Diario Sur

«El duelo no se enfrenta, se vive»

Hallar un espacio en el que sentirse arropado y relajado, claves para afrontar el duelo, según los psicólogos. :: sur
Hallar un espacio en el que sentirse arropado y relajado, claves para afrontar el duelo, según los psicólogos. :: sur
  • La Diócesis estudia formar a personas para que puedan acompañar y apoyar a los familiares de los fallecidos

Como cada año, el 1 y el 2 de noviembre, los cristianos celebramos la festividad de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos, «un momento en el que todos recordamos a nuestros seres queridos. Las emociones, los sentimientos que se nos despiertan al recordarlos, dependen de la forma en que hayamos elaborado su duelo», explica el delegado de Pastoral de la Salud, Francisco Rosas.

«Acompañar a una persona hasta el momento de la muerte es una tarea hermosa y nada fácil. También seguir acompañando a su familia, sobre todo a las personas más frágiles o más afectadas después de que su familiar haya muerto, es una tarea delicada y de enorme importancia, para la salud mental de esa persona y del propio grupo familiar», explica Francisco Rosas.

Por este motivo, desde la Delegación de Pastoral de la Salud se han propuesto un reto: «formar a personas que puedan acompañar a otras durante esos momentos del duelo en las diferentes parroquias de la Diócesis. Al igual que contamos con agentes de pastoral que se encargan de visitar y acompañara los enfermos, queremos contar con personas preparadas para acompañar a los familiares cuando hay una pérdida. Esta actuación sería una forma más de humanizar y evangelizar esta realidad tan olvidada en un mundo donde la muerte se esconde, no se vive cómo parte de la vida».

Como afirma la 'Instrucción Ad resurgendum cum Christo acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación' de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presentada el 25 de octubre por la Santa Sede la Iglesia está llamada a anunciar la fe en la resurrección: «La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella»

Para ello, cuentan con la ayuda del psicólogo Francisco Domínguez, que actualmente desempeña su labor en el Centro Gerontológico El Buen Samaritano. Para Domínguez, «el duelo es un modo de prepararnos para vivir, aunque de entrada pueda parecer contradictorio. Y es que, puede dar la impresión de que hablar de duelo y vida son cosas opuestas. El duelo es una pérdida, en el sentido más amplio de la palabra. Lógicamente, en nuestra vida hay seres queridos, una relación, un empleo, etc. que no estamos dispuestos a perder. Pero dejar de «tener» esas cosas, a veces no depende de nosotros. Todos hemos experimentado el dolor de la pérdida, en cualquiera de sus variantes. Es humano sentir dolor. Es saludable no huir de él». En este sentido, explica que «el duelo precisamente se refiere a cómo nos adaptamos emocionalmente a dicho cambio. Hay una frase que resume muy bien lo que acabo de decir: «El duelo es el proceso de pasar de perder lo que tenemos a tener lo que hemos perdido». En este sentido, se trata de incluir e integrar esa pérdida en mi propia vida. ¿Es fácil? No. ¿Es posible? Sí. ¿De qué manera? En líneas generales, afrontar una gran pérdida es como sufrir un terremoto. Una pérdida produce una sacudida a nuestra vida, y en particular a lo que somos, nos obliga a replantearnos la vida, para entender lo que ha pasado. En nuestra cultura no nos enseñan a perder. Es algo que aprendemos sobre la marcha. Un duelo no se enfrenta, no se afronta. Lo saludable es vivirlo. Un duelo se elabora, se incluye en la vida. Y cada persona lo hace de la mejor manera que puede, con los recursos de que dispone. La manera en que elaboramos un duelo es la manera en que vivimos la vida. Por este motivo, vivir el duelo tiene mucho que ver con prepararnos para la vida».

Vulnerabilidad

En cuanto a las personas que acompañan a lo largo del duelo, Francisco Domínguez explica que «hay que tener claro que la persona está particularmente vulnerable, por lo que debemos ser extremadamente cuidadosos. Mostrarnos abiertos a hablar de nuestras pérdidas y mostrarnos humanos y accesibles. Así mismo debemos tener una actitud sosegada que denote tranquilidad y paz. La persona tiene que poder encontrar un espacio que le arrope y en el que se sienta relajada».

Por su parte, el doctor Rosas recuerda que «muchas veces tendemos a ver la vida como un destino, pero la vida es un camino, un cauce lleno de incertidumbre, no sabemos que va a pasar mañana solo tenemos la certeza de la muerte».

«Si queremos vivir como personas y vivir como cristianos adultos -explica- hemos de aprender a ver cercana la muerte y familiarizarnos con ella, porque según afirma J. L. Redrado, secretario del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, 'puede ser cátedra de la vida: nos enseña avalorar las cosas en su dimensión real, nos humaniza, nos hace más vulnerables y nos pone en contacto con la esperanza de una vida que trasciende'».