Diario Sur

El devenir de los terrenos desde la marcha de repsol

1991. Ayuntamiento de Málaga y Repsol firman un convenio para dejar sin servicio los depósitos de petróleo de la avenida de Juan XXIII. En el Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) se contemplaba un parque y una pequeña zona para viviendas que financiarían parte del proyecto.

2001. Una década después, el Consistorio y la multinacional suscriben un nuevo acuerdo para retirar los grandes tanques, que se hizo efectivo una vez terminaron las obras del oleoducto entre Cartagena y Puertollano, imprescindible para clausurar el que partía desde Málaga.

2006. El Ayuntamiento y la promotora Comarex firman un convenio urbanístico para transformar la zona con la construcción de cuatro rascacielos de hasta 34 plantas para 932 viviendas y un hotel, otras cuatro torres con 400 VPO, zonas comerciales, equipamientos y un parque de 70.000 metros cuadrados. A cambio de triplicar la edificabilidad de la parcela, las arcas municipales se embolsarían 82,3 millones de euros.

2008. La tramitación urbanística (el nuevo PGOU no entró en vigor hasta mediados de 2011) para desarrollar los terrenos se demoró más de lo previsto y llegó la crisis. Ante las dificultades de afrontar el proyecto, la promotora lo dejó en manos de Caixa Galicia, entidad con la que ya compartía parte de esta promoción y que llegó a abonar 12 de los 82,3 millones contemplados en el convenio.

2012. Ante la imposibilidad de asumir los 70,3 millones pendientes, la caja gallega y el Ayuntamiento acuerdan que el abono se haga en suelo, quedándose la ciudad con los derechos urbanísticos de tres de las cuatro torres (530 pisos), cuatro bloques que sumarían 400 VPO (permutado al grupo inmobiliario Yeregui a cambio de una de las parcelas de Arraijanal que adquirió el Consistorio para crear un gran parque y la ciudad deportiva del Málaga) y dos zonas de uso terciario (oficinas y comercial). La otra parte quedó en manos de la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb), conocida como el ‘banco malo’.

2016. Tras cuatro años de parálisis, la idea de crear un gran espacio verde se reaviva en enero a raíz de una iniciativa vecinal que llegó a recabar 30.000 firmas. De ese movimiento surgió la plataforma Bosque Urbano Málaga. En vista de los apoyos recibidos, el debate se trasladó al Ayuntamiento, quedándose el PP solo en su apuesta por mantener el proyecto original.