedor ambulante: «Ni siquiera llevo monedas. Te recomiendan no tener dinero al alcance. Vuelves a ser un niño pequeño, a depender de otros».

Sergio tiene amigos en su misma situación «pero no quieren reconocerlo». Como medidas de prevención también ha dejado de salir por las noches y de beber. «Estoy en tratamiento por ansiedad. Debo evitar situaciones de riesgo». Ni siquiera ha cumplido los 25 años y ya sabe qué es «sentirse deprimido», aunque la lección parece aprendida: «Si volviera a nacer, no jugaría jamás».